
Hablo de mis hijos en las redes sociales. Lo hago porque estoy orgullosa de ellos y, por supuesto, porque creo que son adorables.
A veces lo hago para promover mis propios temas. Como aquel día en que subí una foto del proyecto artístico de mi hijo: la imagen de Martin Luther King Jr., uno de sus héroes. Escribió bajo su obra la siguiente frase: "Tengo un sueño, y es que el sueño de Martin Luther King se haga realidad". Lo compartí un día después de que Elizabeth Warren, al leer una carta de Coretta Scott King, provocara su veto en el Congreso. La obra de arte de mi hijo, creada unas semanas antes, me dio la esperanza de que, de hecho, la verdad aún se puede mostrar, aunque solo fuera a través de mi feed de Facebook.
¿Eso importa? ¿Estoy exagerando?
Mi hijo, que todavía está en parvulario, estará orgulloso de ver su obra de arte colgando en una de las puertas de casa. Apuesto a que cuando hable con sus abuelos por Facetime caminará hacia la cocina para enseñarles esas maravillosas palabras. Le diré que el tío Joe y la prima Sally también aman sus obras de arte. Pero es difícil que pueda comprender cuántas personas han llegado a ver su proyecto y resultaría complicado explicarle la cantidad de gente que están de acuerdo con esa frase. Él no entendería la complejidad que rodea mi decisión de compartir, ni tampoco entendería que no lo hice por Martin Luther King Jr., sino porque estaba orgullosa de todos nosotros. De hecho, su historia está muy ligada a la mía.

A medida que se vaya haciendo mayor, él descubrirá todas mis revelaciones en Internet. Si se crea una cuenta de Facebook propia o simplemente va para atrás en mi línea de tiempo, verá todas las fotos que he compartido y todas las historias que he contado. Espero que algún día aprecie este diario digital que he creado.
Las plataformas sociales añadieron una dimensión única a lo que, una vez, simplemente fue un rito de paso: crecer bajo los ojos vigilantes de los padres y abuelos. Hoy en día, los niños crecen ante una audiencia mucho más grande, llegando a la mayoría de edad estando presentes en el Facebook de sus padres. Y los niños nunca se sienten cómodos con eso. De hecho, muchos niños desean que sus padres piensen dos veces antes de compartir sus momentos más especiales en las redes sociales.
En un estudio reciente se analizó cómo los padres comparten cosas sobre sus hijos en las redes sociales. Casi dos de cada cuatro niños dijo a los investigadores que, al compartir estas cosas, sus padres le hacían sentirse avergonzados, ansiosos, preocupados o tristes. Los estudiosos también hablaron con niños cuyos padres no comparten regularmente cosas sobre ellos en las redes sociales y les preguntaron cómo se sentirían si sus padres empezaran a compartir fotos en las redes sociales. Casi la mitad dijo a los investigadores que pensaban que las imágenes les harían reaccionar negativamente. Ellos también se sentirían avergonzados, ansiosos, preocupados o tristes.

Además de mi hijo de parvulario, tengo un hijo mayor. Me pregunto cómo respondería él si le hablo sobre mis hábitos en las redes sociales. El estudio reveló que los niños de nueve años mostraban resistencia al hecho de compartir y, a los doce, esa reacción negativa aún era mayor cuando sus padres les preguntaban por subir su contenido en Internet. Los investigadores de la Universidad de Michigan han encontrado evidencias similares. Los niños quieren que los padres pidan permiso antes de compartir sus historias e imágenes en línea.
¿Qué conclusiones podemos extraer de estos hallazgos? ¿Cómo podemos utilizarlos para tomar mejor decisiones sobre el hecho de compartir cosas en el futuro?
En primer lugar, la autonomía de los padres es un principio fundamental de nuestra sociedad. En la mayoría de los casos, los padres son los mejores para tomar las decisiones de sus propias familias. Mientras que la ley podría regular el sharenting (acto de compartir), algunos sugerirían que a los padres no se les permitiera compartir cosas sobre sus hijos a través de la red. Sin embargo, hay quienes no están de acuerdo. Algunos países han aprobado leyes que limitan la información que los padres pueden compartir en línea sobre sus hijos. Francia, por ejemplo, tiene una legislación de privacidad que prohíbe a los padres esta práctica. De hecho, bajo esa normativa francesa, se ha informado que los padres podrían enfrentar demandas, multas e incluso tiempo de cárcel por publicar información personal sobre los niños en línea.

Los pequeños siempre se han sentido avergonzados por lo que los padres comparten con la familia y con los amigos, pero al compartir esa información en las redes sociales, la información permanecerá durante mucho tiempo. Los padres deberían preocuparse no solo por cómo un post podría afectar a un niño hoy en día, sino por cómo esa fotografía podría afectar a un niño de aquí a unos años. En estos momentos no veo ningún problema en el cuadro que he compartido esta mañana y no creo que tenga ningún efecto negativo. Pero otras imágenes, tareas e historias sí que podrían ser perjudiciales.
Con estos estudios y con los niños centrados en el debate, las familias se enfrentan a nuevos retos en la era digital. Nuestros pequeños necesitan saber de eso para cuando lleguen a la mayoría de edad en un mundo tan conectado como el actual.
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