
Lo que parecía un vuelo doméstico rutinario se convirtió en una de las gestas más extraordinarias de la aviación. El vuelo AC143 de Air Canada, con 61 pasajeros y ocho tripulantes a bordo, se quedó sin combustible a 41.000 pies de altitud (12.500 metros) y tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia en un circuito de carreras, evitando una tragedia entre el pasaje, espectadores y pilotos.
Un despegue con advertencias técnicas
El Boeing 767-200, matrícula C-GAUN, habría sido incorporado hacía apenas cuatro meses a la flota de la aerolínea canadiense y era el primer modelo totalmente adaptado al sistema métrico. La tripulación estaba compuesta por el capitán Robert “Bob” Pearson, con más de 15.000 horas de vuelo, y el primer oficial, Maurice Quintal, expiloto de la Fuerza Aérea de Canadá.
El día anterior, durante la revisión en Edmonton, se detectó un fallo en el Sistema de Indicación de Cantidad de Combustible (FQIS). El técnico Conrad Yaremko logró una solución temporal desactivando uno de los canales del procesador digital, permitiendo que el vuelo operara bajo las disposiciones la Lista de Equipo Mínimo (MEL). Sin embargo, la lista del nuevo 767 no contemplaba instrucciones claras para el fallo total del FQIS.
“Se hizo todo lo que se podía con el sistema que teníamos, pero la transición métrica provocó confusión. Nadie esperaba que fallara de esta manera”, declaró un técnico de mantenimiento a los medios de comunicación.

El error que dejó al avión sin combustible
Para calcular el combustible, la tripulación debía convertir el volumen en litros a masa en kilogramos, ya que la energía útil del carburante depende de su masa, no del volumen. Sin embargo, tanto la tripulación como el personal de tierra aplicaron un factor de conversión incorrecto de 1,77 (libras/litro), en vez de 0,803 (kilogramos/litro).
Como consecuencia, el avión despegó con 10.100 kilogramos de combustible, menos de la mitad de los 22.300 kilogramos que necesitaba para completar el trayecto.

Motores apagados a 12.500 metros de altura
A mitad de camino, sobre Red Lake, Ontario, las alarmas de baja presión se activaron primero en el motor izquierdo y luego en el derecho. En minutos, ambos motores se apagaron, dejando al Boeing convertido en un planeador.
La tripulación dependía únicamente de los instrumentos básicos de reserva y de la experiencia de Pearson como piloto de planeadores para calcular la velocidad óptima de descenso.
Inicialmente, se planteó un aterrizaje de emergencia en Winnipeg, a 120 kilómetros, pero la pérdida de altitud de 1.500 metros cada 16 kilómetros hizo evidente que no llegarían. Quintal sugirió entonces dirigirse a Gimli, una base antigua de la Fuerza Aérea, desconociendo que la pista estaba siendo ocupada como un circuito de carreras.

Aterrizaje milagroso en plena competición
Durante la aproximación, el avión volaba demasiado alto y rápido. Pearson realizó una maniobra de deslizamiento lateral, habitual en planeadores, pero extremadamente arriesgada en un avión comercial sin motores.
El aterrizaje se produjo a 244 metros del umbral, y el tren de aterrizaje delantero colapsó, arrastrando el morro por el circuito. Esta fricción adicional ayudó a detener la aeronave, evitando males mayores.
El vuelo AC143 se detuvo 17 minutos después de quedarse sin combustible, sin víctimas mortales y solo lesiones leves entre los pasajeros y espectadores. No obstante, el capitán Pearson fue suspendido seis meses y Quintal dos semanas.
Legado del avión: “Gimli Glider”
Apodado como el “Planeador de Gimli”, la aeronave continuó operativa hasta 2008 y su historia ha sido inmortalizada en documentales, películas y una exposición en el museo de Gimli.
Es más, se dice que muchos pilotos de Air Canada intentaron repetir el hito en un simulador, pero todos fracasaron y se estrellaron. Hasta hoy, el aterrizaje de Pearson permanece como una hazaña sin igual en la historia de la aviación.
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