
Las pandillas arrasaron varias comunidades el pasado fin de semana, lo que destaca los retos a los que se enfrentará la nueva Fuerza de Supresión de Pandillas, respaldada por la ONU.
Ilres Théophile, un agricultor que vive al norte de la capital de Haití, dijo que se despertó en mitad de la noche del domingo pasado con el inconfundible sonido de fuertes disparos. El Gran Grif, una temida pandilla de la zona, había advertido durante días que planeaba atacar una comunidad cercana.
Théophile huyó y cuando regresó después del amanecer encontró una carnicería en las calles. Los tres hermanos de Théophile y su hijo estaban entre los muertos. Las casas, incluida la suya, estaban en llamas. El asalto coordinado del Gran Grif contra al menos ocho pueblos de la región agrícola de Artibonite dejó hasta 70 muertos.
"Mi hijo murió con los ojos abiertos", dijo Théophile, de 55 años. "No esperábamos semejante horror".
La masacre tuvo lugar pocos días antes de la llegada de la primera oleada de una fuerza multinacional respaldada por Naciones Unidas y creada para sofocar la espiral de violencia de las pandillas que se ha apoderado de Haití durante años. Aunque se espera que la nueva Fuerza de Supresión de Pandillas adopte un enfoque más agresivo que los esfuerzos anteriores, la matanza de Artibonite puso de relieve los retos a los que se enfrentan tanto la nueva fuerza como la policía haitiana para hacer frente a los grupos fuertemente armados.
La policía, escasa de personal y mal equipada, tardó en responder a la violencia porque la pandilla había colocado barricadas, según la policía y los activistas de derechos humanos. Cuando la policía abandonó el lugar al cabo de unas horas, la pandilla regresó e incendió viviendas.
"Son terroristas; no es algo propio de una operación policial", dijo Pierre Espérance, director ejecutivo de la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos, un importante grupo de derechos humanos.
Las estimaciones sobre el número de muertos oscilan entre 42 y 70. Independientemente del recuento exacto, no se espera que la fuerza respaldada por la ONU despliegue un contingente completo de 5500 miembros hasta el otoño, lo que deja a los haitianos atrapados en el fuego cruzado de una guerra por el poder, el dinero y el territorio.
Casi 6000 personas murieron debido a la violencia de las pandillas en 2025, y más de una décima parte de la población del país, alrededor de 1,4 millones de personas, han sido desplazadas de sus hogares, según cifras de la ONU.
En 2024, llegaron agentes de policía extranjeros, en su mayoría kenianos, para respaldar a la incipiente Policía Nacional de Haití, pero no han conseguido detener los asesinatos desenfrenados. La nueva Fuerza de Supresión de Pandillas, aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU en septiembre, estará más militarizada y actuará con mayor independencia.
El año pasado, el gobierno haitiano contrató a empresas militares dirigidas por Erik Prince, un partidario de Donald Trump más conocido por haber sido propietario de Blackwater, la empresa militar privada. Un grupo de trabajo al que asesora ha llevado a cabo ataques con aviones no tripulados en las zonas metropolitanas de la capital, Puerto Príncipe, pero aún no ha capturado ni matado a ningún cabecilla de alto perfil.
Según los expertos, los contratistas privados y las fuerzas internacionales se han enfocado sobre todo en la capital, lo que ha dejado sin control a las pandillas en las zonas rurales al norte de la ciudad. Pero en los últimos meses, las pandillas parecen haberse retirado a medida que la policía ha asegurado algunas carreteras. Se esperan más operaciones antipandillas al norte de Puerto Príncipe en las próximas semanas, según una persona familiarizada con la operación que habló bajo condición de anonimato para tratar asuntos delicados.
La persona dijo que la policía parecía estar mejorando, y que la llegada de la nueva fuerza multinacional --con soldados y policías de América Latina, África y Asia-- debería reforzar el control de las autoridades sobre las zonas ya despejadas y ayudar a ampliar las operaciones.
"Las pandillas en general estaban un poco en retirada, hasta que ocurrió esto", dijo Carlos Ruiz Massieu, representante especial del secretario general de la ONU en Haití. "Aunque ha habido algunos avances en las fuerzas de seguridad, sigue habiendo problemas para mantener esos avances".
