
Aunque las mujeres suponen algo más del 50% de la población mundial, la medicina se ha centrado históricamente en los hombres. Al igual que otras disciplinas, durante siglos la investigación médica y la práctica clínica se han basado en cuerpos, síntomas y respuestas fisiológicas masculinas, lo que ha afectado a la salud de las mujeres perpetuando estereotipos de género. De esa mirada androcéntrica habla la doctora Elizabeth Comen en su libro No seas exagerada: historia de cómo la medicina olvidó a las mujeres y por qué es importante arreglarlo, una investigación meticulosa en la que repasa, a través de los once sistemas de órganos del cuerpo, cómo los sesgos de género han causado retrasos en diagnósticos y tratamientos y una menor atención al dolor de las pacientes, entre otras desigualdades.
“A menos que esté relacionada con la aptitud reproductiva de la mujer, la medicina occidental ha estudiado históricamente la medicina predominantemente en el marco del varón de 70 kilos, lo cual ha afectado profundamente en el tratamiento que reciben las mujeres hoy en día, desde la investigación que se lleva a cabo, la biología que entendemos (o no) y, lo que es más importante, la atención que reciben”, explica en entrevista con Infobae España la oncóloga del Memorial Sloan Kettering Cancer Center en Nueva York, uno de los hospitales más destacados de Estados Unidos. Se trata de un libro con el que la autora pretende proporcionar a las mujeres las herramientas que necesitan “para exigir la atención que merecen”, pues se muestra convencida de que los profesionales de la medicina “pueden hacerlo mejor”.
La medicina, tal y como evidencia Comen con diferentes ejemplos a lo largo de la historia, no ha tenido en cuenta las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, de forma que ha obviado que las mujeres “pueden presentar enfermedades de forma diferente, como los síntomas de un infarto de miocardio”, pues en el caso femenino no se trata de un dolor intenso en el pecho que se extiende al brazo, sino de una manifestación de malestar generalizada. La medicina tampoco ha tenido en cuenta, añade la doctora, que el 80% de los casos de enfermedades autoinmunes se da en mujeres, aparte de que hay enfermedades o síndromes totalmente exclusivos de ellas, como la endometriosis.
Un legado que perdura a día de hoy
Uno de los casos que la autora destaca en el libro sobre cómo las pacientes han sido invisibilizadas es el del científico William Osler, considerado el padre de la medicina moderna, pero también “uno de los médicos que tuvo menos consideración hacia las mujeres”, sobre todo en su ámbito, la cardiología. A él le debemos, señala Comen, que la cardiopatía se diseñara con un paciente varón, mientras que las mujeres que se aquejaban del corazón “simplemente padecían neurosis, ansiedad o histeria”, un legado que aún perdura a día de hoy.
“La comunidad médica se refiere con frecuencia a los síntomas que experimentan las mujeres con cardiopatías o ataques cardíacos como ‘atípicos’, cuando ellas representan más del 50% de la población mundial y las cardiopatías son, por ejemplo, la primera causa de muerte entre las mujeres en Estados Unidos”, explica.

De hecho, añade, “las mujeres tienen más probabilidades de morir en el primer mes tras un infarto que los hombres”, una diferencia que se explica en gran parte por el retraso en el diagnóstico y por la administración de tratamientos menos adecuados, además de que tienden a acudir más tarde a los servicios de Urgencias al no identificar los síntomas como cardíacos. “Es más probable que llamen a una ambulancia cuando su marido sufre un infarto, que llamar ellas mismas al médico. Y es más probable que se las descarte por tener ansiedad cuando en realidad están sufriendo un infarto”, aclara Comen, quien también indica que la financiación destinada a comprender la biología específica de las cardiopatías femeninas “es limitada”.
Pese a todo, la experta también destaca que en los últimos años se han producido grandes avances en el ámbito de la salud femenina y en el campo del cáncer de mama, concretamente, no solo se está logrando que las mujeres puedan vivir más tiempo, “sino mejor”. “En todos los aspectos de la salud femenina hay un movimiento creciente para comprender la biología de la enfermedad e invertir en el sector público y privado para mejorar el bienestar de las mujeres”, sostiene.
Comen concluye que mejorar la salud de las mujeres “requiere conversaciones difíciles” y considera fundamental que tanto en el ámbito de la investigación como las instituciones académicas y las consultas médicas reflexionen sobre los sesgos de género para “avanzar hacia un sistema de salud mejor para todos”.
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