La adicción a la marihuana es real pese a que muchos ignoran las secuelas físicas de abstinencia y dependencia psicológica

Quintin Pohl, de 17 años, se arrodilla debajo de una estatua en San Rafael High School que es muy conocida entre los fumadores de marihuana, en el norte de California. Pohl fue a un centro de rehabilitación para la adicción a la marihuana. (Pew Charitable Trusts)
Quintin Pohl, de 17 años, se arrodilla debajo de una estatua en San Rafael High School que es muy conocida entre los fumadores de marihuana, en el norte de California. Pohl fue a un centro de rehabilitación para la adicción a la marihuana. (Pew Charitable Trusts)

Desde que la mayoría de los residentes de San Rafael tienen memoria, fumar marihuana ha sido parte de la vida local. El hecho de que California legalizara la práctica en enero pasó casi inadvertido en esta ciudad tranquila a media hora hacia el norte de San Francisco, donde algunos dicen que comenzó la normalización de la cultura de la marihuana en los Estados Unidos.

Para Quintin Pohl y otros adolescentes antes que él, fumar marihuana era un rito de paso. Era toda su vida social entre los 13 y los 14 años, cuando la vida social es todo. Y aunque casi todos sus amigos consumían marihuana y parecían disfrutarla, Pohl dijo, en algún punto su consumo de marihuana dio un giro que no se esperaba: lo convirtió en adicto.

Muchos ignoran que la marihuana es adictiva. Pero en salud pública y entre los profesionales de la medicina, se trata de una enfermedad muy definida que incluye secuelas físicas de abstinencia, ansiedad y dependencia psicológica.

Y también muchos dicen que va en aumento, probablemente por la creciente potencia de plantas genéticamente modificadas y por el uso de productos concentrados, o quizás porque quienes la usan están consumiéndola más veces al día.

"La existencia de la adicción a la marihuana no debería estar sujeta a controversia", dijo David Smith, médico que ha estado tratando la adicción desde que abrió una clínica gratis en Haight-Ashbury, un barrio saturado de drogas en los sesenta. "Lo vemos diariamente. La controversia debería ser por qué parece afectar a cada vez más gente".

Aunque los estimados de la cantidad de personas que consumen marihuana varían, el gobierno federal y la industria de la marihuana tienden a coincidir en que el uso total de marihuana se ha mantenido relativamente constante en la última década. El incremento en los últimos tres años ha sido leve, a pesar del mayor acceso comercial en estados que la han legalizado.

El por ciento de personas que se hacen adictas a la marihuana –estimado en un 9% entre todos los que la consumen y en un 17% entre quienes comienzan en la adolescencia—también ha sido estable. Algunos estudios indican que una proporción aún mayor de personas desarrollan dependencia, lo cual significa que padecen síntomas de abstinencia cuando dejan de usar la droga.

La tasa estimada de adicción a la marihuana es menor que las de la cocaína y del alcohol (15%) y de la heroína (24%). A diferencia de los opiáceos y los estimulantes, la dependencia a la marihuana tiende a desarrollarse lentamente: pueden pasar meses e incluso años antes de que los síntomas empiecen a afectar la vida de la persona dependiente.

No hay informes conocidos de alguien que haya muerto de una sobredosis de marihuana ni de los síntomas de abstinencia conocidos: escalofríos, sudoraciones, ansiedad, insomnio, pérdida de apetito, náuseas e irritabilidad.

De acuerdo con Nora Volkov, directora del Instituto Nacional de Abuso de Drogas, unos 2.7 millones de estadounidenses cumplen el criterio diagnóstico para considerar a una persona dependiente de la marihuana, detrás solamente de la dependencia del alcohol.

Smith, médico de un centro de tratamiento para adolescentes, especula que la potencia de la marihuana actual está provocando una incidencia mayor de problemas en el uso de la droga.

"En aquellos tiempos en que los muchachos se sentaban a fumarse un porro, los niveles de THC que tenía la marihuana variaban entre 2% y 4%", dice Smith. "Eso es lo que la mayoría de los padres creen que tiene hoy, y por eso la sociedad considera que la marihuana es inofensiva".

Pero el cultivo selectivo está generando una potencia de 20% THC, el principal psicotrópico activo en la marihuana. En algunos casos sobrepasan el 30%.

Los concentrados y extractos de marihuana, que han venido consumiéndose mucho más en los últimos cinco años, tienen niveles de THC que van desde un 40% hasta más de 80%, según informes de la DEA.

El gobierno federal está tratando de hacerle saber a la gente que la marihuana puede ser adictiva, dijo en abril Susan Weiss, que dirige las investigaciones sobre las secuelas de la marihuana para la salud en el Instituto Nacional de Abuso de Drogas.

"Pero créanlo o no", dijo, "estamos pasando trabajo para convencer a la gente de que la adicción existe".

Eso no sorprende al vocero de la Asociación Nacional de la Industria del Cannabis, Morgan Fox.

"Es culpa de ellos", dice refiriéndose al gobierno. "Cuando la gente se da cuenta de que el gobierno federal les ha mentido durante décadas sobre los daños relativos de la marihuana, están mucho menos dispuestos a creer cualquier cosa que les digan, aunque esa información sea correcta".

Fox no discrepa del hecho de que un 9% de las personas que usan marihuana se convierten en adictos, y su organización urge a sus miembros a decirlo así en sus mensajes de mercadeo. Pero no está de acuerdo en que cepas más potentes de marihuana estén causando un incremento en la adicción. "Significa que la gente necesita consumir menos para lograr el efecto deseado", declara.

Hasta ahora ningún estudio científico ha mostrado que una marihuana más fuerte incremente las probabilidades de adicción, y amplios sectores siguen cuestionando la existencia de la adicción a la marihuana.

Pohl, en cambio, pasó una semana de puro dolor en un centro de rehabilitación: enojado, negando la realidad, sufriendo. "No pude dormir por una semana. Sufría frío, y de pronto estaba sudando. Odiaba todo", dijo. "Y entonces, una mañana, el sol me dio en la cara, y me sentí bien. Las cosas comenzaron a saber bien, a oler mejor, todo estaba como mejorado".

Durante sus seis semanas en la clínica, Pohl tomo clases intensivas con otros 10 muchachos, y habló frecuentemente con su terapeuta. Su madre pasó ocho horas por semana, en clases para padres, en comidas con su hijo y en sesión con su terapeuta para afrontar las cuestiones subyacentes que lo habían hecho automedicarse con marihuana.

Ahora Pohl muestra una sonrisa amplia cuando habla de su futuro. Luego de su graduación, planea comenzar a trabajar full time en la tienda de comestibles donde trabajó part time el año pasado.