(Crédito: Santiago Saferstein)
(Crédito: Santiago Saferstein)

Mientras por estos últimos días del año el movimiento de cargos y nombramientos a nivel nacional es incesante, en la Ciudad el clima político es otro y tiene que ver sin dudas con la continuidad de la gestión de Horacio Rodríguez Larreta y de muchos de sus colaboradores. Uno de ellos es Enrique Avogadro, quien tras dos años al frente del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, fue ratificado por el reelecto jefe de Gobierno al frente de la cartera. En su momento llegó al puesto luego las fallidas y cuestionadas gestiones de Darío Lopérfido y Ángel Mahler, y lo hizo con el propósito de infundirle al ministerio una relación más cercana con la cultura joven (el rediseño estético y funcional del Centro Cultural Recoleta y el Pase Cultural son dos ejemplos), articular programas con la creciente movida independiente y descentralizar la oferta cultural y llevarla a todos los barrios porteños, entre otros objetivos.

En el comienzo de esta nueva etapa, en diálogo con Infobae Cultura Avogadro reflexionó acerca de cómo es gestionar en tiempos de crisis económica y contó cuáles son los proyectos y desafíos la cartera para los próximo cuatro años y habló de cómo imagina de ahora en más el trabajo conjunto con el Ministerio de Cultura de La Nación, liderado por el cineasta Tristán Bauer.

— Estamos en un comienzo de ciclo que al mismo tiempo es una continuidad, no es común eso. ¿Qué tiene de bueno?

— Bueno, básicamente el aprendizaje. Yo valoro mucho el trabajo en equipo que hemos hecho en el Ministerio de Cultura durante estos dos años, pero hay un equipo muy profesional, que en su mayoría es preexistente. Y es algo que valoro en particular de la gestión de Horacio (Rodríguez Larreta). Los dos valores centrales tienen que ver con apostar a ese trabajo en equipo y, por otro lado, la cercanía. La nuestra es una gestión en la calle, yo estoy en la oficina prácticamente solamente una vez por semana porque el resto del tiempo o estoy en alguno de los espacios culturales públicos en la Ciudad, en una biblioteca, en un museo, o estoy visitando algún espacio cultural independiente.

Creo que en esa continuidad tenemos una oportunidad de profundizar un camino que tiene como norte claramente ampliar el acceso a la cultura. La cultura es mucho más que entretenimiento, la cultura es básicamente una herramienta para el desarrollo individual pero fundamentalmente colectivo, y Buenos Aires es una ciudad que tiene un desarrollo cultural casi único en el mundo. Y eso es producto, por un lado, de un ecosistema cultural de creadoras y creadores realmente notable pero también de una demanda, o sea, realmente la Ciudad de Buenos Aires demanda mucha cultura y eso es algo que para nosotros es una gran responsabilidad.

Enrique Avogadro, balance de gestión en los estudios de Infobae


— A su llegada al ministerio dijo que una de las ideas básicas era trasladar un poco el centro, es decir, que en términos culturales no hubiera periferia, que toda Buenos Aires fuera central. ¿Cuánto de eso se consiguió y cuánto de eso todavía es deuda?

— Bueno, como destino, lograr una igualdad absoluta de oportunidades en materia de participación cultural es una flecha en el tiempo, ¿no? Sí avanzamos muchísimo en términos de tener una cultura presente en toda la Ciudad. Incluso ahora lo medimos, creamos un área en el Ministerio que se llama Data Cultura, que sería el equivalente al SINCA, el Sistema de Información Cultural, a nivel nacional. Data Cultura lo que hace es medir información sobre participación cultural, diversidad cultural por barrio. Y aumentó muchísimo la cantidad de actividades que hacemos en toda la Ciudad. Y no solamente nosotros a través de nuestros espacios culturales o nuestros programas como el Programa Cultural en Barrios, o Arte en Barrios, o Barrios Creativos, sino sobre todo el enlace con la cultura independiente. La cultura independiente es un fenómeno muy particular de esta ciudad, de Buenos Aires. Este año hicimos un estudio que se lo encargamos a la Universidad de Tres de Febrero, pero lo financiamos nosotros desde el Ministerio de Cultura, que nos permitió caracterizar la cultura independiente de Buenos Aires. Son casi 500 espacios culturales entre salas de teatro, salas de música, centros culturales. Es decir, todos vivimos más o menos cerca de una oportunidad de participación para ver algo, una obra de teatro, una banda, pero también para tomar un curso, para ir a un debate. Con lo cual nuestro objetivo es justamente eso, lograr que no haya un centro como bien decía antes, y avanzamos mucho. Pero es uno de los temas que vamos a profundizar sin ninguna duda en estos próximos 4 años. Buscando integrar aún más no solo nuestros programas sino esta interacción con los otros actores de la cultura.

