Va, viene, barre, se pelea con un rival, le discute un fallo al árbitro, alienta a un compañero, alza los brazos para pedirle a los hinchas que se hagan sentir. Rodrigo De Paul, así como lo bautizaron sus propios compañeros en el vestuario, es el “motorcito” de la selección argentina. Asomó como una de las piezas de recambio en el ciclo de Lionel Scaloni y se asentó definitivamente en la Copa América que la Albiceleste ganó en el Maracaná el año pasado. Hoy es fundamental en el once, pero no hace mucho tuvo que soportar cuestionamientos desde varios flancos. ¿De verdad alguien creyó que su relación amorosa con Tini Stoessel lo iba a mover de su eje y nublar el sueño que tuvo desde niño?
De Paul continuó el legado familiar de su padre, Roberto, junto a sus hermanos: el fútbol. Desde pequeño se incorporó al baby fútbol del Club Social y Deportivo Belgrano, donde arrancó como arquero porque jugaba con categorías uno y dos años más grandes. Era un niño showman. La ropa y guantes le quedaban grandes, por eso despertaba las carcajadas de todos los presentes. Incluso llegaba a pedirle a su entrenador de turno que detuvieran el partido para que lo acompañara al baño. Y como andaba todo el santo día en el club peloteando, podía darle sueño en medio de un match y ahí se sentaba junto a un poste para descansar. Era el momento de la sustitución y volver a los brazos de su madre en la tribuna para una siesta.
Pretendía ser jugador de campo pero, como sabía que no tenía opción porque sus técnicos no querían exponerlo ante el físico de chicos más grandes, le tomó el gusto al arco. Al punto tal que le pidió a Mónica, su mamá, que le comprara el buzo de arquero de Carlos Lechuga Roa. Y durante un torneo relámpago que se llevó a cabo, pidió que lo presentaran por micrófono como Rodrigo “Lechuga” De Paul. “Todas las camisetas de la Selección que salían, se las quería comprar. A veces se podía y a veces no. Y cuando salían las pelotas del Mundial, tratábamos de darle el gusto si encontrábamos alguna en promoción. En los videojuegos se elegía la selección argentina, todos los pósters de su placard tenían imágenes de los jugadores de la Selección de todos los años. Era fanático. Llegó acá por su voluntad férrea, su constancia y seguridad. Mucho trabajo y sacrificio. Mucho esfuerzo, mucho soñarlo y pensarlo”, le cuenta su madre, que lo acompaña de cerquita en Qatar, a Infobae.

Alegre, inquieto, movedizo, de llevar la voz cantante. Esta es la descripción de los entrenadores de Belgrano cuando De Paul era pequeño. Pero bien puede ser una de la actualidad, ya que en los entrenamientos de la Selección es quien siempre lidera al grupo a la par de Lionel Messi. Cuenta en voz alta la cantidad de pases que se van haciendo en el loco durante la entrada en calor, es quien toma la posta para la mayoría de las bromas internas junto al Papu Gómez, uno de los primeros en levantarse para mantener vivo al grupo.
Carlos Figuera, el primer DT que tuvo Rodrigo en Belgrano, da su parecer: “El vestuario de la Selección lo cambió él. La alegría que hoy tiene Messi cada vez que se ríe, la puso él. Rodrigo es así, eso eso. Le fue a dar alegría. Y con su juego también ayudó a que cambiara la Selección. El 80 por ciento de la final contra Brasil en el Maracaná fue de él. El correr, el alma. Jugó como cuando lo hacía acá; lo teníamos que frenar para que no se chocara contra las paredes”. No es solo estado de ánimo, De Paul es juego, asociación y responsabilidad. No es un detalle menor que haya sido quien asistió a Ángel Di María para el 1-0 imborrable en tierras cariocas. Y tampoco es coincidencia que Argentina haya perdido con Arabia Saudita en el debut de Qatar 2022 con un bajo rendimiento suyo.
La carrera de Rodrigo De Paul fue en franco ascenso: Luis Zubeldía lo promovió de la Quinta División a la Primera y enseguida dio la talla para ser observado en Europa. Lo compró el Valencia de España, pero donde terminó despuntando fue en la Serie A con el Udinese. Ya habiéndose consagrado en la Selección en la Copa América, el Cholo Simeone fijó sus ojos en él y lo fichó para el Atlético de Madrid. Si bien su nivel futbolístico nunca fue superlativo desde su arribo al Colchonero, muchos lo emparentaron a su separación con Camila Holms, la madre de sus hijos, y su incipiente relación con Tini Stoessel.

Su mamá recordó que “él siempre quiso destacarse, le gustaba estar en la cancha, que lo miren, que lo aplaudan y hacerse ver”. Si hay algo que nunca le pesó a De Paul es la exposición mediática. Primero como futbolista profesional para estar a la altura de las circunstancias en compromisos de mucha envergadura; segundo para dejarse llevar por sus sentimientos y permitir enamorarse de una estrella del espectáculo con igual o aún mayor alcance con él.
A meses del Mundial y con credenciales de bastión del equipo de Scaloni, a mucho futbolero le preocupó que De Paul quedara preso de sus relaciones afectivas y se desconcentrara del objetivo que había perseguido toda su vida. ¿Sabían los usuarios en las redes y algunos panelistas de programas de espectáculos que el 7 albiceleste lloró a dúo con su mamá por videollamada cuando le comunicó que había sido convocado por primera vez a la Selección? ¿Tenía claro el argentino promedio que desde que De Paul levantó una copa para brindar por el nuevo año 2022 puso el anhelo de campeonar en Qatar por encima del resto?
“Está boludeando”, “Ahora que se puso con Tini se viene abajo él y la Selección”, “Olvidate, este pibe se cagó la carrera”. Como señalar al otro es gratuito y el anonimato de las crueles redes sociales continúa atentando contra cualquiera, De Paul tuvo que apretar los dientes y prepararse en silencio para la que es su primera Copa del Mundo como futbolista a los 28 años de edad. Vaya paradoja, desde que su novia arribó a Doha, su nivel se elevó exponencialmente y dejó atrás la pálida presentación con derrota ante los saudíes. Tini pudo haber sido una contención importante, pero igualmente Rodrigo tuvo a su familia presente en cada partido para no sentirse solo (aunque eso no tenga tanta notoriedad en los medios de comunicación).

“Cuando había más dudas que certezas, vos agarraste al primer avión y te viniste para acá, sin que te importe nada!!! Cuando muchos se bajaron o repetían boludeces, vos me agarraste la mano y me dijiste que no estaba solo”. El mensaje acompañó a una foto de Rodrigo con Tini abrazados, en un rato libre que el plantel argentino tuvo tras la inesperada caída con los árabes. Lo que no se ve, lo que no se sabe, lo que se desconoce.
Se llegó a poner en duda su participación en el encuentro frente a Países Bajos por los cuartos de final de la Copa del Mundo, por un supuesto desgarro que finalmente no fue. Es cierto que De Paul arrastra una fatiga en el isquiotibial derecho que le impidió terminar los últimos dos compromisos en cancha, algo a lo que siempre apuesta su entrenador, pero el 7 bravo no se iba a privar de faltar a una de estas citas, las que soñó toda su vida.
Como dijo su mamá, “él vive, come y respira Mundial; no piensa en otra cosa”. El tiempo le dio la razón. Hoy aquel niño fanático de la selección argentina que hubiera dado lo que fuera por jugar un Mundial, aplaude a este adulto que lo está cumpliendo.
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