
La historia del calamar de Poseidón (Mobydickia poseidonii) comenzó hace 70 años, aunque su correcta identificación no se ha producido hasta el 2025. Entre 1955 y 1956, el ejemplar de esta recién descrita especie fue recuperado del estómago de un cachalote que había sido cazado.
Tras este hecho, que ya de por sí resulta curioso, el calamar de Poseidón pasó siete décadas en colecciones bajo una identificación errónea. En 2025, un equipo de investigadores del Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC) en Barcelona se percató de que aquel ejemplar contaba con una morfología tan distintiva que solamente podía corresponderse con una nueva especie (poseidonii), un nuevo género (Mobydickia) y una nueva familia (Mobydickidae). De esta manera, se convierte en la primera vez en 27 años que se describe una nueva familia taxonómica en el orden de los calamares oceánicos.
La investigación, publicada en 2025 en la revista Zoological Journal of the Linnean Society, estuvo liderada por Sam Arnold y Fernando Ángel Fernández-Álvarez (IEO-CSIC) y fue realizada íntegramente en las Colecciones Biológicas Marinas de Referencia (CBMR) del ICM-CSIC, en el marco del Trabajo de Fin de Máster de Arnold. Se contó con la colaboración del Instituto Español de Oceanografía (IEO) y el Museo de Historia Natural (NHM) de Londres.
El descubrimiento del calamar de Poseidón
El ejemplar original en el que se ha basado la descripción, que es el único conocido hasta el momento, fue hallado en la década de los años 50 en el interior del estómago de un cachalote. La captura se produjo en aguas antárticas o subantárticas, en una zona comprendida entre el Mar de Bellinghausen, el Pasaje de Drake y el Mar de Scotia. Durante años, el espécimen fue conservado en la colección del Dr. Malcolm Clarke y después fue depositado en el NHM, identificado como parte de la especie Ancistrocheirus lesueurii.
Debido a que únicamente se conoce este ejemplar, los autores del estudio destacan que la distribución real de la especie es incierta, aunque probablemente se circunscrita al hemisferio sur frío/subantártico. Dada la rareza de los registros y su hallazgo en el estómago de un macrodepredador, se presume que es una especie inhabitual o poco accesible a métodos de muestreo convencionales.
“La morfología de este espécimen era tan radicalmente diferente a cualquier calamar descrito previamente que la creación de una nueva familia era inevitable”, han explicado los autores de la investigación, según ha recogido el ICM-CSIC, haciendo referencia a que, a diferencia de muchos calamares de aguas profundas, carece de órganos luminosos y tiene un cuerpo pálido y gelatinoso.
El nombre elegido para el género (Mobydickia) es un homenaje a la ballena blanca de Herman Melville, puesto que el ejemplar fue hallado en el vientre de un cachalote y el cuerpo del calamar carece de pigmentación; el epiteto específico (poseidonii) se corresponde con el dios griego del mar Poseidón, ya que los ganchos de las ventosas de sus brazos cuentan con cúspides laterales que recuerdan a la forma de un tridente.
“Los depredadores marinos como los cachalotes son, por evolución, mucho mejores muestreadores de calamares poco comunes que cualquier dispositivo tecnológico que podamos fabricar”, señalan los autores. “Esto subraya el papel relevante que tienen las colecciones científicas para permitir investigaciones que de otro modo serían imposibles hoy en día”.
También se destacan así en el Registro Mundial de Especies Marinas (WoRMS por sus siglas en inglés), que ha incluido en el mes de marzo al calamar de Poseidón en su listado Top Ten Remarcable Marine Species of 2025, que recoge las diez especies más fascinantes descubiertas durante el último año: “Los cachalotes pueden sumergirse miles de metros en busca de calamares, y en este caso, una ballena, sin saberlo, reveló a la ciencia una rama completamente desconocida de la vida marina”.
El desconocimiento del océano profundo
La identificación del calamar de Poseidón realizada 70 años después de su hallazgo demuestra que todavía desconocemos gran parte de las especies que habitan en el océano profundo. “El descubrimiento de una familia de calamares completamente nueva a partir de un único ejemplar conservado pone de relieve cuánto del océano profundo aún permanece desconocido y la importancia de los museos y las colecciones biológicas como depósito de la biodiversidad de la Tierra”, señalan desde el WoRMS.
Por su parte, los investigadores del estudio, según recoge el ICM-CSIC, han subrayado “la importancia de mantener buenas colecciones biológicas de referencia”, como es el caso de CBMR. También abogan por “seguir apostando por la taxonomía moderna, que combina la observación morfológica detallada con el análisis crítico de datos históricos, pues sigue siendo un pilar fundamental para comprender la salud y la diversidad del océano”.
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