La cultura independiente fue uno de los ejes de estos años. Lanzamos una nueva ley de espacios culturales independientes, que parece un tema burocrático, pero soluciona todos los problemas que había en materia de habilitaciones, permisos. Y básicamente viene a decir: a la Ciudad de Buenos Aires le interesa que haya muchos espacios culturales independientes, acá estamos para acompañarlos. Y en esa línea, digamos, ahora lo que viene es ya no pensar en función de si es público, si es independiente, si es privado, sino pensar en una comunidad y cómo en el barrio, en la comuna, uno sabe que existe a dos, tres, cuatro cuadras de su casa la posibilidad de ir a la biblioteca pública, ir a un teatro independiente, o ir a un espacio cultural híbrido.

Nuevos espacios, inversiones y Barrios Creativos


— A partir de esta información que recién comentaba, ¿cuáles cree que son los espacios que desde el Ministerio se pueden ocupar para seguir expandiendo esta planificación, esta descentralización de la Ciudad?

— Bueno, nosotros tenemos ya una historia importante en materia de inversión en infraestructura cultural pública. Solamente para enumerar algunos de estos últimos pocos años, la puesta en valor del Teatro San Martín, que se hizo a nuevo, el Centro Cultural Recoleta, el Museo de Arte Moderno que se duplicó en tamaño. Y no solo obras grandes, sino también nuevas bibliotecas: la nueva biblioteca del parque de la estación que está en la esquina de Perón y Gallo, en Once, que es un gran ejemplo de cómo la cultura construye ciudad alrededor. Ese lugar era un descampado, los que andamos en bicicleta pasamos siempre porque tiene una bicisenda, la de Perón, no hay tantas bicisendas que vayan en esa dirección, y era un lugar por el cual antes uno pasaba medio rápido, sobre todo de tarde/noche, porque no había nada. Hoy es un gran parque público y atrás, en el viejo galpón ferroviario, hay una biblioteca que ofrece muchos servicios a la comunidad y tiene mucha actividad.

Hacia donde vamos es a seguir invirtiendo en infraestructura cultural. Estamos confirmando por un lado la obra del Teatro Alvear, que arranca el año próximo y va a estar terminado a principios del otro año, y además ya empezó la obra del cine El plata, en Mataderos. Es un viejo reclamo que recibimos de los vecinos. El cine El Plata es un espacio cultural emblemático en el barrio, le decían el Gran Rex de Mataderos. Está en obra en este momento y nuestra expectativa es que esté terminado para fines del año que viene. Además de eso vamos a seguir trabajando en las bibliotecas, en los espacios culturales, y de vuelta, no solo en nuestros espacios, sino, por ejemplo, lanzando la próxima convocatoria del programa Barrios Creativos que es un programa que estimula la conversación hacia adentro de cada barrio de todas las organizaciones culturales locales. Cada barrio piensa no sólo su identidad cultural sino una programación, y después, a través de un jurado de artistas, seleccionamos las propuestas más relevantes y esas propuestas reciben un financiamiento del Ministerio de Cultura para llevarse a cabo. El primer año el ganador fue Villa Crespo, junto con otras tres propuestas, y es un gran ejemplo de cómo no solo el propio Estado sino la comunidad organizada tiene la posibilidad de desarrollar actividades culturales con mucha presencia y mucha legitimidad en los barrios en las cuales se desarrolla.

— Está anunciando lo que va a ser la obra del Teatro Alvear. ¿Qué pasó con el Alvear, ministro? Son tantos los años que está cerrado... ¿Qué falló ahí?

