
La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, expresó esta semana que la actual recesión será la peor desde la crisis mundial de 1929.
¿Cómo encontró aquel crack financiero a la Argentina? ¿Cuáles fueron sus consecuencias sobre la inserción internacional del país que había comenzado a fines del siglo 19 y, en particular, sobre los cambios políticos de fines de la década del 20? ¿Y en qué se parecen estas dos situaciones? Infobae buscó las respuestas de historiadores argentinos.
Así como la Argentina sufrió mucho las consecuencias de la Primera Guerra Mundial (con una fuerte caída en su PBI en tres de los cuatro años del conflicto), a partir de 1918 se recuperó con fuerza y registró solo una caída del 0,4% en 1924, según explicó Mario Rapoport en el libro “Historia Económica, política y social de la Argentina”. De hecho, en 1928 creció el 6,2% y en 1929 el 4,6%, aunque en 1930 caería el 4,1 por ciento.
En tanto, Pablo Gerchunoff y Lucas Llach explicaron en el libro “El Ciclo de la Ilusión y el Desencanto” que “durante los años 20, la Argentina creció más que Estados Unidos, Canadá y Australia, tanto en términos per cápita como globales”.
Pero, como explicó Rapoport, dada la fuerte conexión comercial y del flujo de capitales, el país sufriría a fines de la década del 20 en su balanza de pagos por la caída del precio y los volúmenes de las materias primas que exportaba. Este problema derivó en medidas restrictivas que luego dieron origen a la estrategia de sustitución de importaciones durante los gobiernos militares de la década del 30, aunque se suele ubicar este hecho a mediados de los años cuarenta.

Gerchunoff y Llach sostuvieron al respecto que “tras el manso período de Marcelo Torcuato de Alvear, bendecido por años de bonanza económica y calma política, Hipólito Yrigoyen volvió al poder con un masivo apoyo en la opinión pública, que tardaría poco en menguar, tanto que su forzada caída no fue un acontecimiento del todo impopular”.
Por su parte, Roberto Cortés Conde sostuvo en “La Economía Política de la Argentina en el Siglo XX” que “la caída notable de las exportaciones condujo, aunque con algún rezago, a la de las importaciones y arrastró una drástica baja de los ingresos del fisco constituidos por impuestos a las exportaciones”.
“La crisis de 1929 en los Estados Unidos repercutió en la Argentina con la inmediata y continua salida de oro de la Caja de Conversión. Como resultado del ingreso de fondos del exterior, entre 1926 y 1928 las reservas de oro de la caja habían aumentado un 30%. En un solo año, en 1929, cayeron un 25%. Debido a esto, el gobierno de Yrigoyen decidió en agosto de 1929 suspender la convertibilidad, repitiendo una medida que se había tomado durante la Primera Guerra Mundial”, expresó Cortés Conde en “Progreso y declinación de la economía argentina”.
Darío Judzik (Economista y profesor de la escuela de gobierno de UTDT e investigador asociado al CEPE-UTDT) y Alejandro Gómez (Doctor en Historia y Profesor de la Ucema), dialogaron con Infobae sobre aquellas circunstancias y sus similitudes y diferencias con la actualidad.
- ¿En qué situación económica encontró la crisis del 29 a la Argentina, que había sufrido importantes consecuencias por la Primera Guerra Mundial?
- Darío Judzik: A nivel internacional, la gran depresión fue el golpe macroeconómico más severo del Siglo 20. Sin embargo, en la Argentina fue mucho más importante el impacto de la primera guerra. Los historiadores económicos que reconstruyeron las series de PBI per cápita encuentran una caída dramática entre 1913 y 1917, en torno a la Primera Guerra Mundial, mientras que entre 1929 y los primeros años de la década de 1930 se da una caída relevante, pero menor. Uno de los motivos de esta diferencia es que en 1913 se empezó a frenar un proceso de mucho crecimiento en países como Argentina, basado en comercio internacional e inversión extranjera, principalmente británica).
En el mundo estaba culminando la primera gran globalización, que tuvo lugar entre mediados del siglo XIX y la Primera Guerra Mundial, con las mejoras en transporte y comunicaciones, periodo en el cual llegaban enormes inversiones extranjeras a una Argentina que era un proyecto muy prometedor. Esto se empezó a frenar a partir de 1913, poco tiempo antes de la Gran Guerra. En cambio, la década de 1920 encuentra a Europa complicada en procesos de inflación y recesión, sin recursos para inversión extranjera, con altos costos de transporte, flete -que para un país alejado como Argentina es muy severo-, y con mucho proteccionismo y recelo a los socios comerciales. Todo este panorama, entre la guerra y la década del 20, hace que el impacto sobre el comercio de la crisis de 1930 sea distinto que la primera guerra mundial para Argentina; es decir, hay repercusiones serias, pero partiendo de un nivel de actividad relativamente más bajo.
La crisis del 1930, en vez de un corte brusco en inversiones jugosas como 1913-1918, fue un shock de demanda, donde se dejaron de comprar bienes que la Argentina exportaba, y su precio se desplomó.

