
En un evento cargado de polémica y memorias históricas, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, reflexionó sobre la presencia del ex jefe paramilitar Salvatore Mancuso durante la entrega de tierras a campesinos víctimas del conflicto armado. El Coliseo Miguel “Happy” Lora en Montería fue el escenario de este encuentro, donde el líder del país compartió palabras que evocaron el pasado, al mismo tiempo que intentaban proyectar un futuro de reconciliación.
Gustavo Petro se dirigió al público para rememorar la última vez que se encontró con Salvatore Mancuso en persona, un momento ocurrido hace casi dos décadas, en medio de un debate en el Congreso. “La última vez y primera vez que vi en físico al señor Salvatore Mancuso fue en la plenaria de la Cámara de Representantes del Congreso de la República. Estaba muy elegantemente vestido”, mencionó Petro, destacando el contraste con la situación actual y las circunstancias en que volvieron a reunirse.
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El presidente Petro recordó cómo, en aquel entonces, durante la sesión en el Congreso, Mancuso recibía una ovación significativa por parte de los senadores y representantes: “Lo aplaudían senadores y representantes a la lata, como dicen por ahí”.
Hizo evidente la complicidad que existía en ciertos sectores políticos con el paramilitarismo, por lo que no dudo en señalar una conexión entre la dirigencia del país y las fuerzas paramilitares, que fue precisamente el eje de la intervención de Petro en el Congreso, una intervención que, según sus palabras, fue censurada y es difícil de encontrar en registros oficiales.
Petro señaló que, en ese momento, se atrevió a expresar sus inquietudes sobre el acuerdo que entonces se estaba gestando con los grupos paramilitares. “Lo que dije en su momento era que no me parecía un acuerdo de paz entre enemigos, sino que más bien me parecía una alianza político-militar”, recordó. El actual mandatario describió cómo se dedicó durante esos años a investigar los nexos entre la dirigencia política del país y el paramilitarismo, fenómeno que por años asoló a Colombia y dejó un profundo impacto en la población civil.
Diecinueve años después de aquel encuentro, Petro y Mancuso se volvieron a encontrar, esta vez en un contexto completamente diferente. Durante la entrega de tierras en el marco del programa “Tierras para la reconciliación”, el jefe de Estado reflexionó sobre cómo cambió la situación tanto para él como para el exparamilitar.

“Han pasado varios años. Más o menos 17 años (...) algo así, 19 años. Y la situación para todos aquí, para usted y para mí, es completamente diferente”, expresó el presidente.
“La historia, como dijera un filósofo, fluye. En medio de sus contradicciones, pero la historia siempre fluye. Y un poco el liderazgo consiste en entender, más o menos, para dónde va”, agregó, insinuando que el liderazgo implica no solo aceptar las contradicciones del pasado, sino también guiar los procesos de cambio hacia el futuro.
El evento en Montería, donde se entregaron tierras a víctimas del conflicto armado, se convirtió en una muestra tangible de los esfuerzos del Gobierno por avanzar en la reforma agraria y la reconciliación nacional. Los terrenos entregados fueron adquiridos mediante un convenio entre el Fondo de Reparación de Víctimas y la Sociedad de Activos Especiales (SAE), y eran antiguas propiedades de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), organización liderada en su momento por Mancuso.
Sin embargo, la presencia del ex comandante paramilitar en este evento despertó diversas emociones y opiniones entre los asistentes. Entre abucheos y aplausos, la reacción de la multitud reflejó la complejidad de la reconciliación en Colombia, un país donde las heridas del conflicto armado aún están lejos de sanar completamente.
Petro continuó su discurso haciendo una analogía entre Mancuso y figuras históricas, al mencionar: “Quizás la historia de la migración italiana aquí tuvo una bifurcación como la historia misma de Italia; usted parecido (Benito) Mussolini, la verdad (...) quizás yo mismo gritando y cantando La Bella Ciao. A usted le tocó el papel de Mussolini y a mí el de La Bella Ciao”.
A su vez, invitó a al ex jefe paramilitar a abandonar su rol del pasado: “Le invito a usted a dejar el papel de Mussolini definitivamente y cantar La Bella Ciao”.
Al final de su intervención, el presidente resaltó la urgencia de buscar la paz: “Paz para que nunca más la sangre de un joven, de un viejo, de una vieja vuelva a correr por estas tierras”, instando a todos a unirse para enfrentar los desafíos actuales y futuros de la región.
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