De qué habla Pedro Sánchez cuando habla del “no a la guerra”: un pulso a Trump, otro al pasado y una sacudida al votante perdido

El presidente del Gobierno emplea una declaración institucional para redefinir el lugar de España en el mundo y su concepto de patriotismo

El discurso de Pedro Sánchez en la televisión de una casa en Ronda. (Reuters/Jon Nazca)

Cómo aterrizar una crisis internacional en una oportunidad nacional en once minutos y medio. Contado en abstracto, un presidente de Estados Unidos ordena a su principal asesor financiero que cancele toda relación con España, a la que califica como “socio terrible”. Apertura en los medios de comunicación, movimiento en los partidos, sobresalto en la patronal. Reacción de Moncloa: el presidente hablará mañana, a las nueve. Presión para que rebaje el tono, piense en las posibles consecuencias. Es la primera potencia en el mundo.

Llegada la hora, comparece el primer ministro, pero no da un paso atrás sino otro adelante; pronuncia un discurso largo en el que apela a un orgullo basado en el estricto respeto a la legalidad internacional y a la memoria de conflictos pasados que aún laten en las calles. El relato, que 2026 quiere parecerse a 2003, pero que esta vez la foto será distinta. Que no hay nada que temer desde “el lado correcto de la historia”.

“El mundo, Europa y España ya han estado aquí antes -dijo-. Hace 23 años, otra administración estadounidense nos arrastró a una guerra en Oriente Medio. Una guerra que, se dijo entonces, se hacía para eliminar las armas de destrucción masiva de Sadam Husein, llevar la democracia y garantizar la seguridad global, pero que en realidad desencadenó la mayor oleada de inseguridad desde la caída del Muro de Berlín”.

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El presidente del Gobierno ha hecho una declaración institucional con motivo de la guerra en Irán y la amenaza comercial de Trump.

Las Azores, Zapatero, los Goya

“Nadie sabe con certeza qué pasará ahora. Ni siquiera están claros los objetivos de quienes lanzaron el primer ataque”. Para hablar de Donald Trump y Benjamin Netanyahu, Pedro Sánchez lo hizo de George W. Bush y de José María Aznar, trazando un paralelismo entre Irán e Irak: “Aquella guerra generó un aumento drástico del terrorismo, una grave crisis migratoria y un incremento generalizado del coste de la vida”.

“Ese fue el regalo del trío de las Azores a los europeos de entonces: un mundo más inseguro y una vida peor”, zanjó Sánchez, que sabía sin embargo que sus once minutos y medio trascenderían por las cuatro palabras menos originales del total: “No a la guerra”. Como en 2003. En días en los que vemos a José Luis Rodríguez Zapatero reivindicando su legado o una gala de los Goya con las vibraciones de aquel tiempo.

Hoy, hiló Sánchez, España no está en ninguna Azores. Su apuesta no es nueva: Ucrania y luego Gaza. Sí la más ambiciosa, la más escenificada, la más minuciosamente secuenciada. Para atraer a países a medio camino -Francia ya ha dado el paso, la Unión Europea respalda-; para tratar de romper la cintura a la oposición, obligada a decantarse; para azuzar a los indecisos o ya desentendidos, traduciendo lo que ocurre en un código que recuerdan o identifican.

Para intentar dar la vuelta al significado popular de patriotismo, susurrando a Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal: “Es ingenuo pensar que practicar un seguidismo ciego y servil es una forma de liderar. (...) No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo y contrario a nuestros valores e intereses por el miedo a las represalias de alguno. (...) En momentos como este nos sentimos más orgullosos que nunca de ser españoles”.

Tony Blair, José Maria Aznar George W. Bush en 2003 en Azores (EFE/Sergio Barrenechea)

“Irresponsable e hipócrita”

Situándose en una posición delicada. “España pone en riesgo las vidas de estadounidenses”, ha acusado Scott Bessent, secretario del Tesoro. Estados Unidos no tiene permiso para emplear las bases en las localidades de Morón y Rota en su operación frente a Irán, gota que ha colmado la paciencia en Washington tras la también negativa de Madrid de ajustar el gasto en Defensa a los nuevos estándares de la OTAN.

Aznar, uno de los referidos, coincide: la actitud de Sánchez es “irresponsable, hipócrita y radicalmente equivocada”. Para el expresidente, “solo una intervención externa podría conceder a los iraníes la posibilidad de emanciparse del régimen que los masacra”. A su juicio, la “apaciguadora y equidistante” reacción de Sánchez es “vergonzosa” porque invoca un derecho internacional “que Irán nunca ha dejado de violar”.

La patronal ha pedido al presidente que “reconduzca la situación” con Estados Unidos. El campo, principal exportador -aceite de oliva, vino- no quiere nuevas sorpresas. España compra más de lo que vende. Por delante, un futuro incierto. Sánchez garantiza que el Gobierno sabrá amortiguar en los hogares, a los trabajadores. Se trata de un pulso a un aliado, también a la historia. Pasarán menos de 23 años para ver cómo ha salido en la foto de esta guerra.

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