- Alejandro Gómez: La Argentina hacia 1929 estaba totalmente recuperada. La segunda parte de la década del 20 fue muy buena desde lo económico con la presidencia de Alvear. De hecho, en 1927 se vuelve a la convertibilidad del peso con el oro, de la que se había salido en 1914 cuando estalló la guerra. Entre 1927 y 1929 la actividad económica se expandió un 20% aproximadamente. Y las reservas hacia 1929 respaldaban el 85% del circulante.
- ¿Influyó ese contexto global negativo en la caída del segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen en septiembre de 1930?
- Alejandro Gómez: Si bien el contexto económico negativo de la crisis influyó en la caída de Yrigoyen, estos no fueron los únicos, ya que también había un descontento por la falta de actividad del Congreso Nacional y por la forma cerrada que tenía el caudillo radical en llevar su gestión, limitado a un minúsculo círculo de allegados. De alguna manera la crisis económica agudizó su situación.

- El modelo económico predominante en el país en la década del 30, con un carácter más proteccionista, ¿derivó de ese crack financiero global?
- Alejandro Gómez: Cuando el comercio mundial se cierra y la mayoría de los países salen del patrón oro, Argentina no fue la excepción. Su buscaba evitar la salida de divisas. Por otra parte, como los precios de las exportaciones y el volumen de las mismas cayeron sustancialmente en esa época. Una medida que se adoptó fue el control de cambios y un aumento en los aranceles. Esto se hizo para fomentar la industria local que ya se venía desarrollando desde comienzos de siglos pero que había tomado impulso en la década del veinte.
- Darío Judzik: La Argentina de las presidencias radicales es pionera en derechos sociales; por ejemplo, con la ley de salario mínimo de mayores de 18 años que trabajen en algún servicio relacionado con el Estado de 1918, y una contundente recuperación del salario real medio entre 1918 y 1929. Después del crack de 1929, la Argentina se olvidó de la cuestión social hasta la década de 1940. La preocupación central era por exportar, que haya producción y cierta estabilidad. La situación empezó a mejorar en 1934 con el aumento del precio internacional de los bienes agrícolas que la Argentina exportaba.
- ¿Qué grado de interconexión tenía la Argentina con el resto del mundo a fines de la década del 20?
- Alejandro Gómez: La Argentina estaba totalmente integrada al mercado mundial, ya fuera por el flujo de capitales, personas, materias primas que exportaba a Europa principalmente, granos y carnes, y algunas manufacturas que exportaba en Sudamérica.
- Aunque esta crisis por la pandemia recién comienza, ¿es posible trazar algún paralelismo con aquella crisis del 29?
- Alejandro Gómez: Es difícil saber qué sucederá con esta pandemia. Sí está claro que la situación del país era mucho más sólida en la década de 1920 que en el presente. Para tener como referencia, después de la crisis del 30 Argentina fue uno de los pocos países del mundo que siguió pagando su deuda. Cuando uno mira los índices por países en aquellos años la argentina estaba entre los más prósperos en PBI per cápita. Hoy estamos muy lejos de ello y, además, en una situación crítica antes de que estallara la epidemia. Con lo cual comparado con lo que sucedió hace 90 años estamos mucho peor.

- Darío Judzkik: La crisis de 2020 tiene el potencial de ser más severa en sus efectos macroeconómicos que la Gran Depresión, aunque probablemente no lo sea. Es muy difícil aún intentar dimensionar los efectos que tendrá la actual pandemia en su freno de la producción y la actividad económica. Estamos hablando de un fuerte shock de oferta, ya que se detuvo la producción de muchos bienes y servicios por el confinamiento. Este problema fue exacerbado por un shock de demanda, porque la gente dejó de consumir muchas cosas que antes demandaba regularmente, y se detuvieron las inversiones, lo cual tendrá sin duda un efecto sobre el sendero de crecimiento futuro de la economía mundial. Pero el bagaje de experiencias y herramientas de política monetaria y fiscal contracíclica con el que contamos hoy es muy superior y mucho más complejo que el de 1930. Es más, uno de los motivos por los cuales el crash de 1929 generó una depresión y el de 2007 una importante recesión, pero con una recuperación en tiempo y forma razonable, es la diferencia en la reacción de gobiernos y bancos centrales.
Aumentar la liquidez, generar ingresos alternativos a quienes están en lucro cesante total, especialmente pymes y autónomos, subsidios a empresas para sostener el pago de salarios, quizás inclusive algún tipo de moratoria para el registro de trabajadores informales, con el propósito de generar una fuerte inclusión en el sistema de personas que suelen estar en el margen, por mencionar algunos ejes indispensables, por supuesto que tiene costo fiscal y es importante recordar que el Estado tiene una restricción presupuestaria y que no le llueven recursos. Pero todo pasa un segundo plano en circunstancias de auténtica emergencia como esta.
El premio nobel de economía Robert Lucas, uno de los economistas de Chicago que lideró el supuesto funeral de la economía keynesiana en los 70, en el contexto de la recesión de 2008 dijo: “we are all keynesians in the foxhole”, es decir, todos somos keynesianos en la trinchera. Esa cita tiene furiosa actualidad 12 años después.
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