
La relación de un famoso millonario con sus hijos es realmente compleja. La educación es todavía más primordial de la habitual, pues se enfrentan a una niñez rodeada de lujos, fotografías, eventos exclusivos y posibilidades de perder el control o la humildad. Para afrontar esta situación, algunos padres recurren a veces a darles un golpe de realidad o una lección, aunque pueda conllevar repercusión mediática.
Este es el caso de Bill Gates, cuya respuesta a su hija no ha pasado desapercibida. El fundador de Microsoft se ha animado hace poco a echar una mano en la empresa de su hija, Phoebe. El empresario contó en su perfil de LinkedIn que fue su propia hija quien le pidió participar en la startup, y él no dudó en lanzarse al proyecto.
Pero lo sorprendente no es el hecho de ayudar a su hija, sino la forma en la que lo hizo, que ha permitido un impulso al proyecto y le ha supuesto una lección vital y empresarial para Phoebe y cualquiera que se encuentre en una situación similar. Bill Gates decidió incorporarse al equipo de atención al cliente.
“La única respuesta correcta es sí”
Phoebe Gates, que estudia en Stanford, puso en marcha Phia junto a su compañera de piso Sophia Kianni. Han creado una plataforma que usa inteligencia artificial para comparar precios de ropa y accesorios, nuevos o de segunda mano, en más de 40.000 páginas web. El objetivo de Phia es ser como una referencia en el mundo de la moda, ayudando a la gente a encontrar el mejor precio de forma rápida y sencilla.
Es difícil encontrar un mejor mentor que su padre, de manera que recurrió a él para darle un impulso. “He vuelto al mundo de las startups... Cuando tu hija te pregunta si estarías dispuesto a trabajar en un turno de atención al cliente en su startup, la única respuesta correcta es sí”, escribió Gates en la red social.
El fundador de Microsoft explicó que esta experiencia le hizo recordar que “la mejor manera de entender cómo funciona algo, o dónde falla, es ir directamente a quienes lo usan”. No es común ver a un empresario de tan alto nivel volver a trabajar en un rango de menor control, alejándose de las grandes esferas.
Volver al inicio
Este tipo de acciones se está volviendo cada vez más habitual entre los grandes directivos de empresas tecnológicas y otros sectores. El jefe de Uber, Dara Khosrowshahi, ya ha llamado la atención en el pasado al ponerse a trabajar de repartidor y conductor, igual que cualquier otro empleado, para ver de primera mano los problemas y necesidades que tienen tanto los clientes como quienes prestan el servicio.
Al bajar al terreno y estar en contacto directo con la realidad diaria, los líderes empresariales pueden percibir detalles que normalmente se les escaparía desde un despacho o en reuniones. Así, comprenden mejor las expectativas de los usuarios y las dificultades de los empleados, lo que les permite tomar decisiones más ajustadas y realistas para la empresa.
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