
"Si en las noticias pronosticaban que habría tormentas eléctricas, me daba terror tener que ir a la escuela".
Odio el trueno y el rayo. Me provocan escalofríos y siento como si el mundo se fuera a terminar. He estado en la cama llorando como un niño innumerables veces, después de que comenzara a tronar el cielo.
No puedo explicar cómo o por qué me asusto tanto. Mis padres no se asustan, y yo no soy una persona miedosa; no le temo a ninguna otra cosa. Aún así, le he tenido miedo a las tormentas eléctricas desde que era una niña pequeña. No es sólo el sonido; no le temo a los fuegos artificiales, por ejemplo. Los fuegos artificiales son hechos por el hombre y podemos controlarlos. Tampoco me abruman los videos de rayos intensos; no son letales, y obviamente están en el pasado porque han sido filmados. Pero cuando los truenos y relámpagos ocurren en tiempo real, justo sobre nuestras cabeza, nos encontramos por completo en manos de la naturaleza. En ese momento, siento una profunda necesidad de estar protegida, tengo una sensación abrumadora de que algo realmente terrible podría suceder; de que podríamos ser alcanzados [por un rayo]. Y en ese momento, siento que muero un poco.
"Si en las noticia pronosticaban que habría tormentas eléctricas, me daba terror tener que ir a la escuela".
Recuerdo que acampaba con mis padres cuando era pequeña. El paisaje era montañoso y cada vez que escuchaba un trueno, lo cual sucedía con frecuencia, su eco perduraba. Cuando estás en una tienda de campaña, eso es muy impresionante. Me sentía increíblemente asustada y tenía pánico. Durante un episodio así, todo mi cuerpo se tensa, mi aliento se queda atrapado en mi pecho, y una profunda sensación de inquietud reverbera en todo mi cuerpo mientras me tapo los oídos. Lo único que me ayudaba en esas ocasiones en que acampábamos, y que aún me ayuda hoy en día en casa, era meterme en la cama y cubrirme completamente con las cobijas. Todas mis extremidades debían quedar cubiertas. Obviamente, me daba mucho calor y me sofocaba, pero no pensaba en nada de eso en el momento.
Mis padres intentaban calmarme, pero no me tranquilizaba hasta que la tormenta terminaba. Mi madre era muy comprensiva, pero mi padre no entendía por qué me daba tanto miedo. Las personas que tienen astrafobia a menudo se encuentran con una gran falta de comprensión. Pero afortunadamente nunca me hostigaron en la escuela a causa de eso, y la gente nunca hizo bromas sobre mí en las pijamadas. Tal vez porque todos sabían que realmente me asustaba mucho.
Sufrí ese terror toda mi infancia. Si en las noticia pronosticaban que habría tormentas eléctricas, me daba terror tener que ir a la escuela. Curiosamente, mi fobia disminuyó una vez que llegué a la pubertad. Pero un día, cuando estaba cuidando a unos niños, un rayo cayó sobre el transformador de su casa y mi miedo regresó con toda su fuerza. Vi esa enorme bola de fuego, muy surrealista y rápida, y oímos un fuerte estruendo. Empecé a llorar y a gritar como un bebé. Me convertí en un desastre total.
A partir de ese momento, comencé a revisar obsesivamente el clima en línea para ver si podía dormir en paz esa noche sin tener miedo. Mostré un comportamiento controlador y también evasivo: no salía de la casa sin consultar el informe meteorológico y consideraba faltar al trabajo o a clases si se esperaban tormentas eléctricas. Pasara lo que pasara, no quería estar en tránsito ni en un lugar desconocido una vez que comenzaran los truenos y relámpagos, especialmente porque los sentimientos de miedo y pánico eran completamente insoportables. Es realmente extraño estar rodeada de gente que está totalmente calmada cuando tú no lo estás. No importa si te dicen 20 veces que "te relajes" y que "nada va a pasar".
Ahora tengo 27 años y finalmente he podido superar mi miedo hasta cierto punto. Es mucho menos intenso en estos días. Fue difícil, pero pude prescindir de la ayuda de un psicólogo. Uno escucha con regularidad que la gente necesita terapia EDMR, o algo así, pero por extraño que parezca, lo superé sin ayuda de eso. No tuve ninguna experiencia traumática adicional con truenos y relámpagos, y, esta es la parte más importante, mejoré mucho al poner las cosas en perspectiva.
Ahora me digo a mí misma que estoy adentro y que estoy a salvo. Ya no me acuesto gritando en la cama. Pero aún prefiero estar tapada con una cobija cuando comienzan los truenos, y prefiero no tener ningún aparato eléctrico a mi alrededor. Todavía siento un nudo en la garganta y en el estómago. Si estoy en casa y veo un rayo a lo lejos, es muy probable que llame a mi empleador y le diga que estaré allí una vez que termine la tormenta. Si por la noche escucho una tormenta afuera, me siento cómoda con mi esposo.
A lo largo de los años, me he dado cuenta de que hablar mientras hay una tormenta eléctrica me tranquiliza. Preferiblemente si converso con alguien a quien conozco bien. Puedo manejarlo si tengo, literalmente, algo que me permita desviar mi atención de los rayos.
Publicado originalmente en VICE.com
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