La última ‘caza de brujas’ en España que acabó con la condena a muerte de 11 personas en 1610: el propio inquisidor concluyó que fueron acusaciones falsas por “envidia”

Alonso de Salazar y Frías presidió los juicios en Logroño y después investigó por su cuenta hasta señalar que no existían pruebas reales de brujería

'Aquelarre', de Goya
'Aquelarre', de Goya
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El 7 y el 8 de noviembre de 1610, en la plaza del antiguo ayuntamiento de Logroño, unas 30.000 personas presenciaron la ejecución de seis mujeres y hombres acusados de brujería, en una ciudad que apenas contaba con 6.000 habitantes. Aquel auto de fe, el más importante de la historia de la Inquisición española, se convirtió también en el principio de su fin: nunca más, en los siglos siguientes, un tribunal inquisitorial español volvió a condenar a muerte a un acusado de brujería.

El proceso judicial había comenzado dos años antes, en 1608, cuando una joven llamada María de Ximildegui regresó a Zugarramurdi desde Francia y señaló a varios vecinos como participantes en supuestos aquelarres. Las delaciones se multiplicaron entre familias y vecinos de Zugarramurdi y Urdax, dos localidades navarras próximas a la frontera francesa, hasta que en 1609 los primeros detenidos fueron trasladados a Logroño, sede del tribunal del Santo Oficio desde 1570 y con jurisdicción sobre La Rioja, Navarra, el País Vasco y parte de Burgos.

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De las 53 personas juzgadas en el auto de fe, 29 estaban acusadas específicamente de brujería y la mayoría procedía de la zona de Zugarramurdi y Urdax. 11 de ellas fueron condenadas a morir en la hoguera: seis, que se negaron a confesar pese a las pruebas reunidas en su contra, ardieron vivas; las otras cinco fallecieron durante su reclusión en las mazmorras y fueron quemadas en efigie, junto con sus restos. Los ejecutados en persona fueron María de Arburu, María Baztán de Borda, María de Echachute, Graciana Jarra, Petri de Juan Gorena y Domingo de Subildegui, cuatro mujeres y dos hombres.

El tribunal estuvo compuesto por tres inquisidores: Alonso Becerra Holguín, Juan del Valle Alvarado y Alonso de Salazar y Frías. Dos meses después del auto, en enero de 1611, el impresor logroñés Juan de Mongastón publicó una relación oficial del proceso que describía con detalle las supuestas prácticas de los acusados y que circuló ampliamente por Europa, lo que contribuyó a difundir el relato del aquelarre vasco-navarro.

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Cuevas de Zugarramurdi, en Navarra (Adobe Stock).
Cuevas de Zugarramurdi, en Navarra. (Adobe Stock)

El inquisidor que desmontó el caso

Tras el auto de fe, Salazar y Frías emprendió por su cuenta una investigación exhaustiva en los territorios afectados. Entre 1611 y 1612, recorrió la zona y recabó 1.802 declaraciones relacionadas con la brujería, 1.384 de ellas realizadas por niños. El examen de esas confesiones lo llevó a una conclusión que remitió al Consejo de la Suprema y General Inquisición: no había pruebas materiales de que se hubiera cometido un solo acto real de brujería. “No he hallado certidumbre ni aun indicios de que se pueda colegir algún acto de brujería que real y corporalmente haya pasado”, escribió el inquisidor, según recoge el Archivo Histórico Nacional. Salazar afirmó que el caso se había basado en denuncias falsas provocadas por la “envidia” y en confesiones logradas bajo tortura.

El informe de Salazar denunciaba además las irregularidades del proceso de 1610, entre ellas el celo de sus dos colegas del tribunal por dictar sentencia con rapidez, lo que había llevado incluso a acusarlo a él mismo de estar “compinchado con el demonio” por defender a los procesados. Pese a la hostilidad de sus compañeros de tribunal, sus conclusiones resultaron determinantes: en 1614, la Suprema emitió nuevas instrucciones que exigían pruebas materiales para sustentar cualquier acusación de brujería y descartaban las confesiones obtenidas bajo tortura. El mismo documento estableció un edicto de silencio para frenar las denuncias anónimas motivadas por envidias o rencillas vecinales. Aquellas directrices pusieron fin a las condenas a muerte por brujería en los tribunales inquisitoriales españoles, décadas antes de que el fenómeno remitiera en el resto de Europa, donde los tribunales civiles continuaron ejecutando a acusados hasta bien entrado el siglo XVIII.

Tráiler 'Caza de brujas'

Homenaje a las víctimas en Logroño

El proceso de Zugarramurdi está considerado el episodio de caza de brujas mejor documentado de la historia española, según consta en los archivos conservados por la Diputación de La Rioja. El Archivo Histórico Nacional custodia el legajo con la documentación reunida por Salazar entre 1609 y 1619, mientras que el Archivo de Comptos de Navarra conserva un extracto inédito de las confesiones leídas durante el auto de fe.

Este fin de semana, Logroño homenajeará a las 11 víctimas con un acto en el Bosque de la Memoria, dentro de las jornadas culturales que la ciudad dedica al proceso inquisitorial. La Asociación Histórico-Cultural Guardias de Santiago de Logroño asumirá la recreación de los hechos con una representación teatral. El programa incluye un aquelarre, el apresamiento de las acusadas y acusados y la escenificación de su juicio.

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