— En realidad todos los años, si nosotros vemos lo que ha sido la historia reciente del Ministerio de Cultura, hay grandes obras de infraestructura que tienen, obviamente, un presupuesto relevante. La verdad es que uno lamentablemente no puede hacer todo al mismo tiempo, que es lo que nos gustaría desde ya. Si sumamos los presupuestos de todo lo que mencioné recién tenemos muchos teatros Alvear, no podíamos hacer antes el Alvear que el Teatro San Martín, que es la nave insignia del complejo teatral. Y el Alvear, por otro lado, ha tenido obra. Digamos, nosotros nos comprometimos a una primera etapa de la obra que se hizo, se terminó y se inauguró este año. Está arreglada toda la planta baja, está arreglado el primer piso, se hizo a nuevo el revestimiento, toda la fachada y un montón de temas que no son visibles como la instalación eléctrica, etcétera. Ese fue un compromiso que asumimos y se cumplió. Y así como asumimos ese compromiso nos comprometimos al año próximo terminarlo y está en nuestro presupuesto. Está aprobado, está en el Boletín Oficial y está allí la partida correspondiente.

De vuelta, hay 31 bibliotecas públicas: si uno va a la Casa de la Lectura en Villa Crespo, a la Lugones en Belgrano, a la Canela, donde está el Espacio Borges, o a la nueva del parque de la estación, va a ver bibliotecas que son impresionantes porque están todas puestas a nuevo. Ahora, el resto de la red no están actualizadas porque obviamente es un paso a paso. Nos pasa con los museos, en el Museo Sívori, el Museo de Arte Moderno, el Museo del Cine, son museos que yo estoy orgulloso, o el Museo Carlos Gardel; ahora, hay otros museos que todavía no han tenido esa etapa de renovación. Que es una etapa regular que se va haciendo a lo largo de los años porque la infraestructura cultural de esta ciudad por suerte no es de ahora. La Ciudad de Buenos Aires tiene más de 50 espacios culturales. A veces es muy visible uno de ellos, pero en paralelo se están haciendo muchísimas otras obras.

— Uno de los temas durante sus últimos 2 años fue la implementación del Pase cultural. ¿Cuál es su evaluación de eso y cómo cree que fue la respuesta de los jóvenes?

— Bueno, la verdad es que estamos muy entusiasmados. Hay que entender al pase cultural justamente en función de este desafío de ampliar el acceso a la cultura. La cultura no es solamente una experiencia estética, es una herramienta para el desarrollo y por lo tanto no da lo mismo si uno tiene una vida cultural activa que si no la tiene. Y cuanto antes la tengamos mejor. Por eso también además del pase cultural tenemos toda una programación para niños en estos próximos cuatro años que van en dirección de darle a todas las familias la posibilidad de desde muy temprano estar estimulando culturalmente a sus integrantes.

El Pase cultural es una tarjeta para estudiantes de la escuela pública secundaria en la Ciudad de Buenos Aires, que es gratuita para ellos, en donde nosotros ponemos dinero, un subsidio. Y esa plata solamente la pueden usar en cultura. Pueden comprarse libros, ir al cine, ir al teatro, escuchar música en vivo. Se lanzó en octubre del año pasado y hoy ya son 10.000 los jóvenes que están usando la tarjeta. ¿Qué están haciendo con la tarjeta?: están yendo al cine y comprándose libros mayoritariamente. En menor medida a recitales y al teatro. Hace muy poco tuve una reunión con el club del pase cultural que son chicas y chicos voluntarios de la misma edad que forman parte de este club que nos juntamos regularmente para que nos cuenten hacia dónde ir. Viene muy bien, 10.000, está por encima de la meta que nos habíamos impuesto. Y la verdad que es muy positivo y habla un poco de la demanda que hay en la juventud. Lo mismo en el Centro Cultural Recoleta, si uno va cualquier día de semana o los fines de semana ni hablar, va a ver un centro cultural en ebullición, un promedio de edad de 17, 18 años, donde efectivamente hay nuevas formas de practicar, de producir cultura, de consumir cultura. Y para nosotros es también un desafío en términos de aprendizaje. Cuando digo nosotros es quienes hacemos cultura. El pase cultural es relevante para los teatros privados también. Para quienes hacen música. Para las editoriales. Porque en definitiva es preguntarse qué quiere alguien que tiene 16, 17, 18 años, qué está demandando y cómo, en el buen sentido, engancharlo temprano. Porque uno sabe que si uno, no sé, digamos, mi hija mayor de 3 años, que lee cuentos a la noche, que va al teatro, que va a los museos, es una caja de herramientas para la vida la que está construyendo y me parece que ahí hay una gran oportunidad.

