
¿Quién no ha soñado con conducir un Ferrari aunque sólo sea durante unos minutos? (En realidad, mucha gente no ha soñado nunca con ello, como las personas sin carnet de conducir ni interés por los coches, como el autor de este artículo, pero por el bien del texto fingiremos que la pasión por los Ferrari es universal). Este taxista británico se encontraba entre esos soñadores, y cuando tenía su deseo al alcance de la mano, renunció a él.
La historia es la siguiente: un taxista de Guernsey, una isla del Canal de la Mancha que pertenece al Reino Unido —en la que viven cerca de 63.000 personas y conocida por ser el lugar donde Víctor Hugo escribió Los Miserables y porque hoy es un paraíso fiscal— compró hace unas semanas un número de lotería para una rifa por internet en la que se sorteaba un Ferrari. Había pagado 19 peniques por el billete, equivalentes a 24 céntimos de euro, así que hizo la compra por entretenerse, consciente de que sus posibilidades de ganar eran prácticamente nulas.
Y sin embargo, ganó. El premio era un Ferrari 488. “Está dotado del motor V8 más potente de la historia de la marca de Maranello y es el deportivo serie especial con el nivel más elevado de transferencia tecnológica procedente del mundo de la competición”, afirma la propia empresa acerca de este vehículo. “Su rendimiento es de una aceleración de 0 a 100 km/h (62 mph) en 3 segundos, 0 a 200 km/h (124 mph) en 8.3 segundos, cubriendo el 1/4 milla (402 m) en 10.45 segundos, de 0 a 1 km (0,62 milla) en 18.7 segundos y continuando a una velocidad máxima superior a los 330 km/h (205 mph)”, añade su entrada en Wikipedia.
“Sin palabras”
Todo muy bonito, aunque no demasiado útil en una isla de solo 60 kilómetros cuadrados como Guernsey. Lo que sí era útil para Gatis Ruiga —este es, aparentemente, el nombre del protagonista de esta anécdota— era el valor del vehículo: 300.000 euros, aunque el modelo sorteado era usado y su valor rondaba los 175.000 euros. En realidad, es un Ferrari ‘barato’: recientemente, un vehículo de la marca italiano ganador de las 24 horas de Le Mans en 1965 se vendió por 35 millones en una subasta de la prestigiosa casa Sotheby’s.
Por ello, cuando se enteró de que había ganado esta rifa, sus palabras fueron: “No tengo palabras”. Según recoge el medio deportivo italiano FanPage, el afortunado añadió: “Mi cerebro dejó de funcionar”, dijo al encontrarse frente al bólido de la casa de Maranello, equipado con un motor V8 biturbo de 3.9 litros, capaz de generar una potencia de 670 CV y alcanzar una velocidad máxima de 330 kilómetros por hora.
Finalmente, Gatis Ruiga decidió rechazar el coche a cambio de una suma de dinero ligeramente inferior al valor actual del Ferrari 488. El motivo: tenía un sueño más grande que cumplir. Utilizará el dinero ganado para iniciar su propia compañía de taxis y liquidar la hipoteca de su casa.
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