
La experiencia de Iñaki Urdangarin entre la presión mediática y el aislamiento carcelario ha quedado expuesta en su entrevista para Lo de Évole. El exduque de Palma ha revivido el impacto social y personal derivado del caso Noós, señalando la intensidad del foco público desde el primer instante del escándalo, tal y como cuenta en sus memorias: “Absolutamente todo se volcó en este caso. Yo estaba en el centro, mi nombre, mi cara”.
El exmarido de la infanta Cristina ha subrayado que, aunque su relación con el caso le pilló por sorpresa, ya tenía un abogado “por recomendación de otras personas”: “Siempre he pensado que todo lo que habíamos hecho tenía respuesta, que yo tendría respuesta para cualquier cuestión que me hiciesen por vía judicial”.
Urdangarin ha resumido el vuelco vital sufrido como parte de la familia real: “Aquí gira la moneda y un cuento de hadas se convierte en una pesadilla”. A su juicio, el nivel de exposición pública alcanzado propició que hubiese “una barra libre” contra él: “Te pueden poner cualquier adjetivo o medalla, negativa por supuesto”. Ha calificado su periplo judicial y penitenciario como “un calvario terrible”, detallando que ha pasado “más de 1.000 días y noches en prisión”, a lo que se le suma “todo lo que ha supuesto los siete años antes y la recuperación posterior”.
La culpa de Urdangarin
A lo largo de la entrevista con Jordi Évole, Iñaki Urdangarin ha manifestado que asume su parte de responsabilidad: “Asumo mis errores, ¿eran suficientes para ir a prisión? No”. Ha reconocido también una sensación de frustración por no haber sabido defenderse: “Yo me siento culpable de no haber podido defender todo lo que quería decir y no haberlo conseguido”.
“Me sentí muy mal por abandonar a mis hijos y estar 1.000 días sin ellos”, ha hablado como padre. En cuanto a su actitud durante la investigación y el juicio, sostiene que “siempre hubo la voluntad de colaborar, aclarar y reparar el daño causado si administrativamente se hizo algo mal”.
Ha interpretado su ingreso en prisión como una consecuencia prácticamente inevitable: “Sí o sí tenía que acabar en la cárcel, para contentar a la prensa, al fiscal y también a la Casa Real”. A su modo de ver, la alternativa habría ocasionado un fuerte revuelo social: “Lo ponemos al revés, hubiese sido un escándalo si no entro”.

Su ingreso en prisión
En torno a los preparativos del cumplimiento de la condena, el exduque ha relatado cómo la familia se reunió previamente en Suiza, donde buscó sacar el máximo partido al tiempo juntos: “Estábamos en Ginebra, nos reagrupamos todos y evidentemente intentas aprovechar todo el tiempo posible”. También ha descrito cómo trató de tranquilizar a sus hijos: “Mandé buenos mensajes a mis hijos intentando resolver las dudas que pudiesen tener. El día de antes viajé a Madrid y dormí en casa de doña Elena”.
En su recorrido por la experiencia penitenciaria, Iñaki Urdangarin ha detallado el momento de entrada al centro y las circunstancias singulares de su reclusión: “Cuando se cierra la puerta detrás tuyo y oyes el boom metálico, ahí dices ‘esto se acaba’”. Su estancia en un módulo especial del centro penitenciario femenino obedecía, según ha contado, a motivos de seguridad, si bien el aislamiento fue una carga difícil de asimilar: “Se optó por la soledad, pero a mí me costó entenderlo”.
La soledad de Iñaki Urdangarin en prisión
Urdangarin ha recordado una conversación reciente con Sandro Rosell, ex presidente del Fútbol Club Barcelona: “Me dijo que creía que hubiese sido mejor que fuera donde estaba él, en Soto, con otras personas, que tenían como muy buen ambiente y a mí no me dieron esa oportunidad”

