
Denise Michel-Waeber, una recién jubilada de la ciudad suiza de Friburgo, se ha convertido en la salvadora para los trabajadores de los talleres de L’Estampille, muchos de ellos con problemas de salud mental y bajos recursos. La movilización solidaria de Michel-Waeber ha comenzado con una travesía de más de 170 kilómetros a lo largo del río Sarine y ha acabado recaudando más de 8.500 francos suizos, mientras atraía la participación de decenas de personas en diferentes etapas del recorrido.
Del 30 de agosto al 9 de septiembre, la jubilada ha caminado durante 47 horas, divididas en once días, desde el nacimiento del Sarine, en Sanetsch, hasta su desembocadura en Golaten. El objetivo principal de su desafío no era deportivo, sino social; pues según ha declarado para La Liberté, todo el dinero recaudado será transferido a un fondo especial gestionado por la Fundación Estampille, que “desde 1988, la misión fundamental de nuestra institución es la integración de personas con discapacidad a través de un trabajo gratificante y de calidad”, informan desde su web.
Un camino de la mano de los suyos
La motivación de esta exmaestra socioprofesional, que trabajó dieciséis años en L’Estampille, ha surgido a través de una experiencia personal. Una abuela le confesó la tristeza de no poder regalarle una pulsera a su nieta. “¡Eso me hizo darme cuenta! Pensé que podría contribuir al fondo destinado a este tipo de proyectos", ha manifestado Michel-Waeber. Y es que este fondo permite cubrir pequeños sueños de los trabajadores de los talleres, con un límite de 500 francos suizos por beneficiario. “¡Una pequeña cantidad que puede significar mucho en una vida!”, ha aclarado.
A lo largo de la ruta, acompañada por familiares, amigos y personas que se sumaban para aportar ánimo o donaciones, la mujer ha pasado por diversos episodios de apoyo y complicidad. “Todo el mundo podía contribuir al proyecto mediante una donación, acompañándome en una o varias etapas, o compartiendo el enlace”. Según La Liberté, las donaciones crecieron rápidamente tras el inicio de la marcha. Este hecho ha animado mucho a Michel-Waeber, que no quería fijar una meta económica para evitar cualquier tipo de presión: “¡Es reconfortante!“, ha declarado al comprobar su éxito.
En la primera jornada, Michel-Waeber durmió con su hijo mayor en una cabaña ubicada en Prarochet, justo antes de iniciar el recorrido bajo condiciones climáticas adversas. “No importa, ¡fue un momento precioso en familia!”, expresó tras esa experiencia inicial marcada por las lluvias y la nieve. Asimismo, el descanso en casas de conocidos, alojamientos temporales y lugares emblemáticos fueron esenciales para el trayecto, aunque siempre se hizo cerca del cauce del Sarine
Más adelante, durante la travesía, pudo observar que la solidaridad de la comunidad fue constante. Concretamente, en la etapa de Montbovon, más de veinte personas la acompañaron, y en Hauterive coincidió con su hija y tres de sus siete nietos. “Momentos maravillosos para compartir”, rememoró Michel-Waeber. Hacia el final del trayecto, una decena de seguidores la escoltaron hasta Golaten, donde fue recibida con campanas y champán por un pequeño grupo de colaboradores del taller.

“No les permiten permitirse este tipo de sueños”
El perfil de los beneficiarios del fondo, según relata la impulsora del proyecto, está formado en su mayoría por personas cuya pensión por discapacidad o ayudas sociales no cubren sus deseos más sencillos, como un colgante para una nieta o un reloj inteligente adaptado con comandos de voz. “En cada familia, alguien puede verse afectado por un problema psicológico. Y no son unos aprovechados: reciben una pensión por discapacidad y, a veces, prestaciones complementarias que no les permiten permitirse este tipo de sueños”, ha destacado.
Por este motivo, y a pesar de que su camino ya ha finalizado, la cuenta de recaudación permanecerá abierta hasta finales de octubre, con la intención de financiar nuevos proyectos personales y mejorar la calidad de vida de los trabajadores de L’Estampille en Friburgo.
“Mi objetivo no era sufrir, ni alcanzar una hazaña deportiva. Quería compartir algo. Y en cada etapa había gente que me apoyaba, con una mezcla diaria de pequeñas cosas, sorpresas, encuentros increíbles y emociones bonitas, que me ayudaron a llegar hasta el final. ¡Se convirtió en una auténtica aventura humana!”. La propia Michel-Waeber confesó querer dedicar más tiempo a su familia tras la experiencia colectiva. Ahora, la Fundación Estampille será la responsable de hacer realidad los sueños de los trabajadores: un gesto pequeño, pero de gran impacto.
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