
A la hora de tomar decisiones, lo ideal es sopesar bien todas las opciones. Nada nuevo: objetivarlas de alguna manera, por contrastar todas las alternativas en mayor profundidad y ver mejor de qué lado cae la balanza. Hasta aquí todo bien, todo sencillo y bastante claro. El problema: cuando hay un factor emocional, un argumento sentimental, da igual qué pese cuanto. Ahí la balanza suele funcionar un poco peor.
Irse por dinero, volver por amor
Algo así le pasó a Antonio Torella, un enfermero italiano de 41 años. Según el medio italiano Corriere Della Sera, desde 2007 ejerce como tal en la Autoridad Sanitaria Local de Bolonia. En 2015, sin embargo, una oportunidad laboral le llevó a mudarse a Brighton, Inglaterra. Allí, se encontró con mejores sueldos y mejores condiciones laborales en su sector, pero, aun así, regresó a su hogar por su mujer y su hijo, que vivían todavía en Bolonia. “Pero si pudiera, regresaría a Inglaterra inmediatamente”, asegura.
Y normal, porque según cuenta, “en Italia, una enfermera que trabaja de lunes a viernes - excluyendo noches y festivos - gana aproximadamente 1.800 euros brutos al mes. En Brighton, como nuevo empleado, me llevaba a casa 2.500 euros netos al mes, y además me pagaban mis cursos de especialización y másteres universitarios”. Mientras que, en Italia, asegura que “si quieres hacer un máster para la única progresión prevista - la organizativa - tienes que pagarlo de tu bolsillo”. Y no es la única gran diferencia, de acuerdo con Antonio.

El italiano asegura que en Inglaterra “la figura de la enfermera está históricamente valorada”, lo que hace que se busque “personal cualificado, como el italiano, para mantener altos estándares sobre todo en la ratio cuantitativa de enfermeras y pacientes”. Y es que que haya un número suficiente de profesionales es una de las claves para el correcto funcionamiento de cualquier sistema sanitario.
Volvió por su mujer y su hijo, aunque cobraba más y tenía mejores condiciones
Según Antonio, en Inglaterra “por cada enfermera hay 6 pacientes”, mientras que en Bolonia y en Emilia-Romaña la proporción es de “1 (enfermera) por cada 7-8 (pacientes) y 1 por cada 13/14 para el turno de noche”. Es con el fin de mantener esas proporciones que “vienen a reclutarnos a Italia a través de agencias intermediarias, pero luego el contrato se hace directamente con el hospital. Durante un mes te dan un lugar para vivir y luego te dan un préstamo sin intereses, a devolver en tu sueldo, para cubrir el coste inicial del alquiler”.
Y no se queda ahí, porque, además, “durante los primeros 20 días después de ser contratado, además de capacitarte sobre las políticas del hospital y organizar una reunión con los sindicatos, fomentan la socialización entre colegas tanto como sea posible, con cenas y eventos pagados por el hospital”. De acuerdo con Antonio, “para el sistema de salud inglés, el objetivo principal es hacer que las personas se sientan bien e integrarlas. Intentan por todos los medios mantenerte allí”.
Y lo habrían conseguido también con Antonio, de no ser porque “cuando me fui ya tenía 30 años, un trabajo fijo en el hospital Maggiore, una mujer y un hijo. Pero cuando me fui a Inglaterra éramos 25 enfermeros reclutados por agencia y casi todos nos quedamos allí. Estoy en contacto con muchos de ellos y estarían encantados de volver a Italia, si hubiera al menos dos condiciones: un salario adaptado a las responsabilidades y al coste de vida actual; y luego la valoración de las competencias. Hay profesionales que quizás han trabajado 20 años en Inglaterra y han completado especializaciones importantes - como por ejemplo cuidados intensivos - que podrían querer volver a trabajar en el mismo ámbito de especialización. Pero con nosotros no hay posibilidad”. Debe ser tentador para Antonio, que asegura que le “siguen ofreciendo 1.500 libras a la semana para ir a trabajar en sus hospitales y mejorar mis habilidades”.
Según Antonio, ahora que tiene un rol organizativo gana “menos que cuando era enfermero en quirófano. Traigo a casa menos de dos mil euros al mes y tengo dos másteres, 5 años de universidad y 18 años de experiencia en el sector. Mi esposa también es enfermera. Es duro con el coste de vida en Bolonia, ahora nos vamos de vacaciones a Puglia en casa de mis padres. Todo ha aumentado un 40% pero nuestros salarios, no”. Y advierte: “Si no se invierte la tendencia, dentro de unos años Bolonia estará despoblada de profesionales sanitarios. Recuperemos a los que se han ido y ayudemos a alojar a los jóvenes que vengan aquí a trabajar”.
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