La relación con la Nación, intelectuales y artistas


— Comienza su segundo período como ministro en la Ciudad, pero ahora hay un ministro de Cultura a nivel nacional que no es de su signo político. ¿Cómo se imagina que va a ser la relación entre de la Ciudad y Nación en el área de Cultura?

— Bueno, nuestra expectativa obviamente es de trabajo de mucha colaboración, con diálogo. Ya lo dijo Horacio Rodríguez Larreta, si a Alberto Fernández le va bien, a todos nos va a ir bien. Y esa es la expectativa con la cual estamos encarando este nuevo período. En lo personal, en cuanto fue nombrado Tristán Bauer nuevo ministro de Cultura le mandé una felicitación, inmediatamente me contestó muy cordialmente y quedamos en vernos ni bien se instalara. Para mí es más fácil la continuidad, pero todo el mundo sabe, porque me ha tocado a mí también, que cuando llegas tenés un tiempo hasta que acomodas el equipo, definís los planes. Así que la expectativa es que a través del diálogo podamos seguir trabajando para ampliar justamente la participación cultural, en nuestro caso en la Ciudad, pero también en lo que podamos contribuir a nivel nacional con mucho gusto.

— Una pregunta que no tiene que ver estrictamente con su gestión sino más bien con su mirada sobre la cultura y sobre los que hacen cultura. ¿Por qué piensa que hay tantos pocos intelectuales o artistas que se hayan reconocido en términos de ideas con el partido y con las ideas que usted expresa? ¿Por qué piensa que no terminó de haber una sintonía entre artistas, intelectuales y gente de la cultura con el macrismo?

— Me cuesta un poco interpretar justamente las opiniones de cada uno. Lo que sí puedo plantear es que nosotros tenemos una agenda de cercanía y de diálogo constante. Y hablo en plural porque no solo yo me junto todos los días con algún artista, con alguna o algún intelectual. No son encuentros públicos porque justamente no estoy buscando una foto, digamos, una selfie, sino que lo que pretendo es que como ministro de Cultura todo el mundo entienda que yo trabajo para ellos, o sea, para quienes hacen cultura y obviamente para la ciudadanía en general. Y encuentro siempre una apertura absoluta al diálogo, no hay una sola persona en estos dos años que me haya dicho que no a “juntémonos, charlemos, dejame que no solo te cuente en qué andamos, me interesa que sepas qué herramientas tenés". No sé, por ejemplo, Mecenazgo, que es un sistema que hemos reformado, hay una nueva ley de participación cultural, este año tuvo más de mil proyectos apoyados por la Ciudad de Buenos Aires. Y en esos mil proyectos está prácticamente toda la cultura y la intelectualidad participando con un proyecto que recibe apoyo económico para ser realidad. Y que de otra manera difícilmente se podría hacer. Entonces mi sensación es que en la medida que uno tiene ese espacio de diálogo el espacio aparece, con lo cual nuestra expectativa a futuro es continuarlo.

— Usted recién nombró Mecenazgo. En la primera entrevista que realizó apenas asumió al cargo había comentado que uno de sus objetivos era no plantear el Mecenazgo sino poner de moda la inversión privada en cultura. ¿Pudo avanzar con ese objetivo?

— Entiendo que sí. Por supuesto es un desafío de largo plazo, porque de lo que estamos hablando es que, en una ciudad como Buenos Aires, con tanta producción cultural, las empresas tengan lo que nosotros llamamos la responsabilidad cultural empresaria. Si sos una empresa en la Ciudad de Buenos Aires, por supuesto que no te vamos a obligar, pero sería muy bueno que tuvieras algún tipo de participación en el campo cultural. Esto pasa en otras ciudades y en otros países, y no solamente en países que uno puede imaginar, no sé, Estados Unidos, Europa, sino en Brasil, en Colombia, en México, donde uno ve que hay una participación activa de las empresas acompañando a la cultura. Que, por supuesto, esto no puede reemplazar a la inversión pública, sino que es un complemento.

