La fuga de votos castiga a los partidos centrales y engorda a los extremos: el PP pierde 1,2 millones que se van a Vox y el PSOE otros tantos que optan por la abstención

La volatilidad del electorado de todos los partidos redefine el escenario político de cara a las elecciones generales de 2027

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Los principales líderes políticos con
Los principales líderes políticos con un gráfico de la transferencia del voto (Montaje Infobae)

Las transferencias de voto que recoge el último barómetro de 40dB para El País y la Cadena SER no describen una simple oscilación coyuntural, sino un movimiento de fondo en el electorado español. Si hoy se celebraran elecciones generales, el mapa político no se explicaría tanto por quién gana votos como por quién los pierde… y hacia dónde se van esos votos. La fotografía es la de un electorado inquieto, poco fiel y cada vez más dispuesto a cambiar de papeleta o, directamente, a quedarse en casa.

El dato más determinante es también el más incómodo para el Gobierno: 1,2 millones de personas que votaron al PSOE en las generales de 2023 hoy se sitúan en la abstención o en la indecisión. No es una fuga ideológica hacia otro partido, sino una retirada. Y en un escenario de generales, ese tipo de desmovilización pesa tanto o más que cualquier trasvase directo entre siglas.

A esa retirada silenciosa se suma un goteo constante hacia otros espacios. Según la matriz de transferencias, unos 300.000 antiguos votantes socialistas se inclinarían ahora por el PP, mientras que otros 160.000 optarían por Vox. El PSOE pierde por abajo —hacia la abstención— y pierde en horizontal —hacia derecha e izquierda—, configurando una pérdida de base que no se explica solo por la fragmentación del espacio progresista.

El PP aguanta, Vox crece

En la derecha, el movimiento es intenso pero menos destructivo. El trasvase más voluminoso del barómetro es el que va del PP a Vox: 1,2 millones de votos. Es una cifra que explica casi por sí sola el momento de fortaleza de la formación de Abascal y confirma que la principal cantera de Vox sigue estando en el electorado conservador tradicional.

Sin embargo, el PP no queda desangrado por ese movimiento. Parte de esos votos regresan por otros caminos. El partido de Alberto Núñez Feijóo recibe 300.000 apoyos procedentes del PSOE y otros 120.000 que hacen el recorrido inverso desde Vox. El resultado es un intercambio constante dentro del bloque de derechas, con votantes que se mueven entre ambas opciones sin abandonar el espacio ideológico.

El presidente del PP, Alberto
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo y el líder de Vox, Santiago Abascal, durante una reunión en el Congreso (Eduardo Parra / Europa Press)

Este comportamiento apunta a un voto muy condicionado por el contexto político y por la percepción de utilidad. Vox capitaliza el enfado, el discurso más duro y la polarización; el PP sigue funcionando como opción de repliegue cuando el electorado busca estabilidad o una alternativa de gobierno viable. La derecha, en conjunto, se redistribuye, pero no se rompe.

La izquierda se fragmenta y se desmoviliza

El contraste con la izquierda es evidente. Allí, la movilidad no solo redistribuye, sino que debilita el conjunto. El espacio a la izquierda del PSOE aparece en plena recomposición. Sumar pierde 750.000 votos en favor de Podemos, un trasvase que refleja hasta qué punto ambos electorados comparten fronteras porosas y una identidad aún no resuelta. Al mismo tiempo, otros 180.000 votantes de Sumar se desplazan directamente hacia el PSOE.

Ese doble movimiento dibuja un electorado dividido entre quienes buscan una referencia más nítidamente ideológica y quienes optan por volver al partido central del bloque progresista. Pero ese regreso no compensa la pérdida mayor: la de los socialistas que se quedan en casa. El PSOE recibe votos por la izquierda, pero pierde muchos más por desafección.

La consecuencia es un bloque progresista que llega a estas hipotéticas generales más fragmentado y menos movilizado que en 2023. La abstención se convierte así en un actor político de primer orden, especialmente entre antiguos votantes socialistas.

El expresidente del Gobierno Felipe González ha reprochado al PSOE la falta total de autocrítica tras las derrotas electorales en Aragóny Extremadura.

Vox, mientras tanto, no solo crece a costa del PP. Los 160.000 votos que recibe desde el PSOE refuerzan su perfil como refugio del voto de castigo, incluso más allá de su espacio ideológico natural. Al mismo tiempo, el hecho de que 120.000 votantes hagan el camino inverso hacia el PP confirma que una parte de ese apoyo es volátil, táctico y muy dependiente del clima político.