Felipe VI puede hacer muchas cosas, tanto es así que su persona “es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”, reza la Constitución todavía hoy. Pero hay algo que no se le permite, que es decir una palabra más alta que la otra, o una afirmación en la que pueda leerse una inclinación política, aunque ya solo sea una defensa de los Derechos Humanos, momento en el que algún partido saltará para recordarle que se limite a lo suyo.
“Comparezco hoy ante ustedes, los delegados y delegadas de los Estados miembros de las Naciones Unidas, en el año en que se cumple el 80 aniversario de su fundación. Es un momento oportuno para hacer algunas reflexiones sobre el presente, el pasado y el futuro de esta organización universal y su aportación a la paz, la estabilidad y el desarrollo en unos tiempos extremadamente complejos”, se presentó el rey en Nueva York el 23 de septiembre.

La palabra “genocidio”
Y se ha dado la paradoja de que los partidos proclamados monárquicos se han sentido sumamente incómodos con lo que pronunció. Habló de Israel, y no bien. Empezando por Vox, que poco tiene que ver con los discursos de Felipe, en los que apela al multilateralismo y a instituciones como la Unión Europea o precisamente las Naciones Unidas para solucionar las grandes crisis. Y defiende la lucha contra el cambio climático, que Vox niega, o contra la violencia machista, que Vox niega.
Continuando por el PP, con postulados crecientemente más próximos al partido de Santiago Abascal, ahora para aumentar el dolor de las mujeres que han tomado la decisión de abortar, dándoles la oportunidad de que alguien las aleccione. O con el señalamiento a los migrantes (pobres) en su Declaración de Murcia. Sobre Israel, hay tres PP, y el de en medio es Alberto Núñez Feijóo, haciendo equilibrios entre los barones que dicen “genocidio” e Isabel Díaz Ayuso.
Tampoco debería el rey haber contentado a Pedro Sánchez, pero se les vio en buena sintonía. El debate de aquella semana, la pasada, giraba en torno a esa palabra, “genocidio”, con Gobierno y PSOE como promotores y difusores. Felipe no la mencionó. Como en anteriores ocasiones, y exceptuando su histórico mensaje a los españoles con motivo del referéndum ilegal en Cataluña, la fórmula fue intermedia: una contundencia que no levante ampollas, si tal cosa es posible.

El rey: “Los actos repugnan y avergüenzan”
Para situarlo en sus justos términos, el rey, sobre Israel, sostuvo: “No podemos guardar silencio ni mirar hacia otro lado ante la devastación, los bombardeos, incluso de hospitales, escuelas o lugares de refugio; ante tantas muertes entre la población civil; o ante la hambruna y el desplazamiento forzoso. (...) Son actos aberrantes que están en las antípodas de todo lo que este foro representa. Repugnan a la conciencia humana y avergüenzan a la comunidad internacional”.
Continuó: “Cuando hablamos al pueblo de Israel, estamos hablando a un pueblo de hermanos. (...) Por eso nos duele tanto, nos cuesta tanto comprender lo que el gobierno israelí está haciendo en la Franja de Gaza. Por eso clamamos, imploramos, exigimos: detengan ya esta masacre. No más muertes en nombre de un pueblo tan sabio y tan antiguo, que tanto ha sufrido a lo largo de la historia”.
Y terminó: “Seamos claros, condenamos rotundamente el execrable terrorismo de Hamás y aquella matanza brutal del 7 de octubre de 2023 y reconocemos el derecho de Israel a defenderse. Pero, con la misma firmeza, demandamos que Israel aplique sin reservas el derecho internacional humanitario en toda Gaza y Cisjordania. Exigimos que la ayuda humanitaria llegue sin dilaciones, un alto el fuego con garantías y la liberación inmediata de todos los rehenes”.

Ayuso: “El rey reina, pero no gobierna”
Para el eurodiputado de Vox Hermann Terstch, el rey “leyó un panfleto socialista globalista y totalitario que le ha colocado el felón Sánchez dentro de su programa de destrucción de la Corona”. Las redes sociales, donde el partido de extrema derecha se desenvuelve con soltura, se plagaron de referencias a un jefe de Estado “abducido” por el presidente del Gobierno, tratando de quitar responsabilidad a la Corona de lo que la Corona dice.
Díaz Ayuso, una de las dirigentes que de forma indiscutible más defiende a esa Corona, preguntada esta semana por el discurso, se limitó a responder: “El rey reina, pero no gobierna”, una expresión nacida (en Polonia, por el canciller Jan Zamoyski) y popularizada (en Francia, por Adolphe Thiers, a las puertas de la Revolución) como clamor republicano. Para la presidenta de la Comunidad de Madrid, el monarca “no tiene que tomar más postura que la conciliación”.
Quién escribe lo que dice el rey
Días posteriores ha enfatizado Díaz Ayuso que la monarquía “es la institución que mejor representa a España, la que la une y va a contar siempre con el trabajo leal, con el apoyo absoluto del Gobierno de la Comunidad de Madrid”. Y desde su partido, preguntados en diversas entrevistas, también achacaron el duro discurso del rey en Nueva York al origen de su redacción, dando a entender que Felipe no escribe, que sus palabras, las del rey, no son suyas.
Es una verdad a medias. Como es natural, no se puede afirmar que, normal, Felipe no puede decir lo que quiera, a fin de salvaguardar su papel y función. No es posible saber cuántas palabras teclea él, cuántas su equipo, pero el texto sale de Zarzuela, no de Moncloa, como apuntan no pocos. El Gobierno sí debe estar al tanto de los discursos antes de que sean pronunciados, pudiendo intervenir, sugerir, pero el punto de partida y el borrador final es obra de Casa Real.

Camilo Villarino
En particular, el muy relevante de las Naciones Unidas tiene el sello de Camilo Villarino, jefe de la Casa, diplomático con una vasta experiencia en asuntos europeos e internacionales. Si hay que señalar una autoría, sería la de este, pero no menos la del propio rey. El Ejecutivo, como con los mensajes de Navidad, refrenda, sabe de antemano. Y sucede esto hable de Gaza, cambio climático o violencia machista o lo haga de la unidad de España, causa esta sí que abandera la derecha.
De hecho, ningún cambio en Moncloa ha supuesto otro en la deriva de los discursos del rey. No son vasos comunicantes. Por lo tanto, atribuir a Sánchez las palabras de Felipe solo puede deberse a dos motivos: o el desconocimiento de cómo opera este protocolo o una estrategia política al auxilio de la contradicción de defender una monarquía que en su proyección pública está alejada de programas electorales en los que esta institución es capital.
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