En la nueva Ley de Mecenazgo aumentó fuertemente el presupuesto, un 80% desde el 2019 comparado con el 2018, por eso pudimos apoyar más de mil proyectos. Ahora la expectativa está en que los proyectos que seleccionamos encuentren un acompañamiento de parte de las empresas. Básicamente lo que tiene la Ciudad de Buenos Aires en esta ley es que parte de lo que las empresas pagan en impuestos locales, en Ingresos Brutos, lo pueden derivar a apoyar proyectos culturales. La expectativa es positiva. Nosotros también generamos toda una serie de puentes que no existían, hacemos encuentros entre empresas y proyectos. Creamos un catálogo, hoy está en internet toda la información de los proyectos seleccionados con sus montos. Esto tiene que ver también con la transparencia, por supuesto. Y la verdad que, digo, más allá del contexto, que puede ser un poco más complejo, mi expectativa es positiva porque acompañar a la cultura también es una oportunidad para las empresas.

Entrevista a Enrique Avogadro: El momento económico y los desafíos


— Venimos viviendo momentos difíciles en términos económicos. A la hora de prensar el presupuesto para Cultura, ¿qué se imagina, que va a ser un año pobre?

— En realidad nosotros tenemos el presupuesto que necesitamos para gestionar, que ha tenido aumentos a lo largo del tiempo, de hecho, el año pasado fue un aumento incluso por encima de la media del aumento general. Claramente, siempre la situación que uno atraviesa, atraviesa la planificación. Ahora mismo estamos lanzando la programación de verano en la Ciudad. Es una programación muy potente. Más del 90% de las actividades son completamente gratuitas. Lo que buscamos es que no solo los turistas del resto del mundo y del resto del país sino las personas que estamos acá en la Ciudad, que o no nos vamos de vacaciones o nos vamos más tarde, o nada, uno se toma por ahí una semana o dos, que tengamos oportunidades para vivir la cultura en la Ciudad en el espacio público, tenemos actividades en los parques, tenemos también grandes eventos que hemos recuperado como el caso del FIBA, el Festival Internacional de Buenos Aires, que hoy es un festival de verano porque se hace a fines de enero con una gran maratón en la calle. En fin, tenemos toda una serie de actividades que justamente atienden y apuntan a estar cerca de las personas cuando más lo necesitan y a que la cultura sea también un elemento en términos de creación de ciudadanía. Nuestro Ministerio organiza en forma directa más de 300 actividades por semana, no todas son grandes eventos, festivales, por ahí es la presentación de un libro, una banda que toca en un centro cultural en un barrio. Pero estamos muy cerca. Y muy cerca en toda la Ciudad. Y tenemos programas nuevos como el Pase cultural pero también el PCB, el Programa Cultural en Barrios, cumplió 35 años este año. Es un programa que creó en su momento Pacho O’Donnell, de hecho, lo invitamos a Pacho a la celebración y trajo un video de la época, estaba todo el mundo ochentoso en el video, y para nosotros es un orgullo que un programa de esas características, que capacita gratuitamente en oficios culturales a personas de toda la Ciudad, se mantenga. Es una tarea constante y obviamente, entendiendo que la cultura es una herramienta para el desarrollo ahí estamos más que nunca.

— Más allá de las cuestiones económicas, ¿cuáles son los desafíos que encuentran dentro del Ministerio para poder seguir con la tarea?

— Mirá, nuestros desafíos tienen que ver con profundizar este proceso de mejorar de la infraestructura, que no son solo nuestros equipamientos, tenemos una mirada también de grandes proyectos de desarrollo cultural en la Ciudad. Te doy dos ejemplos: Abasto Cultural, que es un programa que vamos a lanzar a fines de enero y durante el FIBA. Es cómo trabajar en ese barrio, que es el barrio emblemático de la cultura independiente, en conjunto con los actores de la cultura independiente. El otro día hicimos una reunión en el Camarín de las Musas, que es un teatro del barrio, y eran más de 30 los espacios que estaban en las mesas de trabajo, para que todo el barrio tenga más circulación, una señalética específica vinculada al tema, una programación común varias veces al año.

Lo mismo con el casco histórico. Otro de los grandes proyectos que vamos a tener estos próximos cuatro años, que de hecho fue una de las promesas de campaña de Horacio, es recuperar, poner en valor el casco histórico de la Ciudad de Buenos Aires no solo desde el punto de vista edilicio, como han hecho otras grandes capitales incluso de la región, y en esto estamos trabajando con UNESCO, sino fundamentalmente desde el punto de vista del contenido. El alma de la historia de esta ciudad está en ese casco histórico, pero los actores son actores actuales, entonces es trabajar en un proceso participativo con todos ellos para que este proyecto, que efectivamente va a ser una inversión física porque se van a mejorar calles, fachadas, se van a proponer actividades, se haga en conjunto con ellos.

