
El 3 de marzo de 2024, en un hospital de Florida, un niño de dos años murió después de que una receta mal escrita provocara que recibiera una dosis excesiva de potasio, según detalla la demanda presentada recientemente por su madre. El menor, que había sido trasladado horas antes desde otro centro para recibir atención especializada, sufrió un paro cardíaco minutos después de la administración del medicamento y perdió la vida dos semanas más tarde, tras permanecer conectado a un respirador.
La historia fue divulgada por el medio Libertatea, que recoge la secuencia de errores señalada en la acción judicial. La madre del niño acusa al personal de omitir controles esenciales y pasar por alto una alerta del propio sistema del hospital que advertía sobre la dosificación incorrecta. Además, sostiene que hubo un retraso significativo en la respuesta médica durante la emergencia que siguió a la sobredosis.
Según la información citada también por el New York Post, la familia afirma que la tragedia comenzó con un fallo mínimo por parte del médico encargado del tratamiento. Todo empezó con la desaparición de una coma en la prescripción del suplemento de potasio, que transformó una dosis de 1,5 mmol en otra de 15 mmol, administrada dos veces al día.
Una cadena de fallos
El niño había llegado el 1 de marzo al hospital con un virus y niveles peligrosamente bajos de potasio. Tras ser evaluado, fue transferido al día siguiente a otro centro, donde constataron que pesaba apenas 9,5 kilos y continuaba con hipopotasemia. La demanda sostiene que el profesional que revisó la medicación partió de la dosis previa, pero al borrarse la coma decimal en el sistema, terminó ordenando una cantidad diez veces mayor sin que nadie detectara la diferencia.
Los documentos judiciales aseguran que ni los farmacéuticos ni el resto del equipo médico identificaron la anomalía, pese a que el programa de alertas internas marcó la prescripción como excesiva. El niño recibió dos dosis del suplemento. La segunda, a las 8:28 p.m. del 3 de marzo. A las 9:02 p.m., entró en paro cardíaco.
La demanda indica que, durante la maniobra de emergencia, el personal realizó entre dos y tres intentos fallidos de intubación. El Código Azul se había activado, pero el procedimiento se demoró cerca de veinte minutos, tiempo durante el cual el niño permaneció sin el oxígeno suficiente. Su corazón volvió a latir de forma espontánea, aunque el daño por falta de oxígeno ya era irreversible.
Consecuencias irreversibles
El pequeño fue trasladado a cuidados intensivos y conectado a un respirador. Durante las dos semanas siguientes sufrió convulsiones y varias complicaciones derivadas del estado crítico. La familia decidió retirar el soporte vital el 18 de marzo.

La demanda de la madre argumenta que la sobredosis evitó que el niño pudiera recuperarse del cuadro viral inicial y produjo un daño cerebral severo. También señala que, según las primeras evaluaciones, se sospechaba que el menor podría tener algún grado de autismo, aunque esta condición no estaba relacionada con la causa de su muerte.
Los registros citados en la acción judicial indican: “Han transcurrido al menos veinte minutos desde que se anunció el Código Azul, tiempo durante el cual permaneció gravemente privado del oxígeno necesario para mantenerlo con vida”. Otro fragmento afirma que el sistema de alerta del hospital ya había advertido la dosis excesiva: “A pesar de que el sistema de alerta del hospital les avisaba de la dosis excesiva, nadie se percató del error”.
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