Reseña de 'Michael': un filme biográfico que ignora los problemas de Michael Jackson

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El filme presenta una serie de piezas musicales, como un álbum de grandes éxitos, que se repiten con notas falsas, resultando insultantes tanto para el público como para el personaje.

Claro que sus canciones son geniales. Por supuesto que baila de forma sublime. Podrías pensar que ese es el objetivo de Michael: pasar un par de horas disfrutando de una sucesión de éxitos espectaculares, deleitándote con el talento trascendental del Rey del Pop, desde sus días al frente de los Jackson 5 hasta… bueno, hasta la interpretación de Bad en el estadio londinense de Wembley.

Pero ese nunca fue el objetivo de esta película, y eso está más claro que el agua.

Casi al principio de Michael, del director Antoine Fuqua, Jackson, de 10 años y en camino al estrellato (interpretado en esa etapa por Juliano Valdi), recibe el consejo del fundador de Motown, Berry Gordy (encarnado por Larenz Tate), de decir que tiene 8 años. "En este negocio puedes inventarte casi cualquier cosa", le dice Gordy. Quizás esa frase introdujo un tema en algún borrador anterior del guion de John Logan; la versión inicial de la película, producida por los albaceas de Jackson, utilizaba como recurso de encuadre las acusaciones de 1993 de abuso sexual infantil contra el cantante, con el objetivo de exonerarlo de esos cargos. Implícitamente, eso sugeriría que dichas acusaciones --y, por extensión, las posteriores-- también eran inventadas.

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De hecho, rodaron esa versión de la película. Luego, los abogados de los albaceas de la herencia se dieron cuenta de que las condiciones del acuerdo con el acusador les prohibían lanzarla. Así que esta versión de Michael es una película que tuvo que ser reescrita y volver a rodarse, con un nuevo tercer acto y una nueva esencia. Ahora es una historia inspiradora sobre el triunfo de Jackson sobre su padre, Joe Jackson (interpretado con rudeza por Colman Domingo). En la película se nota ese revuelo de última hora, sobre todo en las torpes escenas finales. Ahora es un estudio de caso sobre un joven que se diferencia de su familia originaria, envuelto en un cuento de hadas, con un final feliz.

Y es un filme biográfico musical estándar, tan familiar que puedes imaginarlo mientras duermes. Empieza con el primer plano de la estrella --de espaldas, por supuesto-- caminando por un pasillo hacia un escenario, desde el que se oyen los gritos del público. El protagonista se detiene un momento mientras las luces se vuelven más brillantes. A continuación, retrocede a su infancia, en Gary, Indiana, donde vive en una pequeña casa con su autoritario padre, su madre, Katherine (Nia Long), sus hermanos Jermaine (Jayden Harville), Marlon (Jaylen Lyndon Hunter), Tito (Judah Edwards) y Jackie (Nathaniel Logan McIntyre), y su hermana LaToya (Amaya Mendoza). (El hermano de Jackson, Randy, y las hermanas Rebbie y Janet, los tres hermanos Jackson que no son productores ejecutivos de la película, curiosamente, tampoco aparecen en ella).

Puedes ver cómo Joe impulsa a sus hijos sin descanso para que actúen, azotando a Michael con su cinturón cuando no es perfecto. Ves cómo se convierten en estrellas. Miras cómo crecen, pero se quedan en la ahora palaciega casa de Joe Jackson. (Jamal Henderson, Tre' Horton, Rhyan Hill y Joseph David-Jones interpretan a los hermanos como adultos, mientras que Jessica Sula interpreta a LaToya de mayor).

Ves cómo Michael (interpretado ahora por Jaafar Jackson, hijo de Jermaine Jackson) lucha por encontrar su lugar en el mundo. Dotado de un talento inmenso, pero convencido de que no es como los demás, solo cuenta con su madre, su guardaespaldas, Bill (KeiLyn Durrel Jones) y, con el tiempo, su abogado, John Branca (Miles Teller). (Branca también es uno de los productores de la película).