Después tenemos otro desafío que es seguir sacando la cultura a la calle, en el sentido de tomar el espacio público a través de la cultura. No hay mejor constructor de ciudadanía que la gente en la calle en una actividad cultural, porque somos todos iguales en ese espacio. Y tenemos ahí una oportunidad de vivir ese espacio público en la Ciudad a través de la cultura.

Y el tercero para mí tiene que ver con hacer de la Ciudad, seguir haciendo, en todo caso consolidarla como un terreno muy fértil para que artistas de distintas disciplinas puedan desarrollar sus proyectos. Para eso todas las líneas de fomento que tenemos. Todo el apoyo que damos a la cultura independiente. Y un énfasis también en industrias culturales y creativas como la industria audiovisual. Trabajamos mucho, por ejemplo, desde Mecenazgo se apoya, no es solo el INCAA el que brinda apoyo económico, hay una cantidad muy grande de películas argentinas que se hacen gracias a Mecenazgo. Nosotros tenemos un programa que acompaña estrenos de películas nacionales. Hoy a una película nacional le cuesta mucho llamar la atención. Entonces le hacemos el estreno por ahí en el 25 de Mayo, que es un gran teatro que tenemos en Villa Urquiza. Alfombra roja, los invitados, la prensa. Porque entendemos que hay que darle envión al cine argentino. Creamos un circuito de cine en los barrios, porque si no atentamos contra la diversidad. Si solamente podemos ver, que está muy bien, películas de blockbuster que vengan de afuera, pero nos interesa que también las películas argentinas tengan la posibilidad de ser exhibidas cerca de las casas. Entonces hay todo un trabajo de apoyo a los creadores y creadoras de las industrias culturales y creativas que vamos a profundizar.

— Usted sabe que normalmente en la Argentina, y sobre todo en el área de Cultura en general, en los nombramientos aparecen grandes artistas o los grandes representantes emblemáticos de las distintas áreas, hablo de la Biblioteca Nacional, el INCAA, el Teatro Cervantes. Y hay como poca predisposición a pensar en gestores culturales. Usted viene del otro palo, usted es un gestor cultural. Me gustaría que nos explique cuál es la ventaja de estudiar para ser un gestor cultural.

— Yo diría que antes de gestor cultural soy un gestor público, mi vocación es pública desde que tengo memoria, digamos. Y de hecho estudié para eso, tengo hasta una maestría en administración y políticas públicas. La administración del Estado, como todo, requiere de un saber específico y básicamente los años, la experiencia, en general el Estado, sobre todo en Argentina, uno aprende a través de los desafíos que van apareciendo. No sabés hacer algo hasta que te aparece eso como problema, lo encarás, lo solucionás, y ya la vez siguiente lo sabés hacer. Entonces creo que hay un desafío para las personas que no vienen de la gestión pública en aprender muy rápido todo eso. Por supuesto que se puede hacer, no es excluyente. Pero es un desafío y en todo caso hay que rodearse muy bien de gente que tenga ese aprendizaje.

En materia de gestión cultural específica yo creo que un desafío tiene que ver con la endogamia. O sea, la cultura muchas veces se habla a sí misma. Si entre gente que somos del campo cultural, en un sentido amplio, preguntamos si la cultura es importante todos vamos a decir que sí. Yo siento que tenemos un desafío que es trascender esos límites, interpelarnos a nosotros mismos y pensar cómo la cultura le habla a la gente de a pie en general, donde claramente es importante, pero necesitamos que sea reconocida esa importancia. Y la gestión cultural pública, o la gestión cultural, es básicamente el saber gestionar espacios o programas culturales que también, más allá de su temática específica, tiene sus particularidades, porque, digo, pasa mucho, por ejemplo, en los grandes espacios escénicos, en Argentina lamentablemente no está tan recorrido este camino, pero en otros países uno encuentra que hay una dirección artística con un perfil claramente artístico y después una dirección más técnica, general, administrativa, llamémosla como queramos, pero que se ocupa de que efectivamente se puedan abrir las puertas, que funcione todo. Que haya un funcionamiento general. En mi caso es un aprendizaje constante. No hay mucha literatura, ni siquiera en español, o en castellano. Entonces todo el tiempo estoy buscando información sobre buenas prácticas, intercambiando información también con lo que sucede en otros países.

