
Por primera vez, los científicos han verificado empíricamente el papel de la electricidad en las habilidades de vuelo de las arañas.
En el Halloween de 1832, el naturalista Charles Darwin estaba a bordo del bergantín HMS Beagle. Ahí quedó maravillado con las arañas que habían llegado a la embarcación después de haber flotando enormes distancias oceánicas. "Atrapé algunas de las arañas aeronautas que deben haber recorrido al menos 100 kilómetros", anotó en su diario. "Qué inexplicable es la causa que induce a estos pequeños insectos, que ahora se aprecia en ambos hemisferios, a emprender sus excursiones aéreas".
Las arañas pequeñas logran volar apuntando sus traseros hacia el cielo y liberando unos bucles de seda para generar sustentación aérea. Darwin pensó que la electricidad podría estar involucrada en este proceso cuando notó que los soportes de seda de la araña parecían repelerse entre sí con fuerza electrostática, pero muchos científicos asumieron que los arácnidos, conocidos como arañas aeronautas o "balloning", simplemente navegaban en el viento como un parapentes. Sin embargo, la explicación de la energía eólica no ha sido capaz de explicar los avistamientos de arañas lanzándose rápidamente al aire, incluso cuando los vientos son suaves.
Ahora, se ha determinado empíricamente que estas excursiones aéreas en gran medida son impulsadas por la electricidad, según una nueva investigación publicada en Current Biology. El estudio dirigido por Erica Morley, una biofísica sensorial de la Universidad de Bristol, resuelve el antiguo debate sobre si la energía eólica o las fuerzas electrostáticas son responsables de la locomoción de la araña aeronauta.
"La dispersión es una parte crucial de la ecología y el vuelo arácnido es un modo de dispersión", me dijo Morley en un correo electrónico. "Si podemos comprender mejor cómo funciona esto y los mecanismos que lo respaldan, podemos comprender mejor los patrones de dispersión de las arañas y otros animales que vuelan del mismo modo".
En la última década, las dudas sobre la explicación de la energía eólica para el vuelo de los arácnidos incrementaron junto con los avistamientos de arañas que se lanzan cuando el viento no sopla lo suficientemente fuerte como para elevarlas incluso unos pocos metros, y mucho menos miles de kilómetros. Estos insectos también pueden alcanzar grandes altitudes, a veces cinco kilómetros sobre la superficie de la Tierra, lo cual sería difícil de lograr sólo con las corrientes de aire térmico.
En 2013, Peter Gorham, físico de la Universidad de Hawai, calculó que era teóricamente posible para las arañas usar su seda para conducir la electricidad estática como un medio para volar, pero el equipo de Morley es el primero en confirmar esto en el laboratorio.
Morley y su equipo colocaron arañas linífidos en un campo eléctrico controlado en el laboratorio con cargas similares a la atmósfera de la Tierra, por lo que el grupo pudo observar directamente el impacto de la electricidad en el vuelo de los arácnidos. Las arañas ascendieron en el aire cuando los campos eléctricos estaban presentes, y descendieron cuando el equipo los apagó, lo que demuestra una clara correlación entre las fuerzas electrostáticas y la capacidad de vuelo.
El viento también juega un papel importante en los desplazamientos de las arañas, pero el nuevo documento establece que los lanzamientos rápidos, incluso con poco viento, tienen su explicación en la seda de araña eléctricamente conductiva. Morley espera ampliar este hallazgo estudiando a otros insectos que vuelan con este mismo mecanismo, como las orugas y los ácaros, que pueden arrojar luz sobre los increíbles vuelos y la distribución mundial de estos pequeños insectos voladores.
Casi dos siglos después de que Darwin notara la extraña repulsión entre los hilos de la araña, su corazonada sobre un impulso eléctrico detrás del vuelo de las arañas ha sido probada.
Publicado originalmente en VICE.com
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