
Natalie Casey dio a luz en Nochevieja con 30 años. Su hijo, Luca, estaba sano y a salvo. Pero a Natalie le costaba respirar el analgésico. Cuando dos días después, noto un bulto en el cuello, ella preguntó a qué se podría deber. Una partera le respondió que probablemente se tratase del esfuerzo que había puesto durante el propio parto.
“Cuando se lo mostré a la matrona, me dijo que podría ser solo por haber tenido al bebé. No desapareció después de dos semanas”, comenta la madre para Mirror.
A pesar de que al principio no se preocupaba excesivamente, a medida que el bulto se iba haciendo más visible, la joven madre decidió asegurarse de que todo iba en orden. Así, acudió a su médico de cabecera y la incluyeron en el programa de tratamiento oncológico de dos semanas.
Fue en ese momento cuando Natalie se sorprendió al descubrir que tenía linfoma de Hodgkin en etapa cuatro, un cáncer de la sangre que se origina en el sistema linfático.
El diagnóstico y el tratamiento
Cuando escucho su diagnóstico por primera vez, Natalie no lo pudo creer. “Ni siquiera sabía que era cáncer de sangre. Cuando tienes a tu bebé en brazos, la noticia es aterradora. Me hicieron una biopsia que no dio resultados concluyentes y me dijeron que la única manera de darme un diagnóstico preciso era operarme para extirpar los ganglios linfáticos”.
Natalie recuerda el caos de emociones que sintió: “Tuve un bebé recién nacido, una operación y un diagnóstico de cáncer. No eran unos cuantos bultos, sino toda una zona: en el cuello, el esternón y el pecho. Estaba completamente angustiada; mi prometido perdió a sus padres por cáncer y pensé que tenía el mismo pronóstico y que estaba acabada”.
La mujer de 30 años se sometió a quimioterapia y en abril descubrió que estaba respondiendo de forma “increíble”. Ahora, tan solo le quedan dos rondas de quimioterapia y está “rezando por la remisión”.
La decisión de seguir adelante
Natalie sintió que tenía la opción de “dejar que la consumiera o disfrutar de ser madre primeriza y seguir adelante y ser fuerte por mi bebé y mi prometido”.
A pesar de todo, la madre se sentía “bendecida” por tener a su “increíble” hijo. Sin embargo, a veces le era difícil adaptarse a ser una nueva madre con sus hormonas “por todos lados”, según el citado medio.
Natalie comparte que a veces no sabe si algunas cosas se deben a las hormonas o al cáncer. “Le puede pasar a cualquiera, pero hay que intentar encontrarle el lado positivo”.
La joven madre admite que además de estar lidiando con el diagnóstico de cáncer, también se enfrenta al hecho de ser madre primeriza, algo que conlleva sus altibajos.
Natalie anima a otras mujeres a estar atentas a su salud y a no dejar pasar cualquier síntoma.
“Defiéndete y esfuérzate al máximo. Es fácil dar marcha atrás y decir que es un embarazo. Le quité importancia a mi propia salud porque estaba demasiado concentrada en el bebé. Como madre, tu bebé es tu prioridad, pero necesitas estar saludable para él”.
Ahora, Natalie Casey anima a otras mujeres a defender sus derechos y los de su salud.
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