Ser ministro de Cultura de Buenos Aires es también una responsabilidad porque lo miran a uno, o miran la gestión, como un ejemplo para otros países. El caso del Pase cultural, por ejemplo, y otros programas son buenas prácticas que otros países o ciudades nos están pidiendo. Este año, por ejemplo, hicimos la Cumbre de Ciudades Culturales, donde tuvimos más de cien ciudades de todo el planeta que vinieron a la Ciudad de Buenos Aires a discutir sobre gestión cultural. Y les interesaba mucho llevarse buenas prácticas de la Ciudad de Buenos Aires.

(Crédito: Santiago Saferstein)
(Crédito: Santiago Saferstein)

— ¿Pero cómo se hace en un país pobre y con tantas urgencias, en un país que todavía tiene por delante un trecho durísimo para superar eso, para seguir pensando que la cultura sigue siendo un tema urgente?

— Porque la cultura, al igual que la educación, están en la base de toda esa pirámide. No hay desarrollo posible si no es con una inversión fuerte en cultura y en educación. Porque además la cultura es nuestro sustrato común, construimos nuestra identidad no solo individual sino fundamentalmente colectiva a través de la cultura. Y desde ahí una autoestima que también es colectiva. Uno se puede vincular con el otro en la medida que sabe quién es. Y puede ver al otro no como una amenaza, porque es diferente, sino como una oportunidad porque es diferente. Más en un país que ha tenido justamente una historia que es la historia de la diversidad. Y no solamente por la migración del resto del mundo, histórica y reciente, por ejemplo, de los países de la región, sino también por las migraciones internas o hasta incluso precolombinas digamos. Entonces creo que tenemos una oportunidad ahí y me parece que es más importante que nunca. Y muchos de los problemas, para no centrarlo exclusivamente en la Argentina, de los problemas que uno está viendo a nivel global en términos de las emergencias, por un tema que usted conoce muy bien, de populismos de derecha o de izquierda, tienen que ver con el miedo como concepto y el miedo es un concepto al cual uno lo puede enfrentar desde la cultura, para mí. No solamente, pero claramente es un elemento central que nos va a permitir pensarnos como parte de una casa común, incluso a nivel global, y no encerrados en algún rasgo que nos define por oposición a los demás.

— Ya lleva un año del Consejo Cultural, ¿cuál ha sido el valor que ha encontrado dentro de este grupo de especialistas para el Ministerio?

— El Consejo Cultural es una iniciativa muy novedosa, de hecho, hay muy pocas experiencias a nivel internacional. Básicamente es una invitación a referentes de la cultura de distintas disciplinas a que de manera ad honorem, voluntaria, colaboren con la gestión en reflexionar sobre los grandes desafíos que tiene la gestión cultural en la Ciudad de Buenos Aires. Todos vienen a título personal, no representando a una institución, y obviamente no representan a ningún espacio político. Ni se les pregunta digamos cuáles son sus preferencias políticas. Lo que se les pide es que se junten a pensar cuáles son estos grandes desafíos. Lo preside Jorge Telerman, que es además el director del Complejo Teatral. Y básicamente con Jorge lo que tenemos es la posibilidad de tener a estas treinta personas, es un número que ronda los treinta, porque hemos tenido alguna baja por gente que se fue a vivir afuera y alguno que estamos sumando, que realmente nos da un panorama muy amplio, muy rico, del campo cultural actual, muy contemporáneo, con posiciones muchas veces muy divergentes entre sí, pero lo interesante es que llegan siempre a un consenso. Y después, como experiencia nueva, fuimos probando, en realidad tiene dos años ya el Consejo, fuimos iterando, fuimos probando distintas alternativas, y este año diría que se estabilizó en el formato con el cual presentamos recientemente la publicación de fin de año que es básicamente elegir una serie de ejes de la gestión que son relevantes pero con una mirada de mediano y largo plazo y hacer una serie de recomendaciones que son muy concretas, muy prácticas, y que nos interpelan a nosotros como gestión. El Consejo le presenta al Ministerio de Cultura recomendaciones, en este caso en tres ejes que tienen que ver con cultura y género, cultura y espacio público, y cultura y ciencia. En torno a estos tres ejes hay recomendaciones muy específicas para aplicar a la gestión y el compromiso de la gestión es a principios del año que viene en la primera reunión del Consejo cuando arranque el año, febrero, hacer una devolución diciendo bueno, en el 2020 de todo lo que ustedes propusieron vamos a poder desarrollar esto, esto lo haremos en el mediano plazo, y esto no se va a poder hacer porque no se ajusta a lo que es la gestión pública.

