Cómo prevenir los golpes de calor en gatos y evitar que se deshidraten: “La prevención es clave para evitar consecuencias graves”

La hidratación, el acceso a zonas frescas y la detección temprana de los síntomas son claves para proteger a los gatos durante los días de calor

Un gato atigrado de pelaje marrón y negro bebe directamente de un grifo de agua abierto en un lavabo blanco de baño.
Un gato bebiendo agua de un grifo de lavabo. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Con la entrada de septiembre, el inicio del otoño está cada vez más cerca, pero las altas temperaturas todavía no dan tregua. Además, se espera un otoño más cálido de lo habitual en gran parte de España, por lo que nunca está de más recordar cómo proteger a los gatos frente al calor, detectar a tiempo un posible golpe de calor y prestar atención a los signos de deshidratación, ya que estos animales no siempre beben la cantidad de agua que necesitan.

Aunque los golpes de calor son menos frecuentes en gatos que en perros, los felinos también pueden sufrir las consecuencias de las altas temperaturas. Al vivir habitualmente en interiores y poder desplazarse libremente por el hogar, los gatos suelen buscar por sí mismos zonas más frescas cuando lo necesitan, reducir su actividad y adaptar su comportamiento a las condiciones ambientales. Sin embargo, determinadas situaciones pueden incrementar el riesgo y hacer que el animal no pueda protegerse adecuadamente del calor.

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En este sentido, 3 de cada 10 dueños españoles no saben reconocer cuándo su gato se encuentra mal a través de sus maullidos, según el I Barómetro Felino de Sanicat. Esta dificultad puede complicar la detección temprana de posibles problemas de salud y, en particular, de aquellos relacionados con las altas temperaturas. Por ello, la divulgadora Belén Montoya Jiménez destaca la importancia de conocer estas señales para poder actuar a tiempo y evitar que la situación se agrave.

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Un gato bebiendo agua. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los aspectos fundamentales para proteger a los gatos durante las épocas más calurosas es garantizar que se mantengan correctamente hidratados. Entre los signos más comunes de deshidratación se encuentran la pérdida de elasticidad de la piel, las encías secas o pegajosas, los ojos hundidos o con sensación de sequedad, la falta de apetito y la disminución de la micción.

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“La prevención y la acción rápida son claves para evitar consecuencias graves”, señala la divulgadora. Para ello, es fundamental proporcionar al felino agua y disponer de zonas frescas y con sombra donde pueda descansar. También es importante evitar que, cuando se quede solo, permanezca encerrado en exteriores o habitaciones donde se concentre demasiado el calor. Y hay una recomendación especialmente importante: nunca se debe dejar a un gato solo dentro de un vehículo, aunque sea durante unos minutos.

Respiración acelerada, salivación y letargo

El golpe de calor es una condición potencialmente mortal que aparece cuando el gato no consigue regular adecuadamente su temperatura corporal. Según las recomendaciones de Sanicat, cuando esta supera los 40 ºC es importante actuar para ayudar a reducirla, mientras que a partir de los 41 ºC la situación puede agravarse. Por ello, es fundamental prestar atención a señales como una respiración acelerada, salivación excesiva, debilidad o letargo, y extremar la vigilancia en los gatos más vulnerables, como los de edad avanzada, nariz chata o con sobrepeso.

Un gato doméstico atigrado de pelo corto sacude la cabeza con gotas de agua, junto a un plato de metal y un cuenco de cerámica con agua, sobre un suelo de madera.
Un gato junto a su plato y bebedero. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El riesgo también aumenta en situaciones en las que el animal no puede desplazarse hacia un lugar fresco, como ocurre con gatos bebés sin madre, pacientes enfermos o sedados, o aquellos que quedan encerrados accidentalmente sin posibilidad de resguardarse del calor.

Ante la más mínima sospecha de golpe de calor, es fundamental actuar rápidamente. Lo primero es retirar al gato del calor y tratar de reducir su temperatura de manera gradual. Se puede humedecer progresivamente su pelaje con agua fresca, pero no extremadamente fría, y colocarlo cerca de un ventilador o en una zona con corriente de aire para favorecer la disipación del calor. No obstante, no se debe cubrir completamente al animal con toallas húmedas, ya que esto podría favorecer la retención de calor. Una vez aliviado, es imprescindible acudir inmediatamente al veterinario.

La experta recuerda además que conocer las señales que utilizan los gatos para comunicarse puede ser determinante ante cualquier problema médico: “Es necesario que conozcamos los signos con los que nuestro gato nos avisa”. Los chequeos veterinarios periódicos también desempeñan un papel fundamental, especialmente en animales geriátricos o con enfermedades crónicas, ya que muchas enfermedades felinas pueden no presentar síntomas hasta encontrarse en fases avanzadas.

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