
Un mes después del mayor apagón eléctrico registrado en España en décadas, millones de hogares han notado un repunte en la factura de la luz. La paradoja es que el precio medio de la electricidad está en mínimos por la abundancia de renovables, pero la factura sube por los costes del sistema tras la crisis.
El pasado 28 de abril, a las 16:33 horas, se produjo un apagón sin precedentes en el sistema eléctrico español. En apenas cinco segundos desaparecieron del sistema 15.000 megavatios, más del 60% de la demanda en ese momento.
Durante horas, millones de personas en España y Portugal se quedaron sin luz. Las consecuencias no tardaron en aparecer en el mercado: en cuestión de días, el precio mayorista se disparó hasta un 450%, y la factura de la luz empezó a subir a pesar de que el precio medio del megavatio hora seguía en niveles históricamente bajos.
Asegurar el sistema, el primer paso tras el apagón
Para evitar nuevas interrupciones, Red Eléctrica Española (REE) activó un modo de operación reforzado. En la práctica, eso significa que muchas más centrales de gas han sido llamadas a funcionar fuera del mercado, como reserva técnica para estabilizar la red.
Este procedimiento tiene un coste elevado que no se refleja en el precio de la electricidad, pero sí en la factura de millones de consumidores, sobre todo los acogidos a la tarifa regulada (PVPC). Por tanto, aunque el precio de la energía puede estar a cero euros durante horas, los consumidores tendrán que pagar igualmente por los mecanismos que aseguran el sistema.
Según cálculos del sector, los llamados servicios de ajuste y restricciones técnicas han aumentado casi un 60% en el último mes. Solo este concepto está elevando la factura regulada en unos 3 o 4 céntimos por kilovatio hora, lo que se traduce en entre 5 y 8 euros más al mes para un hogar medio.
El peso oculto del gas
Aunque la primavera ha sido favorable para la energía renovable, especialmente la solar, la eólica y la hidráulica, el apagón ha obligado a devolver protagonismo a las plantas de gas.
En mayo, el gas natural representó un 14,9% del mix energético nacional, un 41% más que en abril. Esta mayor dependencia de un recurso caro y volátil, condicionado por tensiones geopolíticas como la guerra en Ucrania o los recortes de producción global, está elevando los costes estructurales del sistema.
Es decir, la energía es barata actualmente gracias a las renovables, pero el gas asegura el sistema, y este seguro es el que están pagando los consumidores.
El precio baja, pero la factura sube
Los datos oficiales confirman la paradoja. En abril, la factura media de un consumidor PVPC fue de 58,62 euros, un 11% menos que en marzo. Sin embargo, en mayo, pese a que el precio medio del megavatio hora se ha mantenido en mínimos (hubo días con tarifas medias por debajo de los 5 €/MWh e incluso tramos horarios con precios negativos), la factura se ha encarecido cerca de un 8% por el aumento de los costes de ajuste.
En el mercado libre, donde los precios están fijados por contrato, el impacto aún no se ha notado de forma generalizada. Sin embargo, muchas comercializadoras están empezando a revisar sus tarifas al alza, especialmente aquellas que ofrecen tarifas indexadas al mercado. Las compañías más pequeñas ya advierten de que no podrán absorber durante mucho más tiempo estos costes extraordinarios.
¿Qué puede pasar en verano?
Con la llegada del verano, la demanda eléctrica podría volver a subir por el uso del aire acondicionado y la refrigeración industrial. Si la situación técnica del sistema no mejora y el uso del gas sigue siendo elevado, los precios podrían repuntar más intensamente.
El Gobierno y el operador del sistema eléctrico confían en que el refuerzo técnico puesto en marcha tras el apagón sea suficiente para evitar nuevos incidentes. Pero de momento, el coste de esa seguridad se está trasladando silenciosamente a los consumidores.
Un problema nacional que trasciende a las comunidades
Aunque no hay diferencias de tarifa entre comunidades autónomas dentro del mercado regulado, el encarecimiento está afectando por igual a todo el país. La factura media ha subido en Madrid, Cataluña, Andalucía o Galicia en la misma proporción. Solo en regiones con una fuerte penetración renovable, como Aragón o Castilla y León, se han visto precios algo más bajos en el mercado mayorista, pero sin repercusión directa en la factura final.
En definitiva, aunque la electricidad nunca fue tan barata, el sistema nunca fue tan caro. Y ese precio oculto e inesperado empieza ahora a llegar a los hogares españoles.
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