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Los niños que llevan una dieta baja en azúcar tienen menos riesgo de sufrir Alzheimer y depresión en la adultez, según un estudio

La investigación analizó datos de participantes del Reino Unido nacidos en los años 50 aprovechando el final del racionamiento del azúcar impuesto tras la Segunda Guerra Mundial

Un niño comiendo donuts (Magnific)

Reducir el consumo de azúcar durante los primeros mil días de vida, un periodo que abarca desde el embarazo hasta los dos primeros años de edad, podría tener beneficios que se prolongan durante décadas. Un estudio de la Guangzhou Medical University (China) acaba de revelar que los niños con una dieta baja en azúcar tienen menos riesgo de desarrollar demencia y depresión en la edad adulta.

El equipo científico ha publicado los resultados del estudio en la revista npj Aging, tras concluir que las personas que crecieron con una ingesta limitada de azúcar presentaron un 27% menos de riesgo de desarrollar demencia y un 46% menos de probabilidades de padecer enfermedad de Alzheimer en la edad adulta.

La investigación analizó datos de más de 60.000 participantes del Biobanco del Reino Unido nacidos entre 1951 y 1956, pues aprovecharon el final del racionamiento del azúcar impuesto tras la Segunda Guerra Mundial como un “experimento natural” para estudiar cómo la nutrición en los primeros años de vida puede influir en la salud cerebral décadas después.

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Hasta septiembre de 1953, el consumo de azúcar en Reino Unido estaba limitado por el sistema de racionamiento y se mantenía en niveles similares a los recomendados actualmente. Sin embargo, tras levantarse las restricciones, su consumo prácticamente se duplicó. A partir de este cambio, los investigadores dividieron a los participantes en tres grupos: quienes estuvieron expuestos a la restricción únicamente durante la gestación, quienes la mantuvieron hasta cumplir aproximadamente dos años y aquellos que nacieron cuando el racionamiento ya había finalizado.

La huella del azúcar en el cerebro

Durante el seguimiento, los científicos analizaron la aparición de enfermedades neurodegenerativas y trastornos mentales a partir de registros clínicos y cuestionarios de salud. Los resultados mostraron que las personas cuya exposición al racionamiento se prolongó durante los primeros mil días de vida presentaban un menor riesgo de desarrollar varias patologías.

Además de la reducción del 27 % en la incidencia de demencia y del 46 % en el riesgo de Alzheimer, también registraban un 11 % menos de probabilidades de sufrir depresión y un 20% menos de desarrollar trastornos de ansiedad. En cambio, no se encontró una asociación significativa con la enfermedad de Parkinson.

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Una tienda de golosinas (Magnific)

El estudio también observó que el efecto protector aumentaba cuanto más tiempo se prolongaba la restricción del azúcar durante la primera infancia. Según los autores, los beneficios sobre la salud mental alcanzaban su máximo cuando la limitación se mantenía hasta los 24 meses de edad. Por el contrario, restringir el azúcar únicamente durante el embarazo apenas mostró beneficios sobre la demencia o la depresión, aunque sí se asoció con una ligera reducción del riesgo de ansiedad.

Las mujeres se benefician más de restringir el azúcar

Los resultados fueron especialmente llamativos entre las mujeres. En este grupo, la restricción durante los primeros mil días se relacionó con una reducción del 50% en el riesgo de desarrollar Alzheimer, además de un menor riesgo de depresión y ansiedad. En los hombres, el principal beneficio observado fue una menor probabilidad de sufrir trastornos de ansiedad, sin que se apreciara un efecto claro frente a la demencia.

Para profundizar en las posibles explicaciones biológicas, el equipo analizó resonancias magnéticas cerebrales de más de 9.000 participantes. Las imágenes revelaron que quienes habían estado expuestos al racionamiento durante los primeros años de vida presentaban un mayor volumen en estructuras cerebrales como el hipocampo y el tálamo, regiones relacionadas con la memoria y el aprendizaje. Además, el denominado BrainAGE, un indicador del envejecimiento cerebral, reflejaba cerebros aproximadamente cinco meses “más jóvenes” que los de las personas sin restricción temprana de azúcar.

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Una vía para proteger el cerebro

Los investigadores plantean que una menor exposición al azúcar durante el desarrollo podría proteger el cerebro al reducir procesos inflamatorios, alteraciones metabólicas y cambios epigenéticos que influyen en el envejecimiento cerebral. No obstante, reconocen que el estudio presenta limitaciones, ya que todos los participantes nacieron en Reino Unido durante la década de 1950 y otros factores propios del contexto de la posguerra podrían haber influido en los resultados.

Por ello, consideran necesario confirmar estos hallazgos en poblaciones actuales, donde el consumo de azúcares añadidos es muy superior, antes de extraer conclusiones definitivas. Aun así, los autores sostienen que sus resultados refuerzan las recomendaciones de limitar el azúcar añadido en la alimentación de bebés y niños pequeños como una posible estrategia para favorecer la salud cerebral a largo plazo.