
Treinta y cinco años depués de la matanza de Puerto Hurraco, como se la denominó a posteriori, Radiotelevisión Española (RTVE) ha tenido acceso al sumario completo del caso, así como a las pruebas recopiladas por la Policía judicial. Con todo el material consultado, la televisión pública presenta el documental Puerto Hurraco 202, un suceso que ha marcado la memoria colectiva de la llamada ‘España negra’.
En el atardecer del 26 de agosto de 1990, la hostilidad larvada durante décadas entre dos familias de la pedanía de Puerto Hurraco (Badajoz), los Izquierdo y los Cabanillas, desembocó en una matanza inédita. Emilio y Antonio Izquierdo, alimentados por un deseo de venganza por la muerte de su madre —Isabel Izquierdo, fallecida en un incendio de origen desconocido años atrás— prepararon 202 cartuchos con la intención de acabar con la vida del mayor número posible de habitantes del pueblo.
Los hermanos varones de la familia Izquierdo, se atrincheraron en un callejón vestidos como cazadores a una hora en la que sus conciudadanos estaban en las calles. A continuación, abrieron fuego indiscriminadamente contra sus vecinos: nueve muertos, entre las que había menores de edad, aunque dos de ellos morirían semanas más tarde en el hospital de Badajoz. Diez personas más fueron heridas de distinta gravedad.
Ahora, Televisión Española accede por primera vez al expediente íntegro y al material gráfico más duro recopilado tras la matanza: desde las imágenes de los fallecidos en plena calle hasta los informes del Gobierno sobre los intentos de las hermanas de los asesinos por acceder al complejo de la Moncloa. No obstante, no es la primera vez que se retrata lo ocurrido: Carlos Saura lo hizo en la ficción con El séptimo día (2004), en la que actores del calibre de Juan Diego, Victoria Abril, Irene Escolar o una jovencísima Claudia Traisac.

Un saldo de víctimas devastador en una pedanía de 135 habitantes
A partir de las 22:00 horas, los disparos de los hermanos Izquierdo dejaron un saldo de nueve personas asesinadas y otras diez heridas de diversa gravedad. Dos de las víctimas fueron Antonia y Encarnita Cabanillas, de trece y catorce años, abatidas mientras jugaban en plena calle. Una tercera hermana se habría salvado por encontrarse jugando en otra ubicación. La familia formaba parte de los 135 habitantes que tenía la pedanía.
Los testimonios recogidos posteriormente por el archivo de RTVE han permitido reconstruir el drama. Mari Carmen Cabanillas, hermana de las niñas asesinadas, ha recordado ante las cámaras aquellos momentos: “Yo estaba en casa de unas primas mías, escuché disparos y no sabía qué era”. Fue entonces cuando Mari Carmen descubrió que sus dos hermanas habían sido asesinadas. “Estaban las dos allí en el suelo”, cuenta en el documental.
La brutalidad del asalto no permaneció en la generación que lo sufrió en primera persona, sino que traspasó a sus descendientes. Agustín Cabanillas, que se encontraba de visita familiar, ha relatado a RTVE que su padre intentó interponerse ante los asesinos para salvar a las niñas y murió de un disparo a quemarropa. No fue el único de la familia, ya que uno de sus hermanos quedó paralítico de por vida por el impacto de las postas, munición habitual en la caza de jabalí.

Un pueblo marcado por el estigma
Las consecuencias sociales del crimen repercutido tanto en Puerto Hurraco como en toda Extremadura, comunidad con el índice de criminalidad más bajo de España. El estigma mediático ha pesado sobre sus vecinos, tal y como ha manifestado Braulio Nogales, alcalde durante 1990, en el documental: “Eran dos familias encontradas, pero esto aquí no lo esperaba nadie”.
Nogales, actualmente vecino de la pedanía, continúa reclamando que las administraciones encuentren un uso para los bienes de los Izquierdo, aún abandonados y sin adjudicación. “Así es difícil pasar página”, ha lamentado, refiriéndose tanto a las tierras como a la casa familiar en la que vivieron Emilio, Antonio, Luciana y Ángela tras fallecer su madre en el incendio de la vivienda familiar.
El proceso judicial posterior estuvo marcado por las sospechas hacia Luciana y Ángela Izquierdo, identificadas por parte del vecindario como posibles instigadoras del crimen. Pese a las confesiones de Emilio y Antonio como autores materiales de la matanza, la cuestión de la implicación de sus hermanas ha sido uno de los puntos más difíciles del sumario. Casiano Rojas, juez instructor, después de tomar declaración y ordenar la detención de Luciana y Ángela, terminó por descartar su responsabilidad penal.

El papel de las hermanas: “Dos cerebros con un solo pensamiento”
Guillermo Fernández Vara, doctor forense del caso y más tarde presidente de la Junta de Extremadura, concedió a Televisión Española su última entrevista sobre el proceso, poco antes de su fallecimiento el 5 de octubre de 2025. Fernández Vara detalló que, además de practicar las autopsias, tuvo a su cargo “lo más complicado de todo, el examen psiquiátrico de los cuatro hermanos que vivían juntos y no se separaban para nada”. Ante este hecho, señala el exedil socialista, “unos tenían un papel principal y otros tenían un papel accesorio”.
Según los informes psiquiátricos citados por RTVE, Luciana y Ángela sufrían un trastorno conocido como la locura a dos, con “dos cerebros con un solo pensamiento, la venganza” hacia lo que creyeron que fue el asesinato de su madre durante el incendio. El doctor Fernández Vara apuntó que el cuadro patológico se hallaba ya completamente cronificado: “Se pasaron allí el resto de su vida hasta que fueron muriendo”. Tras la celebración del juicio, y tras no encontrar responsabilidad penal en las hermanas, ambas ingresaron en el hospital psiquiátrico de Mérida.
Mientras tanto, Emilio y Antonio Izquierdo fueron juzgados y condenados cada uno a más de trescientos años de prisión, sin que los forenses pudieran acreditar en su caso ninguna anomalía mental relevante, tal y como concluye el análisis presentado en el documental Puerto Hurraco 2022, de RTVE.

El caso de Puerto Hurraco abrió la veda a un sensacionalismo atroz en la crónica de sucesos
La tragedia contó con una repercusión mediática inmediata. Por primera vez, el seguimiento directo por parte de las televisiones públicas y privadas trasladó el drama de la crónica de sucesos, tradicionalmente restringida a la prensa escrita, a la televisión. El caso de Puerto Hurraco abrió paso a una nueva etapa en la cobertura de sucesos, caracterizada por el sensacionalismo y la exposición del dolor colectivo. Dos años después, este fenómeno llegaría a su paroxismo con el crimen de las niñas de Alcàsser, en València.
Juan Rada, exdirector del semanario El Caso, destaca para RTVE que a partir de Puerto Hurraco “ha habido una evolución donde se han añadido circunstancias que igual no fueron tales, pero eran comerciales y no es totalmente verídico en relación con lo que ocurrió allá”. Lo mismo sucedería en 1992 con las televisiones llegando al pueblo valenciano donde las tres niñas fueron asesinadas.
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