
Esta entrega repite algunos de los puntos de su predecesora, pero reinventados con inteligencia para que siga siendo imprevisible e hilarantemente extraña.
El entretenimiento que se burla de los ricos no es del todo nuevo. Pero, por razones obvias, este minigénero ha florecido en los últimos años. Películas como Parásitos, Saltburn, Parpadea dos veces y Glass Onion, y series como White Lotus y Succession escarnecen a los ultrarricos y ofrecen al público cierto tipo de catarsis. A veces lo divertido es imaginar que estas personas son ridículas y secretamente miserables. A veces, está en ver cómo los menos privilegiados experimentan algún tipo de triunfo.
La mayoría de estas historias han sido populares, o aclamadas, o ambas cosas. Pero pocas han sido tan desquiciadas y sangrientas como Boda sangrienta (2019), en la que una recién casada llamada Grace (Samara Weaving) descubre que sus suegros, la familia Le Domas, no son unos ricachones cualquiera, sino unos satánicos chiflados cuyos antepasados, a cambio de una riqueza fabulosa, vendieron sus almas a un tipo llamado Le Bail, alias el Viejo Nick, alias el diablo. Las fiestas tradicionales de la boda consisten en jugar a juegos para honrar a ese tipo, y Grace, convertida en una prisionera, tuvo que sobrevivir a esa noche. Y así lo hizo, cubierta de la sangre de los miembros de su antigua familia. (Cuando Le Bail se disgusta, se produce una combustión espontánea).
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Boda sangrienta 2 continúa donde lo dejamos, con Grace fumando un cigarrillo en la escalera de la casa familiar, triunfante pero traumatizada. Necesita atención médica, y cuando despierta en la cama de un hospital pronto nos enteramos de cómo esta nueva entrega pretende continuar la saga. Resulta que el clan Le Domas no era más que uno de los miembros de una cábala de familias que gobiernan el mundo y adoran a Satanás, y ahora que la línea familiar ha llegado a su fin, quedando solo Grace, hay una posible vacante en el puesto de poder más alto de la cábala: la "silla". Debido a un arcano conjunto de normas, ahora todas las familias deben reunirse en una mansión palaciega para otra noche en la que van a cazar a Grace, presidida por "El abogado" (Elijah Wood), la simpática mano derecha de Le Bail, quien se asegurará de que se cumplan todas las normas.
Y así cazan, reuniéndose en la casa hereditaria de la familia Danforth, cuyo patriarca Chester Danforth (David Cronenberg) ha fallecido recientemente, entregando las riendas a sus hijos gemelos, Titus (Shawn Hatosy) y Ursula (Sarah Michelle Gellar). El jefe de cada familia solo cazará con las armas disponibles cuando su familia hizo el trato con Le Bail. Los gemelos Danforth, como primogénitos iguales, lucharán juntos. Pero otros jefes de clan tomarán las armas solos: Ignacio (Nestor Carbonell), de El Caídos; Chen Xing (Olivia Cheng), de los Wans; y Madhu (Varun Saranga), de los Rajans.
Sin embargo, la suerte quiso que Grace tuviera un familiar: su hermana, Faith (Kathryn Newton) --aquí los nombres no son muy sutiles, pues "Grace" y "Faith" significan "gracia" y "fe" en inglés, respectivamente--, de la que Grace estaba distanciada pero que figuraba como su pariente más cercano y, por tanto, apareció en el hospital. Así que Faith también se ve arrastrada a todo este lío, y empiezan los juegos.
Boda sangrienta 2 es una digna secuela, que repite algunos de los mismos puntos de su predecesora, pero reinventados con inteligencia para que siga siendo imprevisible e hilarantemente extraña. Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, que hacen películas bajo el colectivo llamado Radio Silence, vuelven a ponerse al timón de la película, consiguiendo un difícil equilibrio entre terror, comedia y, en ocasiones, auténtica crueldad y dramatismo. En colaboración con el director de fotografía Brett Jutkiewicz, crean un mundo exuberante y siniestro. Al final, se inspiran explícitamente en las primeras pinturas del Renacimiento, un movimiento que es a la vez exagerado y sorprendentemente significativo. La película funcionaría bien sin florituras como ésta, pero eso es lo que la hace tan buena.
Weaving lleva la mayor parte de la película, equilibrando una delicadeza traumatizada con una ferocidad decidida y creíble, pero Newton es una badass por derecho propio, y su llegada confiere profundidad y simpatía instantáneas a estas dos mujeres perseguidas. El resto de los personajes apenas están construidos, pero en realidad no necesitan estarlo, porque no son más que tipos: el intrigante, el cobarde, el misógino, etcétera. El más encantador es Wood como abogado del diablo; qué suerte tenemos de que últimamente haya elegido pasar tanto tiempo interpretando a tipejos raros.
Hay una tontería inherente a toda la premisa de estas películas, cocinada por los guionistas Guy Busick y R. Christopher Murphy, que oscila entre la fábula medieval y una teoría de la conspiración incómodamente plausible. Ya no es difícil creer que todas las personas más ricas y poderosas del mundo estén confabuladas, si es que alguna vez lo fue. Someterlos a todos a un antiguo pacto fáustico parece apenas metafórico.
Y aunque el humor es bobalicón --es difícil no reírse cuando la gente se agacha y corre para ponerse a cubierto porque alguien está a punto de explotar--, es una locura que parece casi frenética, de una forma que realmente funciona. Boda sangrienta era oscura, sin duda, pero hay algo más sombrío en el corazón de la secuela. Grace, quien fue una superviviente de circunstancias terribles incluso antes de que empezara todo este sinsentido, siempre ha vivido en un mundo que no estaba hecho para ayudarla a salir adelante.
Pero ahora está intentando matarla literalmente, y también a su hermana. En una larga secuencia, la violencia pasa de caricaturesca a incómodamente gráfica, y sigue avanzando; te das cuenta de que la arrogancia y la misoginia de estos horribles cazadores enfermos del alma los ha podrido por dentro más allá de toda salvación. En esta entrega, vencerlos ya no se trata tanto de devorar a los ricos, sino de impedir que devoren a los demás.
Boda sangrienta 2Clasificada R por muchos asesinatos y sangre, y muchas palabrotas. Duración: 1 hora y 48 minutos. En los cines.
Alissa Wilkinson es crítica de cine del Times. Ha estado escribiendo sobre películas desde 2005.
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