Daniel Sancho ya forma parte del plantel de presos que viven en la cárcel de Koh Samui District Prison. Ubicada en el sur de la isla de Koh Samui, esta prisión, según el abogado del joven, Khun Anan, no es de las peores de Tailandia y, sin embargo, sorprende por sus condiciones precarias, ya que está superpoblada.
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El joven ya ha pasado ahí su primera noche y ha podido descubrir cómo es, a grosso modo, el que será su hogar al menos durante una temporada y es que debido a los plazos de la justicia tailandesa su sentencia podría demorarse entre varios meses y un año durante los cuales el cocinero tendrá que estar entre rejas. Pero antes de “planear su vida en prisión”, como ha dicho su letrado que quiere hacer, Daniel tiene que cumplir con el protocolo covid y pasar diez días totalmente aislado. Terminado ese tiempo, sus padres le podrán visitar y él empezará una nueva rutina.

Rutina
Cuando ya esté integrado, el día del hijo de Rodolfo Sancho comenzará las seis de la mañana con el silbato del guardia de turno, que hará las veces de despertador. Media hora después se hará el primer reencuentro de presos y posteriormente podrán ir al baño. Un momento de pequeño caos dado que 40 hombres coincidirán en un baño con “16 duchas y dos abrevaderos”.
El segundo reencuentro tiene lugar dos horas después, tras el himno de Tailandia y diferentes oraciones budistas. Después se ponen el uniforme, —de color azul para los conflictos y marrón para los que están en preventiva—. A continuación, pasan a desayunar. Una comida que unos antiguos presos entrevistados por la bloguera Mia Escobud definieron como un “arroz desagradable y caldo maloliente”.

La comida se sirve al mediodía y también está compuesta por arroz más algunos huesos de pollo. Aquellos que tengan dinero pueden pedir comida del exterior por unos tres euros. Terminado el almuerzo tiene lugar el cuarto reencuentro y los presos disponen de tiempo libre para hacer deporte en un gimnasio compuesto por un “bloques de hormigón sobre una barra metálica y botellas de agua con arena”. De 15 a 16 de la tarde disponen de “tiempo libre” y los reclusos bien pueden jugar al ajedrez, a la petanca o hacer ejercicio.
Según los expresos, a partir de esa hora deben volver a sus celdas, donde no hay camas y la única comodidad son tres mantas que tienen que amoldar para que hagan las veces de sábana, colcha y almohada. La cena es la misma que la cocina, arroz, caldo con huesos y, con suerte, algo de pollo. El momento de la ducha es de cinco a nueve de la noche y, como el resto del día, también está marcado por la precariedad y es que es más que posible quedarse sin agua.
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