Madrid, 3 feb (EFE).- La Fundación Canal ha reunido obras y reproducciones de los principales grafiteros del mundo, como Keith Harring, Blek le Rat, Basquiat o el español Suso33, para su exposición ‘Arte Urbano. De los orígenes a Bansky” que narra la historia de las pintadas callejeras y su llegada a los museos y galerías de arte.
Se trata de un recorrido desde las primeras pintadas en el Bronx de Nueva York de los años 60 y 70 del siglo pasado, la explosión de los años 80, la llegada a Europa y su reconocimiento como arte, hasta nuestros días y su internacionalización por internet.
La exposición, que podrá visitarse hasta el 3 de mayo, también plantea una sección final en la que se analiza la eterna pregunta de si ¿es arte o es vandalismo?.
La práctica de pintar en lugares y soportes públicos nace el el barrio marginal del Bronx, en Nueva York, cuando jóvenes africanos y puertorriqueños comienzan a dejar su firma en lugares públicos como paredes, vagones de metro o farolas por toda la ciudad.
Conscientes de que su actividad es ilegal, firman con pseudónimo y su afán es pintarlo por toda la ciudad a modo de protesta, como hace TAKI 18lek le Rat3, un mensajero que inunda las calles de Nueva York a finales de los 60 y que pronto tendrá multitud de seguidores.
Son los “tags” de decenas de jóvenes que empiezan a sofisticar el diseño de sus firmas con “letras burbuja”, letras cuadradas y angulosas o con delineados en colores brillantes y compiten entre ellos para que su firma luzca en los lugares más inverosímiles.
A principios de los 80, y en plena lucha de las autoridades por borrar esas pintadas multicolores y explosivas, surgieron algunas galerías de arte que reconocieron el valor de esta obras y conectaron con grafiteros como Seen, Crash o Jean-Miquel Basquiat y Keith Harring, y expusieron su obra, lanzándolos a la fama.
La práctica llegó también a Europa donde grafiteros más figurativos y con una clara temática de protesta y reivindicación explotaron en París y Berlín, seguidos rápidamente por artistas callejeros en Italia y España.
En la presentación de la muestra, uno de los grafiteros españoles más conocidos, Suso33, ha explicado que en España fueron “pioneros en pasar del graffiti de letras a iconos y figuras” que no sólo pintaban en paredes, sino que aprovechaban la propia arquitectura como los esquinazos o los vacíos de las ventanas para darle un nueva dimensión a sus obras.
Ya en los años 2000, las técnicas, soportes y enfoques se diversifican, y gracias a internet y las redes sociales, se popularizan mundialmente de modo que las obras ya no existen solo en el lugar en que se realizan, sino que se reproducen, comparten y reinterpretan por todo el planeta. EFE
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