
Alba Civera lleva más de tres años aprendiendo a vivir con la esclerosis múltiple. Desde que le diagnosticaron la enfermedad en diciembre de 2022, todo ha cambiado para ella. “Cuando sufro un estrés muy alto, tengo brotes, aunque sean pequeños. Llega un punto en el que ni siquiera me responden las piernas; me toca quedarme en el suelo y esperar a que se me pase, si se me pasa. Aparte, la visión me ha empeorado y se me duermen las manos. He tenido que volver a aprender a coger cosas”, cuenta a Infobae la otrora deportista de alto rendimiento.
Civera ya no hace ejercicio como antes, ha adaptado su casa para poder ayudarse a moverse cuando se le paralizan las extremidades y recibe ayuda de su familia y de su novio, que le permiten “hacer cosas ‘normales’” en su día a día. Hasta que llegan las Fallas. Cada año, la festividad valenciana descoloca su vida durante días y pone en riesgo su salud. Es por ello que Civera ha comenzado una petición en Change.org para solicitar al Ayuntamiento de Valencia que regule el uso de petardos durante los festejos.
“Para mí, escuchar petardos durante días a cualquier hora no es una simple molestia. Es una amenaza real para mi salud”, afirma en su iniciativa, que ya acumula más de 20.000 firmas digitales. “No digo que se prohíban las Fallas y no quiero fastidiarle la fiesta a nadie. Quiero que se celebren sin poner en peligro la salud y el descanso de otras personas”, asegura.
“Se mira más por el turista que por el que vive aquí”

Como muchos enfermos de esclerosis múltiplpe, Civera tiene periodos de mejoría y de recaída. En concreto, ella cuenta con quince lesiones cerebrales, una de ellas en el bulbo raquídeo, y los episodios de estrés pueden activarlas. La valenciana, que además de esclerosis múltiple padece epilepsia, explica que ella percibe los “muchísimo más fuertes que otra persona”. El constante ruido de los petardos le “altera muchísimo, lo que se traduce en un estrés muy fuerte, un cortisol elevado e inflamación, lo que provoca que las lesiones se vuelvan a despertar”, dice.
Concada brote, las piernas dejan de responderle, las manos se le duermen y los dolores de cabeza se vuelven insoportables. Pero la experiencia no siempre fue así: la misma Civera fue fallera de niña. “Soy valenciana nacida, de pura cepa, yo no quiero que se quiten las fiestas. Es algo que representa a Valencia”, defiende. El problema es que la celebración ha cambiado, se ha expandido yl a popularización de las Fallas ha hecho que se pierdan límites y el respeto al descanso de los vecinos.
El último domingo de febrero, como ya es tradición, se celebra la Crida en València para inaugurar las Fallas. / Ayuntamiento de València
“Antes no había carpas, había casales en una calle, que se cortaba para poder hacer la Plantà y que los niños tuvieramos un recinto en el que tirar petarditos. Además, se respetaban horarios, la siesta era sagrada", recuerda Civera. “Esto se ha convertido en algo turístico y se mira más por el turista que por el que vive aquí”, lamenta.
Civera sabe que no es la única a la que los petardos le perjudican y así lo certifican los comentarios que ha recibido su petición de Change.org. “Odio el ruido y tengo una hija que sufre muchísimo con él. En Fallas no puede salir de casa”, expresa Roberto, de Massalfassar. “Yo soy una adulta con autismo y me veo afectada negativamente por los ruidos absurdos provocados por los petardos. Las Fallas me enferman”, añade Marina, de Valencia.
“La gente no se atreve a decir nada, porque lo primero que te espetan es: ‘Pues si no te gusta, te vas’. Yo no tengo por qué irme de donde vivo a ningun sitio. Cuando puedo, convivo con la fiesta, sé que son cuatro o cinco días, pero con un control”, reclama la valenciana.
Límites para el uso de la pirotecnia

Lo que propone Civera no es acabar con la fiesta, sino que el uso de los petardos quede limitado a profesionales de la pirotecnia y a momentos organizados y controlados, como las mascletàs. “La pólvora debería estar controlada por pirotécnicos, solo ellos deberían poder utilizarla y en recinos cerrados, como se hace con la mascletà en el Ayuntamiento”, pide.
La valenciana sabe que es difícil que la ciudad acepte este cambio, “pero si uno no lo intenta, se vuelve imposible”. Por el momento, su iniciativa cuenta con el apoyo de más de 21.000 personas. “Si hay más gene a la que nos afecta que personas obcecadas con la pirotecnia en las Fallas, creo que podemos conseguirlo”, concluye.
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