
Este 29 de abril Pedro Sánchez ha puesto fin a cinco días de especulaciones. Fue el miércoles 24 cuando a través de una carta a la ciudadanía comunicó su necesidad de “parar y reflexionar”. Los ataques de la derecha y la ultraderecha hacia él y hacia su mujer, Begoña Gómez, sumados a la denuncia por supuesto tráfico de influencias que el colectivo Manos Limpias interpuso a esta última, hicieron que Sánchez se plantease su permanencia en el cargo.
“He decidido continuar, con más fuerza si cabe”, ha sentenciado en su discurso. Con esta frase ha dinamitado las divagaciones sobre su dimisión como presidente del Gobierno de España. Una alternativa que llevaba desde el miércoles protagonizando las apuestas sobre el futuro político de España. En este contexto, en previsión a este desenlace, son muchos lo que han optado por revisar la historia nacional para conocer los precedentes que podía tener Sánchez en este sentido.

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La dimisión de Adolfo Suárez
“Un político que además pretenda servir al Estado debe saber en qué momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior al precio que siempre implica el cambio de la persona que encarna las mayores responsabilidades ejecutivas de la vida política de la nación”, estas fueron las palabras con las que Adolfo Suárez anunció su dimisión como presidente del Gobierno en 1981.
Suárez es el único que ha dado este paso en la historia de la democracia española. De esta forma, su decisión paradigmática ha sido sujeto de fuertes análisis durante décadas. Y el resultado es que no hay una única concusión: fueron muchas las causas que llevaron a Adolfo Suárez a dimitir.
Según los historiadores, el partido del expresidente, la Unión de Centro Democrático (UCD) se encontraba en una situación precaria, marcada por profundas discrepancias internas, la pérdida de respaldo dentro de sus filas y un evidente proceso de desintegración. Pero este no fue el único problema al que Suárez tuvo que hacer frente. A las tensiones internas, se sumaban las crecientes especulaciones sobre posibles movimientos militares y la deteriorada relación entre Adolfo Suárez y el rey Juan Carlos I.
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“Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España”, expresó en su discurso, dónde remarcó que nadie le había pedido que abandonara su cargo.
“No me voy por cansancio. No me voy porque haya sufrido un revés superior a mi capacidad de encaje. No me voy por temor al futuro. Me voy porque ya las palabras parecen no ser suficientes y es preciso demostrar con hechos lo que somos y lo que queremos. Nada más lejos de la realidad que la imagen que se ha querido dar de mí con la de una persona aferrada al cargo. Todo político ha de tener vocación de poder, voluntad de continuidad y de permanencia en el marco de unos principios”, aseveró.
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