La pobreza de 40% es un piso: qué se espera luego de la devaluación y el impacto inflacionario

El dato del Indec de ayer –el más alto registrado desde el pico del 42% alcanzado durante la crisis de la pandemia en 2020– no refleja los movimientos económicos que se dieron luego de las PASO

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Un hombre busca en la basura algo útil en Tucumán (AP Foto/Natacha Pisarenko)
Un hombre busca en la basura algo útil en Tucumán (AP Foto/Natacha Pisarenko)

El 40,1% de pobreza informado por el Indec para el primer semestre de 2023, con poco más de 18,6 millones viviendo en esa condición, de los cuales poco más de 4,3 millones lo hacen en situación de indigencia, refleja de manera incontrastable la muy mala situación económica y social de la Argentina.

Peor aun es el hecho de que no alcanza a reflejar el empeoramiento de la situación socio-económica del país desde mediados de agosto, cuando tras la derrota en las elecciones primarias el gobierno devaluó el tipo de cambio oficial y se aceleró el ritmo de aumento de los precios, haciendo que la inflación minorista de agosto cierre en 12,4% y deje además un “efecto de arrastre” que asegura también que la tasa de inflación de septiembre será otra vez de dos dígitos.

En tales condiciones, el número de personas que no eran pobres en el primer semestre pero ya pasaron a serlo (porque no llegan a cubrir el valor de la “Canasta Básica Total” que marca la “línea de pobreza”) y también el número de indigentes (aquellos que no llegan a cubrir la “Canasta Básica Alimentaria”), aumentó, y lo seguirá haciendo en los próximos meses, aunque el dato oficial que lo confirme, correspondiente al segundo semestre de este año, se conozca recién hacia fines de marzo del año que viene.

“Los datos de pobreza e indigencia del primer semestre deberán tomarse como un piso para este año”, resumió la consultora LCG, que además precisó que de una lectura más atenta del informe surge también que los hogares que ya eran pobres (antes del primer semestre) ahora son incluso más pobres, porque de cubrir con sus ingresos el 66% de la canasta básica total, pasaron a cubrir el 62% y estar más lejos que antes de salir de la condición de pobreza. También los indigentes se volvieron levemente más indigentes: pasaron de cubrir 66,4 a 66% de la canasta alimentaria, quedando $31.400 (por persona) debajo de la “línea de indigencia”.

En los últimos meses, y más aún desde agosto, la aceleración de la inflación va empujando hacia arriba los valores de las canastas que mide el Indec y sumergiendo a más personas en la pobreza y la indigencia “por ingresos”.

Fuente: Indec
Fuente: Indec

Así lo pone LCG: “Las condiciones empeoraron sensiblemente en la segunda mitad. La aceleración de la inflación, navegando en los dos dígitos, erosiona el poder adquisitivo de los salarios y de los programas de ingresos del Gobierno (AUH, AUE, potenciar trabajo, PNC, etc). Las medidas de corte estrictamente electoral que está ofreciendo el Gobierno en la previa a las elecciones podrá moderar el impacto, pero ciertamente corre muy atrás de la dinámica de los precios, sobre todo lo de la canasta básica”, explicó en un informe.

“El dato de pobreza fue ‘bueno’. Quiero decir, con este nivel de inflación (el que hubo hasta junio, que excedió significativamente al esperado por el gobierno), es lo mínimo que se esperaba. Además, desaceleró el crecimiento respecto a 2022. No se espera lo mismo en adelante”, señaló por su parte Leonardo Tornaroli, economista del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y sociales (Cedlas) de la Universidad de la Plata, que sigue en particular los temas de pobreza y desigualdad.

Del mismo modo, Martín Rozada, investigador de la Universidad Torcuato di Tella, que también investiga las condiciones de vida de la población y realiza un “nowcast” (suerte de proyección actualizada a los datos más recientes) utilizando información del Indec, recordó que él había anticipado que la pobreza del primer semestre sería del 41,5% y proyectó ahora que la tasa de pobreza del bimestre julio-agosto sería ya del 43,1 por ciento.

Haciendo una comparación histórica y una proyección inflacionaria a la vez, Esteban Domecq, director de la consultora Invecq recordó cuando a mediados de 1975 voló por los aires la política de control de precios y salarios y el “Pacto Social” aplicados por Héctor Cámpora y Juan Domingo Perón en la etapa inicial del tercer gobierno peronista.

“El 12,4% de inflación en agosto va a quedar en la historia económica. Con ese registro la inflación anual alcanzó 124,4%, un nivel que no se observaba desde agosto de 1991. Sí, es el comienzo… La pregunta es dónde termina”, señaló.

Domecq recordó que debido a aquel intento “intento fallido” de sinceramiento de precios relativos, la inflación promedio mensual pasó de 8% en el semestre previo a junio 1975 al 20% al semestre posterior (con picos de 38%), y la inflación anual pasó de 120% a 700%. Eso fue el “Rodrigazo y al entonces ministro de Economía, Celestino Rodrigo se le cargó todo el descalabro gestado en los años previos. De Gelbard y Morales nadie habla, recordó Domecq, y traspoló aquella dinámica al presente. “Ese era el objetivo del ‘Plan Llegar’. Pero no llegó. La historia es diferente esta vez. La pregunta, vuelvo al principio, es dónde termina”, planteó Domecq, apuntando a los riesgos de espiralización inflacionaria y deterioro socioeconómico en marcha.

Cabe precisar que la Canasta Básica Total (CBT) que marca la “línea de pobreza” para el primer semestre se estimó en $74.082 “por adulto equivalente”, un aumento interanual de 121.6% respecto del primer semestre de 2022.

El informado ayer por el Indec es el porcentaje de pobreza más alto registrado desde el pico del 42% alcanzado durante la crisis de la pandemia en 2020, pero economistas y expertos en cuestiones sociales creen que la situación del segundo semestre será claramente peor, debido a la aceleración de la inflación, ya proyectada en más del 180% para este año.