Las cuatros señales que indican que tu relación de pareja se va a romper, según la psicología

Ciertas dinámicas, cuando se repiten en el tiempo, pueden erosionar el vínculo

Guardar
Ciertas dinámicas pueden romper el
Ciertas dinámicas pueden romper el vínculo en una relación de pareja. (Freepik)

Las relaciones de pareja han sido, desde siempre, objeto de análisis, debate y también de idealización. En un contexto en el que los vínculos afectivos parecen más frágiles o cambiantes, muchas personas se preguntan qué factores determinan que una relación perdure en el tiempo o termine por romperse. Sin embargo, la respuesta dista mucho de ser simple.

No existe una fórmula universal que garantice el éxito en una pareja. Cada relación se construye sobre dinámicas únicas, atravesadas por la personalidad, las circunstancias y la historia de quienes la forman. Aun así, desde la psicología se identifican patrones comunes que pueden ayudar a entender por qué algunas parejas prosperan mientras otras no lo consiguen.

En ese contexto, los expertos coinciden en que más allá de los momentos puntuales de conflicto, lo verdaderamente relevante es la repetición de determinadas conductas a lo largo del tiempo. Es ahí donde pueden encontrarse señales de alerta que, sin ser definitivas, sí apuntan a un mayor riesgo de ruptura.

La psicóloga Mireia Rosa (@menteconmireia en TikTok) sintetiza esta idea: “Vengo a darte la clave científicamente sobre si tu relación de pareja tiene más riesgo de romperse o no”. Su planteamiento no gira en torno a grandes traiciones o episodios extremos, sino a comportamientos cotidianos que, cuando se vuelven habituales, erosionan el vínculo.

La psicóloga Mireia Rosa indica
La psicóloga Mireia Rosa indica las conductas que aumentan el riesgo de que se rompa una relación. (Freepik)

De la crítica a la evasión

Estas señales clave no son situaciones excepcionales, sino dinámicas que pueden pasar desapercibidas en el día a día. La primera de ellas es “la crítica, es decir, atacar a la otra persona”, señala. Este tipo de comunicación va más allá de expresar una queja concreta y se convierte en un ataque directo a la identidad del otro. Como ejemplo, la experta menciona frases como: “Eres un desastre”.

La diferencia es sutil pero fundamental: no es lo mismo señalar un comportamiento que desacreditar a la persona en su conjunto. Cuando esta forma de comunicación se instala en la relación, el desgaste emocional es progresivo.

El segundo elemento es el desprecio, una de las actitudes más dañinas dentro de una relación. Mireia Rosa lo describe como “el sarcasmo, la superioridad, las típicas frases de: ‘Claro, como siempre’”. Este tipo de respuestas no solo descalifican, sino que introducen una jerarquía en la que uno se sitúa por encima del otro.

El desprecio, a menudo disfrazado de humor o ironía, puede parecer inofensivo en momentos puntuales. Sin embargo, cuando se convierte en una constante, mina la autoestima de la pareja y dificulta cualquier intento de comunicación sana.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

La tercera señal es “la actitud defensiva, el no asumir la responsabilidad”; por ejemplo, repetir siempre “Yo no he hecho nada”. En este caso, el problema no es solo el conflicto en sí, sino la incapacidad de reconocer el propio papel en él.

Esta postura bloquea la resolución de los problemas, ya que transforma cualquier conversación en un intercambio de reproches donde nadie cede ni escucha. La consecuencia es un estancamiento que, con el tiempo, puede volverse insostenible.

Por último, la experta señala la evasión como uno de los indicadores más claros de deterioro. “El ignorar, irnos, desaparecer”. Este comportamiento implica desconectar emocionalmente, evitar el conflicto en lugar de afrontarlo y, en muchos casos, generar una sensación de abandono en la otra persona.

Más allá de cada una de estas señales por separado, Mireia Rosa insiste en un matiz clave: “No es que aparezcan una sola vez, sino que si aparecen de forma constante, aumentan muchísimo más el riesgo de romper la relación”. Es decir, lo determinante no es el error puntual, sino su repetición.