Pero los asesinatos de Artibonite pueden indicar que las pandillas están aprovechando un periodo de transición, en el que la policía keniana se marcha por etapas, mucho antes de la llegada del contingente completo respaldado por la ONU, que Ruiz dijo que incluiría soldados y policías de América Latina, África y Asia.
"Ahora hay un periodo de transición que también es bastante peligroso", dijo Bill O'Neill, experto en derechos humanos de la ONU en Haití. Predijo que las pandillas pondrían a prueba a la nueva fuerza para calibrar su poder, sobre todo antes de que alcance su fuerza máxima.
Activistas y expertos en derechos humanos dijeron que la masacre era especialmente preocupante porque, según los informes, en ella participaron grupos que se hacen llamar de autodefensa, justicieros clandestinos armados. Estos grupos, que en teoría se formaron para luchar contra las pandillas, en algunos casos son poco más que las propias pandillas. Al parecer, una persona implicada en el ataque a Artibonite habría desertado de un grupo de autodefensa para unirse a la pandilla, dijeron los expertos.
"La población de la región de Artibonite es rehén de las brigadas de autodefensa armadas y de las pandillas armadas", dijo Bertide Horace, un líder comunitario. "Las brigadas de autodefensa también están aterrorizando a la población. La ausencia del Estado en el Valle del Artibonite deja a la población a su suerte".
La violencia del domingo por la mañana comenzó hacia las 2 a. m., cuando el Gran Grif, con sede en la zona de Savien, atacó la localidad de Pon Benwa, antes de dirigirse a otras poblaciones, según un informe preliminar de la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos. Un grupo de autodefensa intentó contraatacar, pero fue superado en armamento y se vio obligado a retirarse, dijo el informe.
Los miembros de las pandillas obligaron a los residentes a levantarse de sus camas, los reunieron en patios y calles y dispararon contra decenas de ellos, dijo un alto diplomático familiarizado con los hechos pero no autorizado a hablar públicamente.
Un número indeterminado de personas desaparecieron y se presume que fueron secuestradas.
"Muchos terroristas del grupo de Savien disparaban en todas direcciones", dijo en una entrevista Kendy Jean, de 41 años, profesor que ahora trabaja como agricultor. "Y dispararon durante horas".
Dijo que la región se sentía ignorada porque la policía había concentrado sus esfuerzos en la capital. "El Estado ha abdicado completamente de sus responsabilidades", añadió. "Estamos solos".
Dijo que sus vecinos contaban entre 45 y 50 muertos. La gente perdió sus teléfonos en el caos y no sabrá si un miembro de la banda llama para pedir rescate por las personas que secuestraron, dijo.
En una declaración en X relativa a esa noche, la Policía Nacional de Haití dijo que sus operaciones estaban dando "grandes resultados", que se habían destruido cuatro barricadas de pandillas y que se había "neutralizado" a varios delincuentes.
Lyvenson Gauthier, comisario de policía de Saint Marc, que abarca las zonas que fueron golpeadas, dijo en una entrevista que la gente del pueblo había llevado hasta ahora 16 cuerpos a la morgue. Los habitantes de la región también dijeron que algunas familias habían enterrado a sus propios muertos.
"El número de casos podría ser mayor, así como el de habitantes que podrían estar desaparecidos, pero aún no podemos confirmar otros casos", dijo.
El primer ministro, Alix Didier Fils-Aimé, emitió una declaración en la que ofrecía sus condolencias y prometía actuar rápidamente contra los autores.
"La determinación del gobierno es total: restablecer el orden republicano, proteger a la población y recuperar el control del territorio nacional", dijo. "El Estado está inmerso en una dinámica de recuperación".
Théophile, cuyo hijo y hermanos murieron, dijo que el gobierno tenía que hacer más. "Desafortunadamente, el Estado haitiano no se ocupa de nosotros", dijo Théophile. "Estamos abandonados".
David C. Adams colaboró con reportería desde Miami.
Frances Robles es una reportera del Times que cubre América Latina y el Caribe. Lleva más de 25 años informando sobre la región.
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