
Cuando algo nos hace llorar, es inevitable que tengamos que sonarnos la nariz por la cantidad de mucosa que hemos producido. A las lágrimas se les unen los mocos como fruto del llanto prolongado, pero ¿cuál es la razón detrás de este fenómeno? En este proceso, el aparato lagrimal tiene mucho que ver.
Las glándulas lagrimales segregan las lágrimas, que se encargan de mantener húmedo el ojo, nutrir el epitelio corneal, eliminar los residuos y los cuerpos extraños, evitar infecciones oculares y ayudar a enfocar la luz para que vemos con claridad.
De acuerdo con la función que realice, existen tres tipos de lágrimas, según la Clínica Baviera. Las lágrimas basales “están permanentemente en el ojo para lubricarlo, nutrirlo y proteger la córnea y actúan como un escudo permanente entre los ojos y el resto del mundo, evitando la entrada de suciedad y residuos". Por su parte, las lágrimas reflejo “se forman cuando los ojos necesitan limpiar irritantes nocivos, como humo, cuerpos extraños” y combaten bacterias. Cuando algo nos provoca una reacción emocional, ya sea de alegría o de tristeza, es cuando segregamos las lágrimas emocionales. Estas tienen un fin puramente evolutivo: despertar la empatía de los demás.
Las lágrimas han de mantener el ojo lo suficientemente húmedo para que no se seque. El sobrante de ella en parte se evapora y en parte se drena a través las vías lagrimales, que son, como define la Clínica Baviera, un desagüe natural que comunica los ojos con las fosas nasales. Constantemente, la mucosa nasal absorbe esta pequeña proporción de lágrimas.
Sin embargo, cuando lloramos, esa gran cantidad de lágrimas se desborda de los párpados y cae por las vías lagrimales hasta las fosas nasales, que no pueden absorber todo el líquido. Así, las lágrimas taponan la nariz y salen como mocos.
Además, después del llanto también es común sentir dolor de cabeza o cierta fatiga. Esto se explica porque, con las lágrimas, perdemos líquido y tendemos a deshidratarnos. Es por ello que se recomienda beber agua. También puede explicarse por una cefalea tensional, en la que los músculos se tensionan y producen ese dolor de cabeza.

Por qué lloramos cuando hace viento
Otro fenómeno muy común relativo al llanto es el lagrimeo que produce el viento. Según la explicación de los profesionales de la Clínica Baviera, "esta circunstancia se debe a que nuestro organismo detecta que la lágrima que sirve para lubricar el ojo se evapora más rápidamente por la acción del viento y, por eso, nuestras glándulas lagrimales producen más cantidad de lágrima, aunque ésta suele ser lágrima de baja calidad que no aporta los nutrientes y la protección necesaria".
Quienes padecen de ojo seco suelen sufrir más esta sensación de lagrimeo. Esta condición ocurre cuando los ojos no producen suficientes lágrimas para mantenerse húmedos o cuando las lágrimas no cumplen correctamente su función, aclara el Instituto Nacional de Salud (NIH) de Estados Unidos. Esto puede hacer que sienta incomodidad en los ojos y, en algunos casos, también puede causar problemas de visión.
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