
Muchas personas encadenan relaciones sentimentales que terminan de forma parecida. Cambian los nombres y algunas circunstancias, pero el resultado suele ser el mismo: vínculos que acaban causando malestar, decepción o desgaste emocional. Para quienes lo viven, la explicación más inmediata suele ser la mala suerte o la sensación de haber elegido mal una y otra vez.
Sin embargo, especialistas en psicología relacional señalan que, en muchos casos, estas repeticiones no responden únicamente al azar. A menudo existen patrones de comportamiento o de elección que se repiten sin que la persona sea plenamente consciente de ellos. Son dinámicas que se construyen con el tiempo y que pueden influir en la forma en que alguien se vincula con los demás.
En ese contexto, cada vez más profesionales insisten en mirar más allá de las circunstancias externas y prestar atención a los procesos internos que influyen en las relaciones afectivas. La psicóloga Icíar Navarro (@bibepsicologia en TikTok) explica en uno de sus vídeos que detrás de la repetición de vínculos dañinos pueden existir creencias profundas que condicionan la manera en que una persona interpreta el amor y la intimidad.

“Nuestro cerebro muchas veces no busca lo sano”
“Siempre acabas en relaciones que te hacen daño. ¿Te identificas con esto? Si esto te resuena, hoy quiero compartir algo contigo”, plantea la especialista. Según explica, es habitual que quienes atraviesan este tipo de situaciones interpreten su experiencia como una sucesión de casualidades negativas.
“Muchas veces escucho a gente que me dice: ‘Icíar, es que qué mala suerte tengo. Es que siempre me fijo en el mismo tipo de persona’”, señala. Sin embargo, para Navarro esta explicación resulta insuficiente. “Siento decirte que esto no es cuestión de suerte”.
La psicóloga apunta a un elemento más profundo: las llamadas creencias nucleares, ideas que se forman desde la infancia y que influyen en la forma en que una persona se percibe a sí misma y se relaciona con los demás. Entre esas creencias, Navarro menciona algunas que aparecen con frecuencia en consulta: “‘No soy suficiente, me van a abandonar, no merezco la pena, tengo que ganarme el amor del otro’”. Estas ideas, señala, no siempre son evidentes para quien las sostiene, pero pueden marcar de forma significativa la manera de vincularse.
Cuando una persona crece interiorizando ese tipo de mensajes, su percepción del amor puede quedar asociada a determinadas sensaciones emocionales. “Tu cuerpo aprende que el amor va unido a cierta incomodidad, cierta tensión, inseguridad, como sensación de lucha”, afirma. Este aprendizaje emocional puede tener consecuencias inesperadas en la vida adulta, como puede ser la dificultad para sentir interés por relaciones que, en principio, son más sanas y estables.

“Cuando conoces a alguien estable, disponible, divertido, respetuoso, dentro de ti no se activa nada”, explica. En algunos casos, la persona puede experimentar sensaciones como aburrimiento o desconexión, “o incluso le puedes decir a tus amigas frases como esta: ‘Sí, me gusta, pero es que es demasiado bueno’”, señala la psicóloga.
En cambio, el interés puede surgir con mayor intensidad hacia perfiles emocionalmente más impredecibles. “Cuando alguien actúa de manera más intermitente, es un poco más frío, parece que es más difícil, te encanta”, explica Navarro.
La razón, según la especialista, no tiene que ver con una voluntad consciente de sufrir, “sino porque eso te encaja más con una historia que tú ya conoces”. Este mecanismo se relaciona con la forma en que el cerebro procesa la seguridad y la incertidumbre. “Nuestro cerebro muchas veces no busca lo sano, busca lo familiar, porque la incertidumbre no la lleva nada bien”, afirma.
La familiaridad, incluso cuando implica malestar, puede resultar más reconocible que una dinámica completamente nueva. “Por eso tener relaciones más sanas no es cuestión de suerte”, subraya. “Hace falta trabajar, ver cómo te miras, qué has aprendido, qué creencias tienes sobre ti, qué crees que mereces y desde dónde te vinculas”.
De esta manera, la psicóloga Navarro señala que “cuando tu relación contigo cambia, también cambia lo que aceptas, lo que dejas pasar y las personas a las que eliges”.
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