Un mes después del ataque armado perpetrado en la base militar de Puerto Jordán, ubicada entre los municipios de Tame y Arauquita en el departamento de Arauca, el presidente Gustavo Petro visitó las instalaciones afectadas. Este ataque, ocurrido el 17 de septiembre, dejó como resultado la muerte de varios soldados y otros heridos debido al impacto de artefactos explosivos improvisados, conocidos como tatucos o cilindros, atentado que fue atribuido a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Durante su visita, el mandatario recorrió la zona afectada y sostuvo un encuentro con los soldados que permanecen en la base, en un acto simbólico de apoyo a las Fuerzas Armadas. Acompañado de altos mandos militares, Petro recorrió el lugar y se reunió con las tropas, brindando un discurso en el que reiteró el compromiso de su Gobierno con la búsqueda de la paz, pero también con la defensa del territorio.
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El corregimiento de Puerto Jordán no es ajeno a la violencia generada por los grupos armados ilegales. En los últimos meses, la región ha sido blanco de varias incursiones violentas, convirtiéndose en un foco de inestabilidad. En julio de 2024, cinco personas, entre ellas comerciantes y líderes comunitarios, fueron secuestradas en este mismo corregimiento, lo que resaltó la fragilidad de la seguridad en esta zona fronteriza con Venezuela.
El departamento de Arauca, conocido por su riqueza ganadera y petrolera, es un escenario recurrente de disputas territoriales entre el ELN y las disidencias de las Farc, vinculadas al Estado Mayor Central (EMC).
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La base militar atacada en septiembre se encuentra en un lugar estratégico dentro de Arauca, una región que ha visto cómo los frentes Domingo Laín del ELN y las disidencias compiten por el control de rutas y zonas de influencia en una frontera porosa que facilita el tráfico de armas y el contrabando. A pesar de la constante presencia de estos grupos, Arauca es un caso particular en el país, ya que es uno de los pocos departamentos en los que no hay una producción significativa de cultivos ilícitos desde hace más de una década.
Cabe recordar que, tras el ataque, las autoridades no tardaron en responder. El ministro de Defensa, Iván Velásquez, y el comandante del Ejército, general Luis Emilio Cardozo, se desplazaron hacia la región para liderar un consejo de seguridad extraordinario.
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“La fuerza pública actuará con firmeza y contundencia para restablecer la seguridad y estabilidad en esta región del país”, declaró el Ejército a través de su cuenta oficial en X. Además, resaltó que el ataque se llevó a cabo en las cercanías de una escuela que alberga a más de 300 niños, lo que representa una grave violación a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario (DIH).
Este ataque se produce en medio de la crisis que atravesaba la mesa de negociaciones entre el Gobierno y el ELN; las conversaciones, que se habían roto en mayo de 2024 por acusaciones mutuas de incumplimiento, habían permanecido estancadas desde entonces, mientras que el cese al fuego bilateral habían terminado 45 días antes del ataque.
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Debido a la severidad del ataque, el presidente informó sobre la ruptura definitiva con el ELN, destacando que, durante los dos años de su administración, dicha guerrilla había demostrado desinterés por alcanzar la paz y falta de respeto hacia la vida de civiles y soldados. Este hecho cerró definitivamente cualquier posibilidad de reanudar las conversaciones con el grupo insurgente.
En este sentido, la visita del presidente Gustavo Petro a la base militar de Puerto Jordán tiene un fuerte simbolismo político y militar. A pesar de las críticas sobre el manejo de la seguridad en el país y la dificultad en las negociaciones con el ELN, su presencia en el lugar del ataque fue un mensaje de respaldo a las Fuerzas Militares y una reafirmación de su compromiso de mantener la seguridad en las regiones más afectadas por la violencia.
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En su intervención, Petro destacó que la guerrilla había abandonado los principios que en su momento el sacerdote Camilo Torres creyó que defendían, es decir, el uso de las armas no contra el pueblo, sino en contra de la injusticia. Además, resaltó que era claro que el grupo insurgente no creía en la paz, lo que explicaba las consecuencias actuales.
Una vez en este territorio, el presidente compartió un almuerzo con los soldados como muestra de cercanía y apoyo, además del recorrido que hizo con ellos del lugar.

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