
La estética del cuerpo es, desde hace siglos o incluso milenios, una cuestión clave en el funcionamiento de todas las sociedades. Cada época y lugar cuentan con una serie de cánones, con los que incluso puede existir una obsesión, aun a riesgo de la integridad física y psíquica de las personas.
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En los últimos años, un elemento que ha cobrado especial importancia es la dentadura. A la cada vez mayor presencia de los aparatos en edades tempranas, hay que sumarle los diferentes tratamientos y técnicas para alcanzar la ansiada ‘sonrisa perfecta’, algo para lo que el tono blanco de los dientes es, para muchos, un ingrediente imprescindible.
Un uso muy extendido
Los blanqueadores dentales contienen un componente llamado peróxido de hidrógeno, una sustancia más conocida como agua oxigenada que es utilizada también en la industria para blanquear papel y textiles, además de para elaborar otros productos químicos. Además, se puede encontrar en las lentes de contacto -lentillas-, puesto que también se utiliza para desinfectarlas.
“El peróxido blanquea los dientes al pasar al diente y reaccionar con moléculas que causan manchas o decoloración”. Así, cuanto más se emplea, mayor es su efecto, lo que no libra a los dentistas de tener que “diagnosticar la causa de las manchas, comprobar si los pacientes tienen otros problemas de salud bucal y aconsejarles sobre la mejor forma de tratar este problema estético”, tal y como se especifica en una evaluación realizada por el Comité Científico de Productos de consumo de la Comisión Europea.
De este modo, el agua oxigenada y derivados (como el peróxido de carbamida, también empleado en el sector de la estética) se utilizan con frecuencia e incluso se facilitan sin receta para su uso doméstico, además de ser aplicados en los consultorios. Una difusión masiva que, no obstante, no debe obviar que su consumo puede conllevar ciertos riesgos que incluso han provocado que exista una regulación a nivel europeo.
Irritación, heridas y un crecimiento de las células cancerígenas
El Comité destaca algunos riesgos que puede tener el uso indiscriminado del peróxido de hidrógeno, un compuesto que en grandes dosis incluso puede “ser letal para los seres humanos”. Esto quedó demostrado, por ejemplo, con la muerte de un niño de 16 meses que accidentalmente ingirió una dosis única de un recipiente con la tapa agrietada, provocándole un edema en los pulmones y la entrada de sangre espumosa en el corazón, entre otras cosas.
Por otra parte, los estudios con animales han demostrado que una concentración superior al 0,1% ya puede conllevar “riesgos potenciales para el consumidor”, como la irritación de los ojos, la piel, el interior de la boca, el estómago y el intestino. Además, desde el Comité se señala que “el peróxido de hidrógeno puede actuar como un promotor débil del cáncer, lo que significa que puede estimular ligeramente el crecimiento o la multiplicación de las células cancerosas”, sobre todo si se repiten los tratamientos. “Esto puede ser preocupante, ya que los fumadores son candidatos probables para el blanqueamiento dental”.
Sin embargo, si se lleva a cabo un consumo responsable, “el uso de dentífricos, enjuagues bucales y blanqueadores dentales que contengan hasta un 0,1% de peróxido de hidrógeno no supone ningún riesgo para la salud del consumidor”. Este porcentaje es, de hecho, el límite establecido de la cantidad de este compuesto en los productos de higiene bucal, si bien en Estados Unidos se venden con concentraciones más altas, pese a los riesgos que conlleva.
Con todo, desde el Comité señalan que, siempre que no se supere una concentración del 6%, los riesgos potenciales de los blanqueadores dentales con agua oxigenada “pueden limitarse” si el tratamiento “se realiza correctamente con la aprobación y bajo la supervisión de un dentista” que tenga en consideración “la situación específica de cada individuo”. Del mismo modo, indica que “es necesario realizar más investigaciones” para procurar conocer los efectos en tiempos más prolongados.
Por último, si el blanqueador contiene una concentración superior al 6%, su consumo ya no se considera seguro, por lo que es importante, en caso de adquirirlo en algún establecimiento sin receta, fijarse en este porcentaje para evitar problemas de salud a corto, medio y largo plazo.
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