Enrique Pérez
Zaragoza, 27 may (EFE).- Para el Real Zaragoza, que este domingo logró la permanencia de forma matemática en Segunda División tras el triunfo en El Sardinero contra el Racing de Santander, cada temporada acaba siendo como aquella película titulada 'Atrapado en el tiempo', más conocida como el día de la marmota.
En ella, su protagonista, Bill Murray, queda atrapado en un bucle temporal en donde se repite el mismo día una y otra vez cada vez que se despierta por la mañana.
Así llevan sintiéndose los sufridos aficionados del Real Zaragoza las once campañas que el equipo acumula en Segunda División, en donde ha habido más desengaños y desesperanza que alegría y celebraciones y en las que siempre es un volver a empezar para acabar de la misma manera.
La victoria en Santander supuso poner fin a una agonía que se venía gestando desde hace jornadas con un equipo en franca regresión, con tres entrenadores y cuya salvación ha sido para sus seguidores un alivio después de tanto sufrimiento.
Cada vez que ha finalizado una temporada los aficionados 'blanquillos' se ha aferrado a que la siguiente iba a ser mejor, pero la realidad a veces es tozuda, como el carácter aragonés, que siempre ha pensado que la siguiente iba a ser la definitiva, la del regreso a la máxima categoría, aún sin tener motivos deportivos ni económicos para ello.
Ni los actuales propietarios, con su segunda campaña al frente del club, ni los anteriores han sabido devolver al equipo a Primera y, más bien al contrario, salvo tres años en los que sí hubo razones para soñar con el ascenso, el resto han sido más de sufrimiento que otra cosa.
En todos estas temporadas no se ha entendido que el nombre o la gloria pasada no sirven para nada. El pasado, pasado es, y no influye en el comportamiento deportivo pero desde el propio club se repetía como un mantra que el objetivo era el ascenso cuando el presupuesto, en muchos casos de mitad de tabla para abajo, apuntaba a lo contrario.
Nadie parecía entender que el Real Zaragoza era como ese noble arruinado que sigue queriendo ver una grandeza que ya no existe. Es uno más de Segunda y, en muchos casos, luchando por evitar el desastre de un descenso.
Esa obcecación malsana por marcar un objetivo irreal, unida a una mala gestión deportiva, han llevado a que año tras año el equipo se haya sumido en la mediocridad en la mayoría de las ocasiones, aunque eso no ha impedido que haya cada vez más aficionados jóvenes que jamás han visto al Real Zaragoza ganar una Copa del Rey o la Recopa, salvo buceando en internet, y que tengan como máximo sueño regresar a una Primera en donde tampoco le han visto jugar.
Esa ilusión contrasta con el desencanto de los más veteranos, que viven con añoranza lo vivido al máximo nivel recordado aquella frase de que "cualquier tiempo pasado fue mejor" y que dudan de que se pueda regresar a Primera porque el paso del tiempo desgasta enormemente la moral de quien ha comido caviar y ahora come sobras.
El comienzo espectacular del equipo en la actual campaña, con cinco triunfos en las cinco primeras jornadas, hizo creer nuevamente que éste podía ser el año, pero a partir de ahí el globo se fue desinflando progresivamente hasta poner en peligro la continuidad del equipo en la categoría.
Ni siquiera el hecho de tener el cuarto límite salarial más alto de la categoría tras el mercado invernal, que es también el más elevado de sus once temporadas en Segunda y que está cercano a los once millones de euros, sirvió para nada.
La llegada de Víctor Fernández para sustituir a un Julio Velázquez que a su vez ocupó el puesto de Fran Escribá tampoco mejoró al equipo, aunque se espera que su continuidad en el equipo pueda encauzar, esta vez sí, la situación teniendo un importante peso en la confección de la plantilla para el curso 2024-25 siempre que acepte el reto.
El técnico dejó este domingo, en la rueda de prensa posterior a la victoria en Santander frases para la reflexión.
La más lapidaria fue que el equipo lleva cuatro años salvándose en la jornada 40, algo que es un sufrimiento "insoportable" y que hay que aprender de los errores.
La más esperanzadora que el momento vivido le recordaba aquella promoción contra el Real Murcia (temporada 1990-91) en la que dirigía al equipo, en la que se consiguió la permanencia y que fue el principio de años gloriosos con la consecución de la Copa del Rey y la Recopa posteriormente.
Volver a empezar y el sueño de cada nueva temporada. El tiempo será de nuevo juez. EFE
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