
Dos esmeralderos fueron asesinados en el norte de Bogotá con solo ocho meses de diferencia, en circunstancias casi idénticas. Ambos fueron víctimas de un francotirador dentro del mismo conjunto residencial, de acuerdo con información suministrada por Semana.
El primer caso ocurrió en agosto de 2024. La víctima, Juan Sebastián Aguilar, conocido como “Pedro Pechuga”, recibió un solo disparo ejecutado a distancia con un arma de largo alcance.
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El método empleado fue preciso y denota experiencia: la selección de las víctimas y la ejecución reflejan planificación y conocimientos especializados. Los hechos se inscriben dentro de una supuesta “vendetta de narcos”, como lo refieren fuentes citadas por el medio mencionado, que hablaron con los investigadores
En abril de 2025, Hernando Sánchez fue atacado en el balcón de su vivienda. En esa ocasión, el francotirador esperó durante horas en una zona boscosa de los cerros orientales, muy cerca de las residencias.

El avance de las investigaciones apunta a que el autor de los crímenes es un tirador profesional, probablemente con formación militar o policial.
El responsable habría actuado por orden de un narcotraficante, con el objetivo de ejecutar una venganza relacionada con el control de propiedades e información en el entorno criminal.
De fondo figura una disputa por el control de bienes después del regreso a Colombia de varios narcotraficantes que cumplieron condenas en Estados Unidos.
Las fuentes consultadas explicaron que los esmeralderos asesinados habían fungido como testaferros y administrado activos de narcotraficantes. El retorno de los capos desató reclamos sobre esas propiedades y una cacería de información, desembocando en actos de represalia.

En el transcurso de la investigación, se estableció que se ofreció una suma millonaria por la vida de las víctimas. Los responsables organizaron varios intentos antes de cumplir con el objetivo. La similitud en el modus operandi, el uso del francotirador y el lugar refuerzan la hipótesis mencionada.
Ambos fallecidos tenían una trayectoria relacionada históricamente al comercio de esmeraldas, aunque, en este caso, participaron en estructuras dedicadas al resguardo de bienes de narcotraficantes. Esta función los expuso a represalias de quienes, tras regresar del extranjero, pretendían retomar el control de sus posesiones e indagar sobre posibles colaboraciones con las autoridades.
La Policía Metropolitana de Bogotá y la Fiscalía General de la Nación, a través del CTI, dirigen la investigación. El comandante policial local, citado porel medio mencionado señaló que analizan el entorno inmediato, en especial la franja boscosa donde habría estado oculto el francotirador antes de disparar.
El hermetismo de la comunidad y la escasa colaboración de las familias dificultan la tarea de los investigadores, que todavía buscan pruebas y testimonios relevantes.

El terreno la ubicación exacta desde donde se efectuó el ataque, en una zona elevada y boscosa con línea de visión directa hacia la residencia de Sánchez. La densa vegetación de los cerros orientales permitió que el tirador permaneciera escondido durante horas sin ser visto hasta el disparo.
Las circunstancias en torno a los asesinatos siguen sin aclararse debido a la ausencia de datos concretos. A la fecha, no se han identificado ni capturado responsables, y las pesquisas se mueven entre hipótesis.
La Superintendencia de Vigilancia inspecciona oficinas de Seguridad Oriental en Bogotá por caso de esmeraldero asesinado
La Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada ejecutó una inspección este 18 de febrero de 2026 en las oficinas de la firma Seguridad Oriental Ltda. en el barrio Normandía, en Bogotá, una empresa ligada a la protección de minas de esmeraldas y fundada por Juan Sebastián Aguilar, conocido como ‘Pedro Pechuga’.
El operativo responde a revelaciones recientes sobre la posible infiltración de excapos y personas relacionadas con el narcotráfico en agencias de seguridad vinculadas al sector esmeraldero, según el mismo medio.

Entre los casos destacados figura Dionisio de Jesús Vera, alias el Flaco Vera, actualmente desaparecido en Guayaquil, Ecuador, quien habría trabajado para Hidra Seguridad, empresa vinculada a herederos de influyentes familias esmeralderas asociadas con Esmeraldas Santa Rosa.
Seguridad Oriental Ltda. realiza la protección de la mayoría de las firmas dedicadas a la extracción de esmeraldas, incluidas empresas internacionales.
Además, administra esquemas de seguridad para socios relacionados con descendientes de Víctor Carranza Niño, conocido como el ‘zar de las esmeraldas’.
La red de conexiones involucra, además, a Magal Seguridad, mencionada en informes de inteligencia sobre la llamada Junta Directiva del Narcotráfico, donde figura como escolta Jorge Iván González Ramírez, alias J la Firma, cuya fotografía aparece en el organigrama de esta junta, supuestamente con sede en Dubái.
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