En un periplo que desafía los límites humanos, Begoña Alday (@bedebego), atleta de 28 años e identificada como persona no binaria, se embarca en un objetivo ambicioso y único en su tipo: completar un Ironman en la Antártida, una hazaña que apenas una persona ha intentado anteriormente. Esta prueba, reconocida por su nivel de dificultad extremo, combina natación, ciclismo y maratón en un entorno hostil con temperaturas que pueden caer hasta -40 °C (-40 °F). Según relata en una entrevista a Infobae España, “esa carrera no existe”, señalando que hasta ahora ha sido realizada únicamente por un hombre y de manera individual.
En efecto, el primero y único hasta ahora en completar el reto fue Anders Hofman en febrero de 2020. Hofman completó el triatlón en 72 horas, Alday lo quiere hacer en 60. Por eso lo hará en enero, cuando es verano en la zona: “Él se quedó atrapado en una tormenta porque no lo planeó bien. Yo no cometeré el mismo error porque ya conozco la zona”, argumenta la joven vasca de 28 años.
La atleta se ha comprometido a realizar un reto de 10 etapas en 10 meses, de los cuales ya ha superado dos: un mes en Islandia y la carrera más fría del mundo, la Classic 6633 Arctic Ultra en Canadá. De hecho, ya sólo con estos entrenamientos está cumpliendo hitos, pues se ha convertido en la primera mujer en completarla.
Un reto físico y simbólico lejos de los convencionalismos
Lo que distingue a este proyecto no es solo su exigencia física, sino también el simbolismo que encierra. Alday subraya un enfoque innovador y personal hacia el reto, eligiendo no encasillarse bajo el título de “la primera mujer en hacerlo”.
Alday destacó: “A mí no me cuadraba mucho (encasillarlo como ‘la primera mujer en...’). Uno porque me considero una persona no binaria y dos porque ya quería de una vez quitarnos ese apellido de la primera mujer”, rechazando etiquetas que perpetúen estereotipos de género. Al hablar sobre el conocido nombre de la competición, añadió que escogió jugar con las palabras “IronMan” para resignificar la prueba.
Su experiencia en regiones polares, donde trabajó previamente como capitana de barco durante 4 meses, inspiró su perspectiva. La motivación detrás del proyecto, según explicó mientras hablaba, nace de “visualizar que eres capaz de hacer algo” y conectar su experiencia previa con una meta personal y transformadora.
Preparación en entornos extremos: del Yukón al hemisferio sur
Este desafío no es improvisado. Como parte de su estricta preparación, Alday ya ha enfrentado algunas de las competiciones más intimidantes del mundo. Entre los éxitos alcanzados hasta ahora, destaca haberse convertido en la primera mujer en completar la Classic 6633 Arctic Ultra, la carrera más fría del mundo. La prueba se llevó a cabo en Yukón, al norte de Canadá, en condiciones extremas de frío, donde la temperatura puede llegar a los -35 °C (-31 °F).

Canadá fue muy duro para ella. En varias ocasiones pensó: “Voy a morir aquí”. Y es que esa carrera era un entrenamiento más para su meta final, pero en cuanto pasó de los 20 kilómetros y veía que el resto de participantes contaban con una preparación de muchos más años que ella, se lo replanteó. Las noches fueron muy complicadas, lo único que la acompañaba eran “las auroras boreales”.
“Cuando la acabé, yo me tiré ahí con la esterilla y el saco y me pasé la noche llorando porque me dolían muchísimo todas las articulaciones”, confesó en referencia a los momentos más críticos de esa experiencia. A pesar de ello, aseguró que fue un hito importante en su preparación, llevándose “muy buenas sensaciones”.
Islandia también figura entre los lugares donde ha entrenado en las primeras etapas del proyecto, que tendrá una duración de 10 meses con el objetivo final puesto en enero de 2026. Próximos destinos en los planes de Alday incluyen Finlandia y Groenlandia, con el fin de continuar su adaptación al extremo frío. En una segunda etapa del proyecto, tiene previsto dirigirse al hemisferio sur, con Chile como punto de preparación final antes de emprender su aventura en la Antártida.
Natación en aguas gélidas: el desafío crucial
Entre los tres componentes del triatlón, Alday identifica la natación como la disciplina más desafiante debido a las posibilidades de hipotermia. “Muchas veces, aunque tú quieras, el cuerpo no da porque entra en hipotermia”, explicó. El entrenamiento en climas fríos incluye no solo la preparación física y la capacidad mental, sino también el trabajo técnico para enfrentarse a temperaturas extremas en el agua.
Así, Alday divide su preparación en dos aspectos principales. Por un lado, los entrenamientos tradicionales enfocados en triatlón, que incluyen natación, ciclismo y musculación; por otro, la resistencia y adaptación a condiciones físicas extremas que apenas unas pocas personas en el mundo se han atrevido a enfrentar.
La atleta se embarca el próximo mes en su siguiente reto para entrenar a sus pulmones a luchar contra la congelación bajo el agua: “Ahora me voy a Finlandia también en unos días a entrenar ahí con una chica que hace buceo en apnea, bajo hielo”.

Se va con una leyenda en el sector: Johanna Nordblad, la mujer que batió en 2015 el récord mundial femenino de apnea bajo hielo, recorriendo, en tan solo 55 segundos, 50 metros, conectando dos huecos que habían sido previamente perforados en una densa capa de hielo de más de 30 centímetros de grosor. El agua estaba congelada y, casi sin luz, enlazó los dos puntos sin asistencia respiratoria y vestida con un simple bañador.
El precio del sueño: esfuerzo físico y económico
Además de los sacrificios físicos, este reto implica enormes costos económicos. La inscripción al evento canadiense por sí sola supera los 3.000 euros. A este monto, se suman los gastos relacionados con equipos especializados, logística y entrenamiento en diferentes países. La deportista hizo hincapié en las dificultades adicionales que a menudo se pasan por alto: “Algunas personas no entienden lo complejo que es no solo entrenar, sino también conseguir todo el dinero, sponsors y la logística necesaria”.
No es capaz de dar una cifra para la fase final del proyecto, porque uno de sus objetivos es capturar su historia en un documental, y pagar a todo el equipo técnico que tendrá que acompañarla en su hazaña “no es nada fácil”. Sin embargo, bromea diciendo que “si alguien tiene un millón de euros para poder irme la semana que viene a la Antártida, me voy”.
Para Alday, este esfuerzo no es solo acerca de la meta, sino del camino que recorre. La atleta recordó cómo incluso desde su juventud se enfrentó a desafíos físicos y emocionales intensos. “Yo decido con 18 años en el ejército escoger la infantería, que dentro del ejército es como lo más duro... Luego, pasé a la marina mercante”. Después de años navegando sola, llegó a vivir en un barco reparado por ella misma, demostrando ya un interés por superar sus propios límites.
Un proyecto de inspiración humana
Más allá de las complejidades deportivas, la misión de Alday busca inspirar a otras personas a descubrir su potencial y desafiar ideas preconcebidas de lo que es posible. “Mi familia hace muchos años que se rindió”, confesó entre risas, refiriéndose a cómo sus decisiones y proyectos han superado expectativas tradicionales.
Agregó que su trayectoria en carreras y experiencias extremas no es fruto del azar, sino el resultado de años de preparación: “No te levantas un día y haces esto”.
El Ironman en la Antártida, que Begoña se plantea para enero de 2026, no solo desafía barreras geográficas y físicas, sino también sociales y culturales. Alday cristaliza así un proyecto único que mezcla ambición personal, innovación, compromiso y un mensaje de superación que trasciende el ámbito deportivo.
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