Luego la película se vuelve sensiblera y extrañamente vaga. Michael tiene algo de lo que hace atractivas este tipo de películas --canciones espectaculares, recreaciones de presentaciones legendarias--, pero carece de ciertos elementos cruciales, como el momento en que el artista en apuros por fin logra que la canción funcione. Este Michael llega casi totalmente formado, y sus canciones se producen aparentemente sin problemas. Lo más difícil que tiene que hacer, fuera de su núcleo familiar, es averiguar qué canción tiene el mejor título, o conseguir que MTV ponga "Billie Jean", lo que en realidad solo requiere una llamada telefónica.

Michael presenta a su protagonista como una especie de ángel de otro mundo que, cuando actúa de forma extraña, lo hace porque ha sido incitado por su padre. Consigue un chimpancé, Bubbles, para que sea su amigo, pero quizá también para proteger a Michael del mal genio de Joe. Cuando se hace la cirugía plástica en la nariz, es porque Joe le ha hecho creer que tiene que ser perfecto, o porque su nariz se parece demasiado a la de Joe. Quiere ser la mayor estrella del mundo, pero parece totalmente libre de ego: lo que pasa es que el estrellato es su forma de escapar del control de Joe.

Y, por supuesto, Michael nunca pudo ser un niño, en realidad, porque Joe se lo arrebató. Así que, como adulto, siempre está en busca de niños. Pero la película sabe lo que pensarás, al instante, sobre eso. Así que hay muchas escenas --muchísimas-- en las que visita a niños en hospitales para repartirles juguetes y darles ánimos, y alguien lo observa desde el umbral de una puerta, sonriendo con ternura.

Este Michael es plano, apenas humano. La hagiografía es el recurso habitual en todas las películas biográficas relacionadas con el mundo del espectáculo, tanto documentales como de ficción, lo que da a entender que el público no es capaz de aceptar ni el más mínimo indicio de que un personaje pueda no ser un santo, o al menos una víctima santa. La idea de que un ser humano --alguien que se enfada, se amarga o tiene un poco de ego-- resulta intrínsecamente más cercano, mucho más creíble y, en última instancia, más entrañable, parece pasar desapercibida para la mayoría de los cineastas.

Aquí, lo que nos queda es una serie de piezas musicales, como un álbum de grandes éxitos, interpretadas hábilmente por las estrellas --en su papel debut, Jaafar Jackson baila como si estuviera poseído por el talento de su tío--, pero encadenadas de forma repetitiva con notas falsas que resultan insultantes tanto para el público como para el personaje.

Porque, claro, cualquier vida parece un triunfo si terminas la historia justo antes de que las cosas se pongan difíciles. La película omite las cosas realmente duras que atormentaron a Jackson; su operación del cuero cabelludo tras sufrir quemaduras de tercer grado en 1984 se convierte ahora sobre todo en el motor de su éxito y su determinación de "hacer brillar mi luz, difundir el amor y la alegría, curar", pero nunca somos testigos de la adicción a los analgésicos que surgió de ella. Si no lo supieras, pensarías que Jackson, fallecido en 2009, tocó en Wembley en 1988 y nunca tuvo otro problema en su vida.

La propia película se convierte en una historia de triunfo y gloria de alguien a quien todo el mundo admiraba, en lugar de ser el intento de un patrimonio de limpiar la historia de la vida de una estrella que ha sido acusada varias veces, en términos desgarradores, de abusos sexuales a menores. Ese mismo patrimonio es la razón por la que un documental de HBO que da espacio a dos hombres que han acusado a Jackson para que cuenten su historia ha sido eliminado de su plataforma de transmisión en continuo; no puedes verlo, porque es como si no existiera.

El circo mediático de tres pistas que rodea a cada famoso nos ofrece versiones de ellos en las que podemos elegir creer. Michael pretende ofrecer una versión de Michael Jackson que, por extraño que parezca, se ajusta a lo que la versión cinematográfica de Joe Jackson quería desde el principio: un niño perfecto, un artista de primera y, desde luego, nada más que eso. En este negocio puedes inventarte casi cualquier cosa.

MichaelClasificada PG-13 por escenas en las que se golpea a un niño con un cinturón, un peligroso incendio en el escenario y algunas palabras malsonantes, sobre todo de un ejecutivo discográfico. Duración: 2 horas 7 minutos. En cines.

Alissa Wilkinson es crítica de cine del Times. Ha estado escribiendo sobre películas desde 2005.