Un nuevo estudio señala que el comportamiento agresivo de tu jefe lo hace sentirse miserable

Por Jena McGregor

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Cuando hablamos de alguien que tiene power trip (un término que se utiliza para decir que alguien tiene más capacidad que el resto), en realidad lo que se pretende es que se sienta bien. El jefe que manda trabajo extra justo antes del fin de semana siente que tiene cierta clase de superioridad. El gerente que grita a sus empleados obtiene algún tipo de necesidad de demostración de dominio.

Un nuevo estudio publicado por el Diario de la Academia de Administración de Estados Unidos señala que el comportamiento agresivo o el hecho de ridiculizar a los subordinados frente a otros, en realidad, los hace sentir bastante mal también.

Trevor Foulk, profesor asistente de la Universidad de Florida, que pronto se incorpora a la facultad de negocios de la Universidad de Maryland, asegura que la mayoría de los estudios sobre "poder psicológico" –que mide lo poderoso que nos sentimos- solo analiza cómo afecta a la víctima. "La historia típicamente termina ahí. Aquí estamos dando la vuelta, cuando la gente se siente poderosa tampoco se sienten mejor", añade.

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Foulk estudió a varios miembros de un MBA en lugar de hacer experimentos de laboratorio en los estudiantes de pregrado. Esos individuos ocupaban puestos de gerente reales en su día a día, como vicepresidente ejecutivo o director de operaciones. Cada día, durante dos semanas, los 108 participantes fueron rellenando tres encuestas al día. La primera, por la mañana, incluía algo que Foulk llama como "manipulación de poder" – un ejercicio destinado a que los ejecutivos se sintieran más poderosos-. Otro grupo no recibió ese tipo de formulario.

Luego por la tarde completaron otra encuesta sobre el mal comportamiento que habían estado haciendo durante el día, como gritar a un compañero, burlarse de un empleado, hacer cosas incívicas. Por último, por la noche, se les preguntó si se sentían competentes, respetados y relajados en casa.

Lo que encontraron fue lo siguiente: los que estaban preparados para sentirse más poderosos en la mañana no solo tenían un comportamiento más abusivo durante el día sino que eran más propensos a sentirse peor sobre sí mismos y menos relajados al final de la jornada. "Se sentían menos satisfechos" y tenían menos indicadores positivos sobre la competencia, la autonomía y la relación. "Normalmente pensamos en las víctimas, pero en realidad todo el mundo lo sufre", dijo.

Una excepción a la regla, según Foulk, es que los jefes que obtienen valoraciones más altas tienden a ser menos manipulables.

"Incluso cuando se sienten poderosos, son menos propensos a abusar y a ser menos uncívicos", apunta él. "Destaca la importancia de los líderes agradables, no solo para el resto de la gente, sino también para el propio líder", agregó. Esa situación, entonces, impide el ciclo de sentimientos negativos que resulta el comportamiento abusivo tanto en la víctima como en el jefe.

En otras palabras, que todo el mundo se beneficia si las compañías solo contratan a personas que son más empáticas, cooperativas, amables y que ayudan a otros. Imagínate eso.