
Se conoce como filantropía como un sentimiento de “amor al género humano”, de tal modo que, según la Real Academia Española, el filántropo es aquel “que se distingue por el amor a sus semejantes y por sus obras en bien de la comunidad”.
A día de hoy, esta palabra se utiliza para calificar a aquellas personas que realizan donaciones a causas benéficas. Donaciones que, por otro lado, se miden de forma cuantitativa: la cantidad es la que dictamina cuán filantrópica es la persona, sin importar si tal entrega de dinero o de bienes afecta mucho o poco a su propia economía. A veces, incluso, la llamada filantropía es solo una forma de mejorar la imagen de cara a la opinión pública, o como diría el filósofo esloveno Slavoj Zizek: “El buen karma como moneda de cambio”.
Una millonaria donación anónima
En otras ocasiones, en cambio, la filantropía puede no esconder ningún tipo de compensación a cambio. Es el caso de la organización benéfica Scottish Wildlife Trust, una sociedad sin ánimo de lucro conocida por comprar y conservar pequeñas reservas naturales, que ha podido comprar la finca de Inverbroom, una enorme propiedad de más de 7.600 hectáreas en Escocia gracias a un benefactor anónimo.
Scottish Wildlife Trust pretende crear en esta zona un entorno de recuperación de la naturaleza, con un bosque en el que se integren numerosas especies de clima templado y lluvioso atlántico, lo cual permitirá trabajar en la restauración forestal y la conservación de especies animales, como los ciervos o el urogallo, cuya caza es un problema muy agudizado en la región.
Esta persona, cuyo nombre y otros datos personales se desconocen por completo, les envió un total de 17 millones y medio de libras, o lo que es lo mismo, algo más de 21 millones de euros. “Una donación histórica”, ha asegurado la directora ejecutiva de Scottish Wildlife, Jo Pike, en una entrevista concedida al medio británico The Guardian.
Una gran cantidad para construir un proyecto a largo plazo
Se trata de lejos, de la mayor donación que ha recibido la fundación desde su creación, así como una de las mayores cifras entregadas jamás a un organismo de conservación ecológica en el Reino Unido.
Ella, que tuvo la posibilidad de hablar con la persona que había dado el dinero para comprar la finca, explicó que esta se había mostrado “apasionada” por el proyecto de restauración que la organización iba a realizar. Y es que, además del dinero para hacerse con el terreno, el donante también dio liquidez para cubrir los gastos de cara a los próximos años, donde serán necesarios continuos trabajos de mantenimiento y conservación.
La propiedad cuenta además con una importante construcción de 11 habitaciones y una piscina cubierta: un palacio de justicia cuyo origen se remonta a la Edad Media, y que pasará a convertirse en un alojamiento vacacional ecológico para recaudar fondos. “Vemos muchas posibilidades de restauración de la naturaleza, que combinan beneficios para la naturaleza con beneficios para las personas”.
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