
Hace seis años que la figura de Pepa Flores, más conocida como Marisol, recibió el Goya de honor. En el documental Marisol, llámame Pepa, la propia artista ilustra la contradicción que marcó su vida: “Mi nombre era Pepa Flores González. Este fue mi nombre hasta que, a los 10 años, viajé a Madrid para actuar ante el Caudillo”, se escucha en la voz en off. El formato explora las luces y sombras de quien, siendo apenas una niña, encarnó el sueño de millones para, al mismo tiempo, perder su propia identidad.
Desde esa infancia marcada por el desarraigo, Pepa Flores representa un fenómeno sin parangón en la historia cultural reciente de España. La vida de Marisol quedó inevitablemente ligada al clan Goyanes. El vínculo entre Pepa Flores y Carlos Goyanes, figura clave de la escena cinematográfica y empresarial, ha sido durante décadas objeto de especulación.
Las palabras de la propia protagonista, reproducidas como voz en off, reconstruyen el proceso por el cual fue despojada de su identidad y convertida en producto: “Manuel Goyanes me impuso el nombre de Marisol, y lo convirtió en una marca. Me pasé toda mi infancia cenando con señores mayores, oyéndoles hablar sobre mí, sobre las ganancias que podían sacar mientras yo permanecía como un mueble… No tuve más remedio que acomodarme al mundo de los adultos… Y lo que terminó por turbarme fue el mundo de los niños. Yo me veía, por contraste, como un pequeño monstruo”.
De Pepa Flores a Marisol
La carrera artística de Marisol se inicia tras ser descubierta en televisión por Manuel Goyanes, quien, según relata la propia actriz, no tardó en firmar un contrato con sus padres, instalarla en su propio domicilio y someterla a un meticuloso proceso de transformación: la rebautizó, le tiñó el pelo, modificó su aspecto físico, incluida una operación de nariz, y la impulsó hacia el estrellato, gracias a un ritmo de trabajo incesante.
Aquella niña prodigio acabó convertida en un auténtico fenómeno de masas y, al mismo tiempo, en una inversión económica cuyo rendimiento era maximizando. “Durante una década estuve como secuestrada en aquella casa, destinada únicamente a ser su gran obra, intocable, y convertida en su negocio”, declararía Pepa Flores tiempo después. Así, el nombre de Pepa desaparece y nace Marisol.
La construcción de la figura de Marisol como leyenda nacional tuvo un coste personal notable. Si el país la contemplaba como un ejemplo de éxito y carisma, ella vivía sometida a una sobreexposición que la privó de una infancia convencional, empleándola como símbolo bajo el régimen franquista.

Sin embargo, el desarrollo personal de Pepa Flores la llevó, ya adulta, a romper con todo aquello. Reclamó su verdadera identidad, sumó su voz a la causa política y optó por distanciarse tanto del mito como de los reconocimientos que le fueron otorgados durante la juventud.
El Goya de honor a Pepa Flores
En la gala en la que se le otorgó el Goya de honor, Marisol permaneció ausente, aunque su legado resultó omnipresente. La actriz eligió ver el acto a distancia, con su rostro proyectado tras el escenario y sus hijas sobre las tablas, pero manteniendo su decisión de permanecer fuera del foco. Durante la ceremonia, Amaia interpretó La canción de Marisol; Celia Flores, hija de la homenajeada, cantó Estando contigo, mientras las tres hijas de la artista recogían el galardón.
María Esteve, también actriz, transmitió el sentir familiar: “Nuestra madre tomó la firme decisión de apartarse de los focos para siempre. Querida mamá, desde ese lugar en calma que has conseguido y tanto te ha costado, esta profesión te entrega este premio. Querida Pepita, disfrútalo, es para ti”. Los asistentes respondieron a estas palabras con una ovación cerrada.

Marisol triunfó durante 25 años, pero lleva más de 40 años retirada y esa prolongada ausencia ha contribuido a consolidar la fortaleza de su mito. La Academia de Cine la homenajeó ya en los Goya de 2020, subrayando la vigencia de su huella. Su última aparición profesional se remonta a 1985, con el estreno de Caso cerrado en el festival de San Sebastián. Desde entonces, su presencia pública se ha limitado a algún evento familiar, como su participación en un concierto de su hija Celia en 2016 en el Teatro Cervantes de Málaga, donde llegó a bailar sobre el escenario.
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