
La figura del testamento ológrafo es una de las más complejas que existen en la jurisprudencia española, y eso hace que muchos profesionales de la abogacía tengan diferentes puntos de vista con respecto a su utilización y alcance, y que, de hecho, haya habido cambios en las competencias que la tratan.
Por un lado, está el hecho de que la caducidad de este testamento no es absoluta y, de existir, requiere matices específicos.
Sin embargo, el artículo 689 del Código Civil Español, que regula la protocolización de este tipo de testamentos, ha sido objeto de interpretaciones divergentes, especialmente tras la sustitución de la competencia judicial por la notarial en este ámbito.
Según el CC, el testamento ológrafo debe ser protocolizado dentro de los cinco años posteriores al fallecimiento del testador, pero en ese sentido plantea interrogantes sobre las consecuencias de no cumplir con este plazo. Mientras que la redacción anterior del artículo 689 establecía que la falta de presentación en tiempo lo invalidaba, la normativa actual no especifica tal repercusión, lo que ha llevado a cuestionar si realmente se puede hablar de una caducidad en sentido estricto.
El papel del tiempo en las relaciones jurídicas
Hay temas relevantes en el día a día de los profesionales del derecho, y uno de ellos es el papel del tiempo en este tipo de discusiones. La caducidad y la prescripción, aunque relacionadas con el tiempo, tienen características y efectos distintos.
Por un lado, la caducidad, aplicada de oficio por los tribunales, extingue derechos por inactividad y no admite interrupciones. Por otro lado, la prescripción, que debe ser alegada y probada, no extingue el derecho en sí, sino que puede generar una mutación en la titularidad del mismo, como ocurre en la usucapión.
En el caso del testamento ológrafo, el tiempo juega un papel crucial, pero no necesariamente implica la extinción del derecho. Según el artículo 743 del Código Civil, los testamentos solo caducan o son ineficaces en los casos expresamente previstos en el Código, lo que excluye al testamento ológrafo de una caducidad automática por no protocolizarse en el plazo establecido.
Ahora bien, también hay que tener en cuenta la figura del tercero, un sujeto jurídico que puede interactuar con las relaciones sucesorias y testamentarias.
Este tercero, que puede ser de buena fe, se relaciona con el testamento ológrafo confiando en su apariencia de legitimidad. La buena fe, definida como la ignorancia o creencia en la legitimidad de un acto, adquiere relevancia en casos donde el heredero aparente y el heredero real entran en conflicto.
En este sentido, la dinámica del tercero puede influir en la interpretación de la caducidad del testamento ológrafo, especialmente cuando este tercero ha actuado confiando en la validez del documento. Esto refuerza la necesidad de un análisis más profundo sobre las consecuencias de la no protocolización en tiempo, que es precisamente lo que causa tantas dudas.

La autonomía del testamento ológrafo dentro del derecho sucesorio
El testamento ológrafo, además, se caracteriza por ser escrito y firmado de puño y letra por el testador, y esto hace que sea considerado una figura autónoma dentro del derecho sucesorio. A diferencia del testamento abierto, que se otorga en presencia de un notario, el ológrafo es reservado y secreto, lo que lo distingue también del testamento cerrado.
El artículo 688 del Código Civil establece los requisitos formales para la validez del testamento ológrafo, como la autografía, la firma y la fecha de otorgamiento. Y de hecho la falta de cumplimiento de estos requisitos lo invalida, pero no se menciona la caducidad como causa de ineficacia.
Esto refuerza la tesis de que la no protocolización dentro del plazo de cinco años no afecta necesariamente a la validez del testamento, sino que podría derivar en otras consecuencias legales.
Uno de los puntos más controvertidos del debate que mantienen los juristas, es la interpretación del artículo 704 del CC, que establece que los testamentos otorgados sin autorización notarial serán ineficaces si no se elevan a escritura pública y se protocolizan según la legislación notarial. Aunque este artículo se encuentra en la sección dedicada al testamento abierto, su redacción ha generado dudas sobre si también aplica al testamento ológrafo.
No obstante, muchas voces argumentan que el testamento ológrafo no puede considerarse un testamento abierto, ya que su naturaleza es distinta. Además, señalan que el artículo 704 debe interpretarse en el contexto de los testamentos en peligro inminente de muerte o en caso de epidemia, donde la caducidad está expresamente regulada.
¿Cuál es la conclusión, entonces? Que a pesar de las diferentes interpretaciones, es crucial interpretar los artículos 689 y 704, así como el artículo 61.3 de la LN, con un enfoque sistemático y coordinado que tenga en cuenta los principios de seguridad jurídica, tutela judicial efectiva y respeto a la voluntad del testador.
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