Luis Enrique Fácil
Huesca, 17 ago (EFE).- A mediados del mes de agosto de 1995, hace 29 años ya, el mundo del montañismo aragonés recibió uno de los más crueles golpes de su historia: la muerte de tres miembros de la expedición del club oscense Peña Guara al K-2, el mayor reto al que se enfrentaba tras coronar con éxito cuatro años antes la cumbre del Everest.
Unas horas antes de que el club hiciera públicos los nombres de los tres montañeros aragoneses que la llamada "montaña asesina" no quiso devolver, se vivieron horas de angustia y miedo que desembocaron en tristeza y llanto al ser revelados: Javier Escartín (45 años), Javier Olivar (38) y la joven promesa del montañismo y la escalada Lorenzo Ortiz, conocido como el Americano (24).
Entonces no se supo nada de las circunstancias que desencadenaron la tragedia, aunque sí se conoció que al menos Lorenzo Ortiz había alcanzado antes la cumbre, junto a la montañera británica Alison Hargreaves, y que un tiempo después llegó Javier Olivar.
Javier Escartín decidió renunciar a coronar la cima debido a su estado físico de agotamiento y frío, lo mismo que habían hecho horas antes Lorenzo Ortas y Pepe Garcés en el campo desde el que partieron a primera hora de la madrugada del 13 de agosto para atacar la cumbre.
Ahora se sabe, a través del estremecedor relato de Ortas en el libro 'K-2, la montaña sin retorno' (Prames 1997), que cuando descendían de la cumbre un furioso huracán obligó a Ortiz y a Olivar a refugiarse en el mismo abrigo en el que les esperaba Javier Escartín.
Un poco antes, la alegría se había desbordado cuando el Americano llamaba al campo base para preguntar por la hora: "Las seis y veinte", contestó el médico de la expedición, Manolo Avellanas, que al comprender que su compañero estaba en la cima hizo sonar a través de la radio el himno de San Lorenzo, como un eco de lo que se estaba viviendo en la ciudad en esos momentos.
A partir de ese momento, el silencio de las comunicaciones con el grupo de cabeza se hizo por momentos más angustiante y creció como una sombra silenciosa entre todos los miembros del grupo la convicción de que no volverían a ver más a sus amigos.
En su relato, Lorenzo Ortas recuerda que tanto él como Pepe Garcés se enfrentaban al mismo iracundo huracán para resguardarse y finalmente emprender el descenso hacia una zona humanizada, alejada del lugar desde el que estaban siendo expulsados con furia.
Ortas se encontró entonces con el peculiar anorak de Alison Hargreaves y supo entonces que se había despeñado.
Las malas noticias siguieron llegando ya que desde el campamento neozelandés que dirigía Peter Hillary, hijo del mítico escalador que coronó por primera vez el Everest junto al sherpa Tensing, Edmund Hillary, se informó al campo base aragonés de que el norteamericano Rob Slater, que había emprendido el ascenso junto a la británica, había decidido regresar sin coronar el K-2 y que había fallecido poco después de llegar debido a su agotamiento extremo.
También se conoció el fallecimiento de uno de los montañeros neozelandeses, Bruce Grant, por lo que el número de víctimas que se cobró ese día el K-2 se incrementó a seis, volviéndose a confirmar así la triste fama de la montaña.
Al día siguiente, Pepe Garcés y Lorenzo Ortas, que se habían encontrado en el descenso con el anorak de Hargreaves y avistaron desde la lejanía lo que pensaron que era su cuerpo, conseguían llegar al campo base con graves afecciones por congelación y agotamiento.
Sin embargo, tuvieron que esperar cinco días, hasta el 19 de agosto, a ser evacuados en un helicóptero de las fuerzas paquistaníes para ser trasladados a un centro hospitalario, mientras que sus compañeros de expedición se montaban en otro para iniciar el largo camino de regreso a casa.
"Mientras abandonamos emocionados esta morrena que ha sido nuestro hogar en los dos últimos meses, siento que, a pesar de la alegría, hoy es el día más triste de mi vida", escribió Lorenzo Ortas más de un año después en el libro que relata la tragedia.
Ese mismo día, un equipo de rescate formado por sherpas informó de que habían localizado los cuerpos de los montañeros aragoneses a más de ocho mil metros de altitud, sentados en la misma posición en la que buscaron refugiarse del huracán.
En la sede del club oscense la tensión por saber los nombres de las víctimas aún se prolongó durante un poco más de tiempo, aunque no tardaron en darse a conocer.
Las manifestaciones de pésame y dolor se expandieron por toda la comunidad y se prolongaron durante un largo periodo de tiempo.
Aunque el club Peña Guara, uno de los más importantes del país, pronto volvió a emprender y patrocinar nuevas expediciones, nada fue ya igual tras la muerte de Javier Escartín, Javier Olivar y Lorenzo Ortiz, cuya carrera quedó definitivamente truncada en el K-2.
Los sentimientos de entonces los resumió Lorenzo Ortas en la pequeña cita que abre el libro: "K-2, la montaña sin retorno", este libro no podía llamarse de otra manera porque, incluso los que conseguimos llegar de vuelta a casa, nunca podremos regresar completamente del K-2".
Javier Escartín contaba en su historial como montañero el haber liderado dos expediciones aragonesas al Everest, entre ellas la de Peña Guara Everest-91 que finalizó con éxito, además de haber conquistado, entre otros picos, el Ausangate y Cordillera Blanca (ambos en los Andes de Perú), el Baruntse (Himalaya), el Hidden Peak (Karakorum) o el Monte Kenia (Africa).
Lorenzo Ortiz consiguió el Piolet de Oro en 1993 y había logrado ascender al Nanga Parbat (8.126 metros) en 1994, además de la Pared de la mítica del Capitán (Yosemite) y de abrir tres nuevas rutas en la Patagonia, entre otras hazañas.
Javier Olivar ejercía desde hace 13 años el puesto de guarda en el refugio de Góriz, en Monte Perdido (Huesca), y era muy conocido en el mundo montañero, aunque esta era la primera vez que tenía la oportunidad de sumar a su historial un ocho mil. EFE
lef/mrl/ros
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