Un hombre se convierte en uno de los afinadores de piano más buscados después de tener que reinventarse por el cierre de su fábrica

Jaume Norberto ha encontrado en un oficio en declive y con escaso relevo generacional una nueva salida profesional con alta demanda, que hoy le lleva a trabajar entre teatros, talleres y pianos históricos

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Un hombre sentado para tocar un piano antiguo (Freepik)
Un hombre sentado para tocar un piano antiguo (Freepik)

La reconversión profesional forzada por la crisis industrial ha dado lugar, en algunos casos, a trayectorias inesperadas. Es el caso de Jaume Norberto, vecino de Vic, que ha pasado de dirigir una fábrica textil familiar a convertirse en uno de los afinadores y restauradores de pianos más solicitados. Su historia, recogida por 3cat, refleja cómo la deslocalización industrial y la desaparición de oficios tradicionales han coincidido, paradójicamente, con la revalorización de otros saberes más artesanales.

Norberto no pudo cumplir su sueño de aprender a tocar el piano hasta los 40 años. Hasta entonces, su vida había estado ligada a la empresa familiar, un negocio textil que terminó sucumbiendo a la apertura del mercado internacional y a la competencia asiática. “Nos acababan de abrir el mercado chino y nos habían hundido, francamente”, recuerda a 3cat. En ese contexto adverso, una decisión aparentemente menor acabó marcando el rumbo de su vida.

La petición de su hijo de estudiar piano en uno de los momentos más complicados de la fábrica le llevó a adquirir un instrumento de segunda mano. La mala calidad del piano despertó en él una inquietud inesperada: saber quién se encargaba de afinarlos. “Compré un piano así de ocasión, malísimo. Pensé: ‘¿Quién afina pianos?’ Y esa pregunta me volvió casi loco”, explica. Fue entonces cuando descubrió que se trataba de un oficio escaso y altamente especializado.

De la industria textil a la precisión musical

El cierre definitivo de la fábrica marcó un punto de inflexión. Lejos de resignarse, Norberto optó por reinventarse. Comenzó a formarse como afinador de pianos mediante cursos y formaciones específicas, en un ámbito donde la transmisión del conocimiento sigue siendo en gran parte artesanal. Su primera iniciativa fue tan sencilla como efectiva: publicar un anuncio en un periódico.

Un piano antiguo (Freepik)
Un piano antiguo (Freepik)

“Puse: ‘Afino pianos’. Y empezó a llamar gente que no me lo creía”, relata. Desde entonces, no ha dejado de trabajar. Según explica, cada vez hay menos profesionales dedicados a esta tarea, lo que ha incrementado la demanda. En pocos años, pasó de ser un aprendiz a convertirse en un referente en su sector.

Su actividad no se limita a la afinación. Transporta pianos a teatros y salas de conciertos, donde son utilizados por pianistas de primer nivel, y realiza reparaciones en su taller de Vic. Sin embargo, su verdadera pasión es la restauración de pianos históricos, una labor minuciosa que requiere conocimientos técnicos, sensibilidad musical y una gran paciencia.

La búsqueda de pianos históricos

Norberto recorre distintos lugares en busca de instrumentos centenarios que puedan ser recuperados. Entre sus hallazgos más preciados figura un piano Pleyel de 1842, la misma marca que utilizaba Frédéric Chopin. “Es un piano único. Quedan muy pocos. Tiene una tabla armónica que suena de una manera muy especial”, señala.

La tabla armónica, explica, es el elemento esencial del instrumento, su “alma”. “Es algo vivo, viene de un abeto que ha crecido en condiciones concretas. No sabes por qué algunos pianos tienen una capacidad sonora que te sorprende”, describe. Esa fascinación por el sonido y por la historia que encierran los instrumentos antiguos guía buena parte de su trabajo.

Actualmente, se encuentra restaurando un piano de cola de 1887, un proceso que puede prolongarse durante meses. Norberto defiende que los pianos antiguos ofrecen matices que, en su opinión, se han ido perdiendo en los modelos modernos. “Hoy en día los pianos son más planos, compiten por ver quién suena más fuerte y se pierde el matiz”, afirma.

Un hombre toca el piano mientras le operan de un tumor cerebral en un hospital de Córdoba (Hospital Cruz Roja de Córdoba)

A pesar de la carga de trabajo, mantiene intacta la ilusión que le llevó a cambiar de vida. Cada día encuentra un momento para tocar el piano, una actividad que considera esencial. “Toco cada día para desconectar”, relata. Aquel deseo infantil que no pudo cumplir en su momento forma ahora parte de su rutina diaria, integrado en una vida profesional que surgió, casi por azar, de una crisis económica que obligó a cerrar una etapa y a abrir otra completamente distinta.