Pero yo destaco mucho la vocación de participación. De debate robusto. De integración de un Consejo que es multidisciplinario. Y de algo que me parece muy saludable que es finalmente son todas personas muy reconocidas, que, digamos, podrían ser criticadas por estar acompañando a un gobierno que quizás alguno de ellos no votó, o muchos de ellos quizás no lo votaron puntualmente en la elección, pero me parece necesario y valiente que existan espacios de participación y no solo en el campo cultural. No es novedoso en el caso de nuestra gestión porque la verdad que toda la gestión del Gobierno de la Ciudad tiene un eje de participación de cara a los vecinos en todos los temas.

— Le hago la última y tiene más que ver también con una cuestión personal. Usted pasó algunos momentos públicos difíciles, sin embargo, no se lo ve poniéndose nervioso. ¿Qué hace cuando se pone nervioso y no lo vemos, ¿grita? ¿rompe cosas?

— En realidad hay algo como mantra, y esto es algo que repetimos mucho en la Ciudad: a mí no me gusta que me digan ministro, para empezar. A mí como que me sale, me dicen ministro y yo digo: Enrique. Pero sobre todo porque no me quiero acostumbrar a algo que uno sabe y es que en la función pública uno siempre tiene un bolsito armado con una muda y un cepillo de dientes, digamos. Porque es así, porque uno sabe que está por poco tiempo, el tiempo que dure la gestión. Y está bueno no acostumbrarse a todo lo que significa eso. Porque si no de manera involuntaria uno se va alejando de la realidad. Por eso estoy en la calle permanentemente. Por eso, ando en bicicleta, por lo menos una vez por semana voy al trabajo en bici.

Lo que hago es siempre pensar, y me pasó en alguno de los episodios que tuve que atravesar, como mantra yo pienso: vos no sos el protagonista de esta historia. O sea, realmente lo pienso y digo: no, sos un actor de reparto en una película mucho más grande que esto. Y eso hace mucho bien. Yo tengo dos hijas, la menor tiene 10 meses, con lo cual este año, que para todos los argentinos fue un año muy movido, para mí es el año en que nació mi hija menor, me emociono un poquito ahora que lo pienso, y es el año que no dormí, hace diez meses que no duermo, porque anoche se levantó a las 4 de la mañana y se acostó a las 5:30, entonces todo termina siendo un poco relativo y en mi caso mis hijas me acostumbran a que finalmente cuando llego a casa y tengo que bañar, dar de comer, tener toda la comida, ahora estoy bastante limpio, pero en general tengo la ropa llena de comida, como que te pone mucho en perspectiva eso.

Y después, yo creo mucho en el servicio público, es lo que me gusta, tengo esta vocación, y como servidor público uno tiene un estándar de responsabilidad que está por encima del resto. Entonces no hay problemas que sean ajenos, por más que uno se ve envuelto en situaciones que no quiere estar son situaciones que vienen con el cargo y no vale quejarse digamos, sino que lo que en todo caso uno dice: qué aprendimos de esto. Y como decía el libro de Kapuściński, un día más con vida. Y vas, y vas y en el medio vas aprendiendo cada día. Yo lo digo siempre, es el mejor trabajo que tuve nunca. Porque es muy divertido. O sea, muy divertido, más allá que me río mucho durante el día, porque conozco gente interesante todos los días, porque es una ciudad que tiene una producción, para los que nos gusta la cultura en general trabajar de esto es como estar en Disneylandia. La verdad que nunca estuve en Disneylandia (risas), pero como estar no sé dónde, qué sé yo, cualquier lugar que sea… Pero a lo que voy es que realmente es alucinante. Así que pensar que uno no es el protagonista y disfrutarlo, que no me parece, al revés, creo que es algo casi obligatorio pasarla bien, porque si no es como que uno está todo el día enojado y no tiene ningún sentido.


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