La decisión de su destino penitenciario se tomó por razones ajenas a su voluntad, de acuerdo con lo expuesto en el programa: “Una de las primeras llamadas que hice fue a la persona que me dio esta decisión, que es quien llevaba la seguridad de las infantas, para decirle: ‘No sabes lo que me has hecho’. Le dije que eso era una barbaridad para mí, si yo fuese una persona introvertida...”.
Los primeros meses en la cárcel
El inicio fue lo más duro: “Los primeros meses lo pasé muy mal, no conseguí estabilizar mis emociones”. Ha reconocido que la incertidumbre sobre el exterior, así como el resentimiento, le llevaron a episodios de llanto continuado y “dar paseos por el patio con rencor hacia personas y situaciones”: “Eres muy víctima, todo te chirría”. Tampoco pudo ponerse con las memorias entonces: “Intentas escribir, pero cuando repasas lo que has escrito, es mejor borrarlo”.
Durante su etapa entre rejas, Urdangarin ha puesto en valor el esfuerzo de su entorno: “Fuera mis hijos se estaban entregando a muerte para que todo estuviera bien y Cristina estaba haciendo lo mejor posible para que todo fuese adelante”. Las visitas constantes de sus allegados supusieron para él un apoyo fundamental: “Yo siempre que se podía tenía visitas, no tenía un hueco, era una gozada”.

Las visitas que recibía Urdangarin
No obstante, recuerda como particularmente duro el primer encuentro: “La primera visita de mi hijo Juan en el locutorio con los cristales de por medio fue muy duro. Vino acompañado de doña Elena y pensé: ‘Este chaval, ¿cómo se debe de ir?’”. Entre quienes le visitaron frecuentemente ha destacado a sus hermanos hermanos, su madre, amigos íntimos y Mario Pascual, de quien ha dicho que “sobrepasaba el rol de abogado”: “Eran unas visitas fantásticas, pura energía y puro dolor cuando se iban”.
“Semanalmente tienes dos locutorios que son unos 40 minutos, los puedes dividir en los dos días o en uno y luego los vis a vises que duran tres horas, que venían mis hijos para que nos pudiésemos tocar y abrazar”, ha detallado el procedimiento. Urdangarin ha señalado igualmente las reiteradas visitas de Cristina de Borbón Dos Sicilias, prima de la infanta Cristina, o la infanta Elena, sin ninguna presencia más de Casa Real: “Habría sido una noticia que hubiese podido alterar”.
La rutina del exduque de Palma en la cárcel
La vida cotidiana en prisión ha estado marcada por la rutina y una estricta estructura horaria. El exduque ha afirmado que disponía de televisión y que su jornada comenzaba siempre con un desayuno junto a los informativos, tras lo cual prefería desconectar escuchando música a través de emisoras de radio.

Ha explicado que solía comer más tarde del horario habitual, ya que el deporte ocupaba buena parte de su tiempo por la tarde: “Yo comía tarde, porque hacía deporte de 15:00 a 17:00 horas, porque era cuando me permitían ir al polideportivo porque así no me cruzaba con ninguna interna”. “Tomaba una fruta y aguantaba para que al volver del deporte la tarde se me hiciese mucho más corta”, ha rememorado. Durante las comidas, además, buscaba distraerse: “Comiendo veía los reportajes de La 2 de animales”.
La pérdida del título
Otra de las consecuencias del caso fue la pérdida del título de duque de Palma, una de las primeras medidas de Felipe VI como rey: “Estos títulos no los hemos solicitado, se nos han dado. Si lo hemos hecho mal en este momento y se nos quita es la decisión de otras personas”. “Son gestos que no ayudan”, ha remarcado, pese a que entiende que el monarca se viese obligado a hacerlo.

Évole le ha recordado también cuando quitaron la placa de la Avenida de los duques de Palma, aunque Urdangarin no lo vio. “Cuando dos diferentes presidentes del Barça mantienen la camiseta colgada a pesar de toda la presión que hay, para mí es un sentimiento de muchísimo orgullo”, ha comparado, asegurando que no le importó lo de la placa.
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