León, 8 abr (EFE).- La defensa del hombre de 29 años que está acusado de matar a su casera de 52 puñaladas en marzo de 2020 en León, en pleno confinamiento por la pandemia del covid, ha precisado este lunes que se trastornó y perdió los nervios al saber que la víctima pretendía echarle de la vivienda por falta de pago y verse en la calle con su mujer y sus dos hijos.
Así ha explicado los hechos en la apertura del juicio la letrada que asiste al acusado, que se ha negado a responder a las preguntas de las partes, incluso a las de su propia abogada, que ha recalcado que su cliente "es una persona normal que en momento determinado se vio superado por los acontecimientos" y ha afirmado que "es algo que le puede pasar a cualquiera".
Ha agregado que el acusado, para que el que la fiscalía reclama una pena de 25 años de cárcel, estaba dispuesto a ponerse al día en el pago de la renta, pero que la intransigencia de su casera fue lo que provocó su reacción.
Antes de negarse a declarar, el acusado se ha reafirmado en lo manifestado durante la instrucción, cuando admitió que había cometido el crimen, si bien precisó que solo recordaba que había asestado a la víctima dos puñaladas.
Frente a lo expuesto por la defensa, la fiscalía y las tres acusaciones particulares, que representan a los dos hijos y a la pareja de la víctima, han remarcado que los hechos constituyen un delito de asesinato porque el acusado planificó el crimen cuando sabía que su casera pretendía echarle de la vivienda al no abonar la renta.
Además, han coincidido en que causó a la víctima un dolor "innecesario y horrible" como demuestra que 19 de las puñaladas que recibió se las asestara cuando todavía estaba viva, lo que a su juicio es una muestra inequívoca de ensañamiento.
Junto al delito de asesinato, el acusado está siendo juzgado por otro de hurto ya que supuestamente se llevó de al casa de su casera 3.000 euros, aunque dejó esparcidos sobre la cama de la habitación donde se cometió el crimen billetes por valor de otros 2.000 euros.
El fiscal ha sostenido que el 24 de marzo de 2020 el acusado fue a hablar con su casera, que vivía en el piso de abajo, provisto de una navaja con la intención de cometer el crimen para evitar el desahucio.
La víctima era propietaria del edificio de la calle Obispo Almarcha del barrio de El Ejido de León en el que se cometieron los hechos, donde vivía en uno de ellos y tenía alquilados el resto.
Según el fiscal, tras cometer el crimen y llevarse los 3.000 euros de la vivienda de su casera volvió a su casa se duchó y se deshizo de la ropa que llevaba y de la navaja, que no ha sido encontrada.
Aunque desde el principio la Policía le consideró el principal sospechoso, su detención no fue posible hasta dos años después gracias a unas muestras de su ADN halladas en el escenario del crimen.
La fiscalía ha subrayado este lunes que durante los dos años que duraron las investigaciones el acusado siempre ofreció una versión exculpatoria y trató de aportar pistas falsas.
Este lunes también han declarado los dos hijos de la víctima y especialmente desgarrador ha sido el testimonio del mayor de ellos que fue quien encontró el cadáver al ir a la casa de su madre extrañado de que no respondiese a las llamadas.
Entre lágrimas y con la voz entrecortada, ha evocado escenario que se encontró.
"No sabíamos nada de mi madre y fui al piso y el entrar vi una mancha de sangre en el pasillo y me puse muy nervioso y al llegar a la habitación la encontré alrededor de un charco de sangre enorme con ojos abiertos y un agujero en el pómulo", ha relatado.
También ha explicado que pasado un tiempo fue a casa del acusado a reclamarle la renta y aunque en un principio se mostró "muy majo", cuando le dijo que si su intención era aprovecharse de la muerte de madre para no pagar se puso muy agresivo. EFE
lm/mr/jdm
(foto)


