
Hace dos años, su hija Charlotte le dedicó un documental. Se llamaba Jane por Charlotte. En él, la hija de Jane Birkin y de Serge Gainsbourg reconocía que siempre había intentado distanciarse del peso de la herencia familiar. Hasta que falleció su hermana Kate Barry. Fue hace diez años, y eso marcaría para siempre a su madre, que poco a poco fue distanciándose de la vida pública y aislándose en sus recuerdos.
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Jane Birkin nació en Londres y vivió la vibrante eclosión del Swinging London. Ella fue una de sus musas, una de sus modelos, introduciendo su figura distintiva, su diastema en los dientes, sus infinitas piernas a golpe de la recién instaurada minifalda y su flequillo, como símbolo de una generación que había llegado para romper moldes. Inició una carrera como actriz siendo todavía menor de edad, en la época del free cinema, que conectaba a la perfección con las vanguardias expresivas y estilísticas del momento. Apareció sin acreditar en El Knack... y cómo conseguirlo (1965) y más tarde en Blow-Up . Deseo de una mañana de verano, en la que escandalizó con un desnudo.
Rumbo a Francia
Por aquél tiempo conoció al compositor John Barry y con 19 años se casaron y poco después nacería su hija Kate. Ese matrimonio fue un auténtico desastre, así que Birkin puso tierra de por medio y se marchó a Francia, donde poco tiempo después terminaría instalándose tras conocer a Serge Gainsbourg, con el que formaría pareja artística y sentimental.
Juntos se encargaron de erotizar al personal con sus canciones jadeantes (como Je t’aime... moi non plus, un clásico inmediato), con sus videoclips sexys, con sus respectivos carismas y con su actitud provocativa y carnal. Aquello fue una unión de fuego y como tal, estaba destinada a la combustión. Al menos, en 1971, nacería su hija Charlotte Gainsbourg destinada a sacar lo mejor de sus progenitores.

Birkin combinó de forma prodigiosa la música y la interpretación. Gainsbourg compondría algunos de sus primeros álbumes, como Baby alone in Babylone, que se convertiría en un éxito, pero poco a poco fue volando sola, y en 1999, sacaría su primer album sin ninguna canción de su ex marido, que incluye temas maravillosos como Le clés du Paradis.
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Pero Birkin también demostró tener un excelente buen gusto a la hora de rodearse de los mejores artistas del momento y su aliento feminista y reivindicativo la llevó a mantener una preciosa relación profesional con Agnès Vardá, con la que colaboró en Kung Fu Master! que no dejaba de ser un retrato medio ficticio del momento vital de la artista después de cumplir los cuarenta años y en la que aparecían sus hijas, Charlotte y Lou Doillon y se completaría con Jane B. por Agnès V. Gracias a la directora descubrimos a otra Jane Birkin, ya liberada de las sombras del pasado, empoderada y reivindicando su madurez a golpe de talento.
En 2016 logró en el Festival de Locarno un premio en reconocimiento a toda su carrera. Nunca fue lo suficientemente premiada como actriz, a pesar de sus grandes interpretaciones en películas como La bella mentirosa, de Jacques Rivette o aquel maravilloso reencuentro crepuscular que tuvieron en El último verano (2009).
Multitud de intereses artísticos
Dirigió algunos trabajos y la película Boxes (2007), que también tenía un carácter autobiográfico y en la que aparecían Geraldine Chaplin, Michel Piccoli entre otras muchas celebrities del nuevo y viejo cine francés. En realidad, parece como si Jane Birkin siempre hubiera tenido la necesidad de contarse, de justificarse a sí misma, aunque cuando pasaba por el filtro de la mirada de los demás, lo que le devolvían eran solo respeto, admiración y ganas de reivindicarla.
Su hija Charlotte quiso también dedicarle a su madre una carta de amor en Jane par Charlotte. La siguió en una de sus últimas giras, le hizo preguntas incómodas y Birkin primero calló, y después quiso por fin ahondar en los silencios que se habían perpetuado entre ellas. Quizás, esta pieza documental, sea el regalo a modo de memoria más bonito y emocionante que se pueda tener sobre la gran y eterna Jane Birkin.
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